Nos vemos en Italia Capítulo 10
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Capítulo 10

Una chica alta y delgada, de cabello castaño rojizo que le caía sobre los hombros y cautelosos ojos marrones, esperaba con expresión molesta y una almohada bajo el brazo cuando Charlotte arrastró su equipaje por cinco tramos de escaleras y una serie de caminos estrechos y sinuosos hasta llegar a la villa.

Supo de inmediato que se trataba de Lilly y, al principio, creyó que la chica estaba sola, que Luca simplemente la había dejado allí junto con sus pertenencias.

Varias maletas y cajas estaban apiladas contra la pared de estuco que rodeaba la villa, cerca de la puerta, pero, un segundo después, un hombre apareció por la esquina desde la dirección opuesta con otra caja más.

—Ya has llegado —saludó en un inglés con fuerte acento mientras apilaba la caja encima de las demás.

Sloane y Julian, que habían tardado unos segundos más en llegar, ya que Julian había estado pagando al taxista y peleándose con la maleta que tenía la rueda torcida, mientras que Sloane no dejaba de parar para descansar porque no le gustaba el esfuerzo que suponía llegar a una casa construida en la ladera de un acantilado, se acercaron a ella y se detuvieron, sin duda tan sorprendidos como ella al encontrar a Luca y Lilly esperándolos allí.

¡Luca ni siquiera les había dado tiempo de entrar en la villa!

—Sí, ya he llegado. — Charlotte moderó el tono de voz para ocultar su irritación—. Tú debes de ser Luca.

Él le tendió la mano y ella la aceptó por el bien de Lilly.

Tendría unos cuarenta y cinco o cuarenta y seis años, por tanto, era más joven que su madre biológica.

No era muy alto, pero sí fibroso, bronceado y atractivo.

Con mechones plateados entremezclados en su largo cabello negro, lucía muy distinguido con una camisa blanca de lino, que se abría parcialmente en el pecho para mostrar una cadena de oro, pantalones cortos de lino color canela y zapatos de cuero.

— Ciao. —Señaló a Lilly—. Esta es tu hermana. Capisci ? Está molto entusiasta por conocerte.

—Sí, claro que lo estoy —intervino Lilly secamente—. Y estoy segura de que tú estás igual de emocionada por conocerme. ¿Quién no querría descubrir a una hermana pequeña que no sabía que tenía y que, casualmente, necesita un hogar y un tutor?

—Es intelligente —explicó él, visiblemente incómodo ante el sarcasmo—. Ya lo verás.

Lilly, desde luego, parecía mayor de lo que era.

Charlotte no esperaba encontrarse con una miniadulta ¡de doce años!

Pero no podía pensar en eso, estaba demasiado distraída y preocupada por Luca.

Quería preguntarle tantas cosas…. ¿Cómo se habían conocido Sabrina y él?

¿Cómo había sido su relación? ¿Cómo había pagado Sabrina la manutención de Lilly, y la suya propia, antes de morir?

¿Sabrina no tenía ningún seguro de vida?

¿Sabía algo sobre el padre de la niña o, ya puestos, sobre el suyo?

¿Y qué pasaba con el resto de la familia de Sabrina?

Seguramente, tenía que haber más miembros además de los que había mencionado Heidelman.

Y, sin embargo, el cuidado de Lilly recaía sobre ella, así que… quizá no.

También quería saber cómo había muerto la madre de Lilly, su madre biológica.

Pero le parecía cruel hablar con tanta naturalidad de una mujer que acababa de fallecer, dejando a una hija de doce años sola para valerse por sí misma, especialmente mientras estaban en medio de una pasarela con, presumiblemente, todas las pertenencias de la niña apiladas en cajas a su lado.

Charlotte no se atrevió a hacerlo. Había algo en los ojos de Lilly que le advertía de que la niña no confiaba fácilmente y que podía detectar a un tonto a un kilómetro de distancia, a pesar de su corta edad.

Quizás por eso no se llevaba bien con Luca. Quizás él fuera un tonto, o simplemente estaba ansioso por salir de una situación que nunca había deseado. Él y su madre no habían estado juntos mucho tiempo. Era posible que no hubieran estado tan unidos…

—Gracias por cuidar de ella hasta que he podido llegar —dijo en lugar de preguntarle nada.

—Ha sido un placer. —Luca hizo una ligera reverencia—. Y ahora tengo que volver a mi tienda de Vespa.

¿Eso era todo? ¿Iba a dejar a la niña y seguir con su vida como si Sabrina y Lilly nunca hubieran formado parte de ella?

—¿Hay alguna posibilidad de que nos veamos para tomar un café por la mañana? —preguntó Charlotte, adelantándose para detenerlo antes de que se alejara demasiado.

Él no parecía muy entusiasmado con la idea. Su primera impresión había sido correcta, decidió ella. Quería terminar con aquello, ser libre para seguir adelante con su vida y no mirar atrás. Pero después de mirar atrás, literalmente, y fijar la mirada en Lilly, pareció ablandarse.

— Perché no?

—¿Eso es un no? —preguntó ella con incertidumbre.

—Significa… eh… ¿por qué no? —tradujo Luca—. Hay una cafetería en la ciudad llamada Gym Tonic. ¿La has visto?

—No. Acabamos de llegar. No hemos visto nada.

— Está en la calle donde probablemente te dejó el taxi, junto al gimnasio. Sirven comida, café y deliciosas crepes. ¿Nos vemos allí a las diez?

— Grazie —asintió Charlotte y se volvió hacia Lilly mientras él se alejaba sin siquiera dar un abrazo a la chica que dejaba a su cuidado.

—No habría venido desde Estados Unidos si no quisiera conocerte —le aseguró a su media hermana, pero si pensaba que eso bastaría para tranquilizar a Lilly y hacerle bajar la guardia, estaba muy equivocada.

Lilly la miró con el ceño fruncido, poniéndola a prueba para ver si eso era todo lo que hacía falta para que se marchara por donde había venido, supuso Charlotte. La chica resentía su propia necesidad. Eso parecía claro.

—¿Entramos? —Julian se presentó a sí mismo y a Sloane, lo que solo provocó un ligero asentimiento por parte de Lilly.

A Charlotte se le partió el corazón cuando vio a Lilly volverse hacia todas las cajas que Luca había apilado, como si no supiera qué hacer con ellas.

—Yo me encargo de eso —murmuró Julian—. Entra con tu hermana y echa un vistazo.

Hubo un destello de alivio en los ojos de Lilly, y fue entonces cuando Charlotte se dio cuenta de que, si alguien podía ganársela, ese era Julian. Estaba muy contenta de que hubiera viajado a Italia con ella.

El hecho de ser entregada a tres completos desconocidos hizo que la chica que Julian acababa de conocer se mostrara irritable y a la defensiva.

Debía de estar aterrorizada por su futuro.

Si él no se equivocaba, su vida no había sido muy estable hasta ese momento y acababa de volverse mucho más inestable, por lo que se preparaba para más decepciones.

El hecho de que no derramara ni una lágrima cuando Luca se marchó, ni siquiera se despidiera de él, hizo que Julian respetara su fortaleza y su compostura.

Parecía que no iba a dejar que Luca, ni nadie, supiera lo mucho que le dolía su abandono.

Solo que estaba sobreactuando, lo que facilitaba adivinarlo más de lo que ella probablemente pensaba.

—Esta villa es muy bonita, ¿verdad? —observó él, acercándose a Lilly, que estaba sola al borde de la terraza, contemplando el mar.

Ella no respondió. Solo lo observó con recelo, como si no se atreviera a bajar la guardia por si acaso su amabilidad resultaba ser una trampa.

—Quiero decir —Julian insistió con una sonrisa—, que la vida podría ser peor que tener nuestra propia suite , y hay un jacuzzi con vistas al Mediterráneo.

—El Tirreno —lo corrigió ella en voz baja.

El Tirreno era parte del Mediterráneo, pero él no se molestó en explicárselo. Técnicamente, ella tenía razón. De todos modos, no era una distinción importante, sobre todo en ese momento.

—Sea lo que sea, estoy seguro de que nunca he visto una costa más hermosa, y he viajado por todo el mundo.

—¿Incluso la Antártida? —Ella lo estudió, para decidir si era creíble, pensando que lo había pillado.

—Incluso la Antártida —respondió él.

—¿Eres tan rico que viajas por todo el mundo? —Ella abrió mucho los ojos.

—No, viajo por trabajo. Soy fotógrafo paisajista. Tomo fotos de lugares hermosos como este y las vendo a revistas, páginas web y galerías. —Sacó su teléfono del bolsillo de los pantalones cortos, buscó su álbum de la Antártida y le pasó el teléfono.

—Creo que es tan bonito como lo que tenemos aquí. —Ella estudió cada foto detenidamente, hipnotizada, antes de devolverle el móvil —. Quizás incluso más bonito.

—Es un tipo de belleza completamente diferente. Todo el mundo debería verlo al menos una vez. Pero… —Señaló las casas construidas en los acantilados a derecha e izquierda—, este lugar es mucho más cómodo.

—¿Hay alguien viviendo en la Antártida?

—Solo científicos que se alojan en diversas estaciones. No hay casas ni negocios. ¿Sabías que ni siquiera los aviones pueden sobrevolar la Antártida?

—¿Por qué no? —A Lilly se le había despertado la curiosidad a pesar de su deseo de mantenerse completamente distante.

—El tiempo es demasiado impredecible.

—¿Dónde más has estado?

—Rusia, China, India. En muchos sitios.

Ella miró hacia la villa, como para asegurarse de que estaban solos. Y lo estaban. Charlotte y Sloane seguían dentro, acomodándose en sus habitaciones.

—¿Eres el novio de mi hermana?

—Solo un amigo. —Julian sacudió la cabeza.

—¿De verdad? —preguntó ella con escepticismo.

—De verdad —repitió él con una sonrisa—. Nos conocemos desde la escuela primaria. Ella es la mejor amiga de Sloane desde que tengo memoria, y Sloane es mi hermana melliza.

—¿Cómo puede ser Sloane tu melliza? Ni siquiera os parecéis, al menos no mucho.

—Los mellizos no comparten el mismo ADN.

—Qué raro. —Lilly arrugó la nariz.

—Sí, un poco. Pero también es una suerte. Al menos mis padres no se vieron tentados a llamarnos Riley y Kylie o algo así.

Eso le arrancó una pequeña sonrisa.

—O vestirnos igual —añadió él enfáticamente—. ¿Te imaginas lo que habría sido para mí ir al colegio vestido a juego con mi hermana?

—Pero ella sigue teniendo tu misma edad. —La sonrisa de Lilly se amplió, aunque a regañadientes—. ¿Te gustaba eso?

—Al principio —él bajó la voz como si le estuviera confiando un gran secreto—, la habría cambiado por un hermano sin dudarlo. Pero cuando empecé a interesarme por las chicas, sus amigas guapas venían a casa todo el tiempo, así que me sentía el chico más afortunado del colegio.

Ella soltó una carcajada antes de taparse la boca con la mano como si el sonido se le hubiera escapado a pesar de su intento por reprimirlo.

—Por aquel entonces, yo tenía mucho acné y llevaba aparato en los dientes, así que necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir —continuó él.

—Entonces, ¿es maja? —preguntó ella con incertidumbre.

—¿Mi hermana? Creo que sí. Hemos conseguido llevarnos bien a pesar de tener la misma edad. Creo que Charlotte también te gustará.

—El señor Heidelman le dijo a Luca que Charlotte está casada con una estrella de la NBA. —Lilly se agachó para rascarse el tobillo —. ¿Es cierto? —Hizo un gesto señalando a su alrededor—. ¿Por eso tiene dinero para vivir en un lugar como este?

—Los tres compartimos gastos, lo que hace que nuestro alojamiento sea un poco más asequible. Pero lo que dijo el señor Heidelman es cierto. Hasta hace un par de semanas, estaba casada con Clifford Jackson.

—¿El de los Lakers?

Él asintió.

—¿Qué pasó hace un par de semanas? —Una suave brisa le agitó el pelo mientras levantaba la cara hacia el sol.

—Se han separado. Él quiere ser libre. Y como es famoso, puedes leer todo sobre ello en Internet, lo cual, como puedes imaginar, no es muy divertido para ella.

—Debe de ser horrible —admitió Lilly.

—Lo es. En resumen, las dos estáis pasando por un momento bastante malo. Pero al final todo se arreglará.

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó ella, sorprendida ante su seguridad.

—No sé si he conocido a alguien más agradable que Charlotte. Ella se recuperará con el tiempo y, conociéndola como la conozco, sé que estará ahí para ti.

—¿Y tu hermana? —preguntó Lilly tras quedarse en silencio durante unos segundos.

—¿Qué pasa con ella?

—¿Está casada?

—Sí, con un chico llamado Ben.

—¿Dónde está él?

—En Seattle, donde viven.

—¿No ha podido venir?

—Tenía que trabajar. —Julian se inclinó hacia delante, tratando de atraer su mirada después de que ella se apartara—. ¿No te agobiamos ya bastante los tres?

—Aún no lo sé. —Ella se mordió el labio, volviendo a mostrarse preocupada.

—Estarás bien —insistió él.

La puerta se abrió antes de que ella pudiera responder y apareció Charlotte.

—Ahí estás, Lilly. Jules, pensé que estarías echando una siesta.

—¿Eso es lo que está haciendo Sloane?

—Tenía tanto jet lag que cayó rendida en la cama. Pero me dijo que la despertara cuando fuéramos a cenar.

—Sabes que aquí en Italia se come mucho más tarde, ¿verdad? —preguntó él.

—No lo sabía, pero eso nos viene bien. Así podrá descansar un poco más.

Queriendo darle a Charlotte algo de tiempo a solas con su recién descubierta hermana, él se apartó.

—Creo que yo también voy a tumbarme un rato —dijo, haciendo un gesto de ánimo a Charlotte con la cabeza mientras entraba en la casa.