Capítulo 8
Sloane estaría fuera durante todo un mes. Rory había aceptado encargarse del negocio mientras tanto, y Ben se había mostrado sorprendentemente comprensivo con su marcha, asegurando que Charlotte la necesitaba y que él podría arreglárselas sin ella durante unas semanas, aunque la echaría de menos.
Su actitud hizo que Sloane se sintiera aún más culpable por el alivio que la invadió al pensar que tendría treinta días para ella sola en un lugar como la costa de Amalfi.
Seguramente, con el sol y el mar, el encanto y la excelente comida de Italia, la compañía de su hermano y su mejor amiga, y el tiempo para sanar y reflexionar, sería capaz de decidir qué hacer: si aceptar tener hijos o dejar a Ben para que pudiera tenerlos con otra persona.
—Te llamaré a menudo —le prometió cuando se detuvieron en la acera del Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma.
—No te sientas presionada. —Él puso el coche en punto muerto y se bajó para sacar su equipaje—. Estaré aquí siempre que quieras hablar, pero llevarás nueve horas de adelanto, así que nuestros días y nuestras noches no coincidirán. Desconecta de todo y disfruta.
—¿Lo dices en serio? — Sloane lo siguió hasta la parte trasera del coche—. ¿No me guardas rencor en secreto por marcharme a pesar del coste que eso supone?
—Has trabajado innumerables semanas de ochenta horas para intentar que A Personal Touch despegara. Creo que te vendrán bien unas vacaciones. Desde luego, no te lo tengo en cuenta.
Ben era generoso en ese sentido, otra razón por la que ella se sentía una persona horrible por siquiera plantearse el divorcio. Él también trabajaba duro, se merecía unas vacaciones tanto como ella y, sin embargo, no se quejaba, no decía: «¿Y yo qué?».
—Te lo agradezco, Ben. De verdad.
—Deja de sentirte culpable. Lo arruinarás. —Sus miradas se fundieron, y él le sonrió cálidamente.
—De acuerdo. Gracias. —Ella le devolvió la sonrisa—. Lo digo en serio.
—No hay de qué. — Él sacó su maleta y equipaje de mano de la parte trasera del todoterreno—. Julian y Charlotte irán en el mismo vuelo desde Los Ángeles, ¿verdad?
—No. No pude organizarlo. Nos reuniremos en Nápoles, pero llegarán solo unas horas después que yo, así que es casi lo mismo.
—¿Los esperarás en el aeropuerto?
—Sí. Luego tomaremos el tren a Sorrento y un autobús a Praiano.
—A la villa que encontró Charlotte… —Él sacudió la cabeza—. Es un lugar increíble.
—Quizás podrías reunirte con nosotros a finales de mes durante una semana o así. —Sloane se lo ofreció a pesar de saber que invitarlo iría en parte en contra del propósito de su viaje, pero realmente se preocupaba por él y se sentía mal por dejarlo fuera.
— Ya veremos —contestó Ben sin comprometerse.
—¿No te interesa? —Ella parpadeó al ver que él no aprovechaba la oportunidad.
—No podemos permitirnos otro billete de avión.
Además, hay mucho que hacer en el trabajo.
Hemos estado intentando contratar a alguien y pensábamos que lo habíamos conseguido, pero cuando se enteró de que estaba embarazada, renunció antes incluso de empezar, así que seguimos sin tener suficiente personal.
Además, quiero que disfrutes de este viaje solo para ti.
—Te lo agradezco —murmuró ella.
—¿Estás ilusionada? —Él le puso las manos sobre los hombros y la miró.
Ella se animó porque lo estaba, y asintió.
—Bien. — Ben la besó en los labios antes de arrastrar su equipaje hacia las amplias puertas automáticas—. Que lo pases muy bien.
—Lo haré —contestó ella y lo observó, atónita, mientras él volvía al coche y se marchaba.
¿Qué estaba pasando? Ben actuaba de forma muy… distante. Era educado y amable, pero distante. ¿Significaba eso algo? ¿Era lo mejor? Quizás estaba listo para renunciar a ella.
Sloane no tenía mucho tiempo para pensar en ello. No podía perder el vuelo, o estaría en un lío. Se quedó allí solo hasta que él desapareció de su vista. Luego llevó su equipaje al interior de la terminal. Estaba esperando para facturar cuando recibió un mensaje de texto de Julian.
Julian: ¿Has subido al avión?
Sloane: Ahora mismo estoy en el aeropuerto.
Julian: Charlotte y yo también.
Sloane: ¿Te puedes creer que realmente estemos haciendo esto?
Julian: No me puedo creer que lo estés haciendo tú. ¿Qué te dijo Ben cuando se despidió de ti?
Sloane: Que lo pasáramos bien.
Julian: Una prueba más de que es un tipo estupendo .
Sloane se sentía un poco inquieta cuando pensaba en su marido. ¿Aquello marcaría la diferencia en su matrimonio? ¿Significaría el fin?
Sloane: Lo sé .
¿Qué demonios iba a hacer? No podía divorciarse de Ben, todavía estaba enamorada de él.
Acababan de acomodarse en sus asientos del avión cuando Julian se dio cuenta de que Charlotte no dejaba de mirar su teléfono y fruncir el ceño.
—¿Es Heidelman? —le preguntó.
—No. Ya me ha enviado la información de contacto de Luca para que pueda localizarlo cuando lleguemos. Luca no me ha enviado las fotos que le pedí, pero Heidelman dice que Lilly y él esperan tener noticias nuestras cuando lleguemos a la villa.
—Tenemos un vuelo de doce horas y vamos a tener nueve horas de adelanto. Ni siquiera llegaremos hasta mañana.
— Lo sé. Le dije que sería a la hora de cenar, para poder instalarme y asearme.
—Entonces, ¿qué pasa?
Ella le enseñó un mensaje de Cliff:
¿No crees que deberíamos vernos antes de que te vayas? Quizá nos estemos precipitando al separarnos. Quizá deberíamos tomárnoslo con más calma y hablar.
—¿Se lo está replanteando?
—Supongo. La noche que me dijo que quería el divorcio no le apetecía hablar, así que algo ha cambiado.
—Parece que lo envió hace unos días. —La fecha indicaba que no era un mensaje nuevo.
—Sí. Justo después de que se hiciera viral aquella otra foto nuestra en la cafetería, que sugería que seguíamos «viéndonos».
—¿Aún no le has respondido? —Julian no pudo evitar reírse al pensar en lo fácil que había sido montar todo eso.
— No sabía qué decir. —Charlotte sacudió la cabeza—. Todavía me duele que me echara sin darme ninguna explicación. Y creo que solo me envió ese mensaje porque se siente amenazado por ti y por el hecho de que me voy del país.
—¿Sabe que nos vamos a Italia?
—Sabe que me voy yo. No le he dicho nada de ti.
—Entonces las fotos que publiquemos deberían ser divertidas.
—No sé si deberíamos seguir con eso. —Ella lo miró con escepticismo—. Creo que ya hemos ido demasiado lejos.
—¿Se puede ir demasiado lejos con un megalómano como Cliff?
— No quiero arruinar los playoffs .
—Él nunca permitiría que nada arruinara los playoffs —comentó Julian con ironía, pero levantó una mano para que ella supiera que no iba a seguir hablando de Cliff.
Sabía que la forma en que hablaba de su en breve exmarido le hacía sentir desleal—.
Si le contaste lo de Italia, ¿le contaste lo de Lilly?
—Sí. Me pidió que recogiera mis cosas de la casa, pero yo estaba demasiado ocupada preparando el viaje y necesitaba una excusa para posponerlo.
No quería verlo, no creía que fuera bueno para mi tranquilidad.
Tengo que mantener la compostura por el bien de Lilly, ¿sabes?
No puedo permitir que mis problemas personales se interpongan en las próximas semanas.
Así que le dije que su chófer llevara a casa de mis padres todo lo que me hubiera dejado y asunto concluido.
—¿Sabe que tú también fuiste adoptada?
—Lo sabe todo.
—Qué dijo?
— No mucho.
—¿Porque solo le interesan las cosas que tienen que ver con él? —dijo Julian, incapaz de contenerse.
—Básicamente, sí —admitió ella a regañadientes—. Y no sabe cómo reaccionar a que otra persona pueda llegar a significar más para mí que él. O más de lo que significaba. —Hizo un gesto con la mano—. O lo que sea.
—¿Le preocupa eso a pesar de que está intentando acabar con vuestro matrimonio?
—¿Conoces el dicho de querer sorber y soplar a la vez?
— Lo conozco bien.
—Aunque es él quien quiere romper, ha sido todo para mí durante los últimos años y no quiere que mis sentimientos cambien.
Odia la idea de perder esa seguridad. Y, sin embargo, quiere ser libre para disfrutar de su carrera como jugador de baloncesto profesional, lo que, según he comprendido, significa salir con otras mujeres.
—Espera, ¿no va a seguir adelante con el divorcio?
—No lo especificó.
—¡Entonces espero que seas tú quién le envíe los papeles!
—Quizás algún día lo haga. —Charlotte suspiró y bajó la voz.
Alguien estaba colocando un equipaje de mano en el compartimento superior con la intención de sentarse al lado de Julian—.
Pero ahora mismo no voy a preocuparme por eso.
Necesito pasar este mes y tomar las difíciles decisiones que tendré que tomar con respecto a mi hermanastra. Ya veré cómo me siento cuando vuelva.
—¿Cómo reaccionaría si volvieras con él, pero le dijeras que quieres acoger a una niña de doce años?
—No lo sé — contestó ella.
Aunque se lo imaginaba. Incluso Julian era capaz de predecir la respuesta. Cliff no se había interesado por la familia de Charlotte cuando se casó con ella. Julian no podía imaginar que estuviera dispuesto a acoger a la hermanastra huérfana que acababa de descubrir que tenía.
—De acuerdo. —Él no quería disgustarla, sobre todo porque no podía criticar su enfoque. Él estaba adoptando uno similar en lo que respectaba a su enfermedad. Le había dicho a su médico que no iba a empezar ningún tipo de tratamiento, al menos hasta que regresara de Italia.
Durante un mes, iba a disfrutar todo lo que pudiera y fingir que no pasaba nada.
Julian durmió durante casi todo el vuelo mientras Charlotte veía una película tras otra.
Intentaba distraerse de lo que la esperaba al otro lado del mundo, pero nada parecía funcionar.
Su mente seguía divagando, sus pensamientos iban de Cliff y su repentino cambio de opinión a las ominosas palabras que Heidelman le había dicho cuando habían hablado justo antes de partir: