Capítulo 9 #3
¿Quién iba a imaginar que eso se convertiría en un problema?
Pero así había sido. Sloane se estaba alejando de él y Ben no sabía cómo detener lo que estaba pasando.
Y si ella no era feliz con él, no quería retenerla.
Las personas cambiaban, sus necesidades y deseos cambiaban, y Ben creía firmemente en dejar que quienes le rodeaban evolucionaran y persiguieran lo que más deseaban.
¿De qué servía aferrarse demasiado? Eso mataba cualquier emoción positiva.
Lo cual no significaba que separarse no fuera a ser doloroso para él.
Había momentos en los que la idea de perder a Sloane lo golpeaba como un gancho de derecha.
Otras veces, podía ser más filosófico al respecto.
En cierto modo, entendía que, una vez que el dolor hubiera remitido, quizá estaría mejor, más feliz por haber pasado por ello, sobre todo si podía enamorarse de alguien que quisiera lo mismo que él.
Su teléfono sonó. Como solo eran las siete, supuso que sería Sloane, y así fue.
—Hola, ¿qué tal va el viaje? —le preguntó.
—Bien —respondió ella—. Esa pizzería que nos recomendaste en Nápoles es maravillosa. Ahora estamos en el tren camino de Praiano.
—Las fotos que encontré en Internet de la costa de Amalfi son preciosas. Te va a encantar.
—Eso espero.
— ¿Charlotte y Julian también llegaron bien?
—Sí. Están aquí conmigo.
—Pobre Charlotte. Lo que le espera no va a ser fácil.
—Puede que sea incluso más difícil de lo que pensábamos. El italiano que ha estado cuidando de su media hermana parece pensar que ella va a hacerse cargo desde ya mismo.
—¡Ni siquiera se conocen!
—Exacto.
—Maldita sea. —Él se levantó de la cama y fue al baño.
—No sé qué pensar —contestó Sloane— . Temo que vayamos a arrepentirnos de haber venido aquí. Quizá Charlotte hubiera estado mejor quedándose en casa, evitándose todo esto. Hace una semana ni siquiera sabía que tenía una hermana. No debería ser su responsabilidad criar a Lilly.
—Alguien tiene que hacerse cargo de la pobre chica —señaló Ben.
—Lo sé. Pero mi lealtad es hacia mi mejor amiga. Por el amor de Dios, está pasando por un divorcio. Y ahora esto…
—No es el mejor momento —admitió él—. Excepto que el divorcio es probablemente lo único que le da a Charlotte la oportunidad de que su hermana forme parte de su vida.
—Y tal vez, al final, quiera más a Lilly que a Cliff. Yo tampoco conozco a Lilly, pero ya me cae mejor —bromeó ella.
Él se rio. Sabía lo mucho que le había dolido a Sloane la traición de Charlotte, pero entendía por qué había tenido que elegir a su marido en lugar de a su mejor amiga. Al menos, ella lo había dado todo en su matrimonio. No tenía nada que lamentar, o no debería tenerlo.
—A mí tampoco me gustaba Cliff. Pero debe de ser difícil no volverse egocéntrico y narcisista en la realidad alucinante en la que se ha convertido su mundo. Es algo que muy pocas personas experimentan, por lo que es difícil decir cómo debería comportarse.
— Como de costumbre, eres demasiado amable —observó Sloane.
¿Le molestaba que él siempre viera la otra cara? A lo largo de los años, había aprendido que el mundo era mucho más matiza do para él que para la mayoría de la gente.
—Solo intento ser justo.
—Lo sé. ¿Dormiste algo anoche?
¿Qué podía decir para explicar adecuadamente lo vacía que estaba la casa sin ella? ¿Lo difícil que sería romper? Quería hacerle saber lo mucho que significaba para él, pero tampoco quería aferrarse a ella si necesitaba seguir adelante.
—Es extraño estar aquí solo. Ya te habías ido antes, pero… No sé, esta vez es diferente.
—No debería haberme ido —contestó Sloane tras un momento de silencio.
—No estoy de acuerdo. —Ya era hora. Tenían que encontrar la felicidad juntos o separarse y buscarla en otra parte.
Ella le hizo algunas preguntas sobre su trabajo.
Luego le pasó el teléfono a su hermano para que pudiera saludarlo.
Ben sabía que, si su matrimonio terminaba, sería difícil perder también a su familia.
Tenía una buena madre, pero había tenido que ocupar el lugar de su padre cuando solo tenía quince años.
Eso había cambiado tanto la dinámica en casa que anhelaba formar parte de una familia normal, y los padres de Sloane y Julian eran sin duda normales, tan americanos como la tarta de manzana.
También lo eran los de Charlotte, por cierto.
Ojalá su adopción no cambiara la unión que siempre habían compartido.
Después de hablar con Julian durante unos minutos, saludó a Charlotte y le deseó lo mejor. Si alguien podía querer a una hermana a la que nunca había conocido, esa era ella. Pero él no tenía ni idea de cómo esa hermana afectaría a su vida, si para bien o para mal…
—Te enviaré un vídeo de la villa cuando lleguemos — dijo Sloane al teléfono una vez que Charlotte se despidió.
—Espero que sea tan bonita como en las fotos.
—Yo también. Te echo de menos —añadió ella.
—Yo también te echo de menos —respondió él con sinceridad. Luego colgó y abrió el grifo de la ducha.
Temía lo que pudieran deparar las siguientes semanas. Sentía que era un momento decisivo en su matrimonio, y no tenía ni idea de cómo acabaría.