Capítulo 7
La villa que Charlotte había encontrado en Airbnb era espectacular.
De color rosa pálido con molduras blancas, ofrecía unas vistas increíbles al mar, un gran patio con tejas rojas donde se podía comer al aire libre gracias al clima templado, un jacuzzi en la terraza y cuatro dormitorios, cada uno con su propio cuarto de baño.
Un alto muro rodeaba la propiedad, excepto en la parte de la terraza que daba al mar, que tenía una hermosa puerta arqueada que daba acceso a la villa desde una calle tan estrecha que era apenas un sendero.
Ese alto muro no solo le garantizaba la privacidad que ansiaba, sino que además estaba cubierto de buganvillas blancas.
Hizo clic en las fotos del interior. Decorada con las telas azules y amarillas, los azulejos y la cerámica por los que era tan famosa la costa de Amalfi, estaba llena de antigüedades y tenía techos altos y habitaciones amplias y espaciosas.
—Preciosa —murmuró, pero se mordió el labio cuando vio el precio.
La casa era cara. Pero ninguno de los otros alojamientos que había visto le gustaba tanto como ese.
Al menos estaba en Praiano, donde vivía Lilly, y no en Positano o Amalfi.
Esas otras ciudades no estaban lejos: Positano estaba a solo ocho kilómetros al oeste y Amalfi a trece kilómetros al este, pero por lo que había leído, solo había una carretera estrecha y sinuosa excavada en el acantilado que las conectaba, y tenía mucho tráfico, así que recorrer ocho kilómetros en coche podía llevar veinte o treinta minutos.
Ir a pie llevaría aún más tiempo, por supuesto, pero, de todos modos, esa no era una opción viable.
La carretera apenas tenía espacio para coches.
Siguió buscando otra cosa, algo más barato, pero siempre volvía al mismo sitio, y finalmente decidió enseñárselo a Jules y Sloane, con la esperanza de que estuvieran de acuerdo en que valía la pena el precio.
Necesitaba una casa que la hiciera sentir segura y feliz y que inspirara su escritura, y esa le parecía ideal.
No tardó mucho en recibir una respuesta. A ellos les encantó tanto como a ella, y le insistieron en que la reservara antes de que lo hiciera otra persona, y así lo hizo. Luego se reclinó en el asiento con una sonrisa. Estaban sucediendo cosas locas en su vida, pero al menos estaba Italia.
Emocionada por enseñarle a su padre lo que había encontrado, le estaba enviando un mensaje desde su portátil al trabajo cuando sonó el teléfono. El señor Heidelman la estaba llamando.
Se tensó mientras dejaba a un lado el ordenador y contestaba la llamada. No tenía ni idea de qué más podría revelarle, ni de cómo la afectaría. Pero necesitaba hablar con él, saber más, aunque le diera miedo lo que pudiera decirle.
Él la saludó cortésmente y le dio las gracias por responder. Luego pasó al grano.
—Antes de mi carta, ¿sabía que tenía una hermana?
—No —respondió ella—. Hasta que recibí su carta, ni siquiera sabía que era adoptada.
—Siento si le ha supuesto un shock —señaló él tras una pausa.
—Sin duda lo ha sido —contestó Charlotte con una risa irónica—. Pero lo sucedido en el pasado no es culpa suya.
—Aun así, es una situación delicada. Por favor, perdóneme. Mi único objetivo es hacer lo mejor para Lilly.
—Lo entiendo.
—Y me temo que tengo algo más que contarle.
—Me aterra escuchar lo que vaya a decir a continuación —admitió ella.
—Entiendo por qué, pero debe saber esto antes de tomar cualquier decisión. Ojalá pudiera decirle que su madre dejó suficiente dinero u otros bienes para pagar su manutención, pero, aparte de algunas pertenencias personales, no le ha dejado nada.
Charlotte exhaló aliviada. ¿Era eso lo que le daba miedo contarle?
No había problema. Ya se lo esperaba. Y pensó que probablemente era lo mejor, al menos en un aspecto.
Si hubiera habido dinero, el novio podría haberse quedado con Lilly solo por eso.
Y a saber lo que habría pasado cuando se lo hubiera gastado todo.
— Está bien.
—Me alegro. Gracias por tomárselo tan bien. Temía que fuera una carga demasiado grande para alguien de su edad, pero entonces…
Sus palabras se desvanecieron como si de repente hubiera reconsiderado lo que estaba a punto de decir, así que ella terminó la frase por él:
—Pero entonces descubrió quién era yo y supo que, si alguien de mi edad podía permitirse acoger a una niña, esa era yo.
—No lo habría expresado así, pero… sí. —Rio—. Tenía la esperanza de que tal vez tuviera los recursos, además del interés, para involucrarse en su vida.
Ella percibió el eufemismo. ¿Involucrarse en su vida? No se refería a que Charlotte se uniera a algún programa semanal de Hermana Mayor. Quería que ella se convirtiera en la tutora a tiempo completo de Lilly y resolviera el problema. Punto.
Pero no era tan sencillo. Primero, tenía que asegurarse de que Lilly quisiera vivir con ella, ver cómo se llevaban como hermanas.
¿Podrían desarrollar una auténtica afinidad?
Porque lo que una niña necesitaba más que nada era amor, y Charlotte quería estar absolutamente segura de que podía ofrecerle todo el que Lilly necesitaba.
—Haré lo que pueda. Pero las decisiones difíciles vendrán después. Primero, necesito conocerla.
—Lo entiendo perfectamente. Mi trabajo es alertarla de la situación y dejar que tome las decisiones a partir de ahí. Para eso me han contratado.
—¿Quién lo contrató? —preguntó ella— . ¿Quién paga sus honorarios?
—Luca Versetti, el hombre que cuida de Lilly.
—¿Con su propio dinero?
—No lo especificó.
—¿Le parece un hombre decente?
—Supongo. No lo conozco, así que no puedo juzgarlo bien.
—¿Tiene alguna foto de mi madre biológica o de Lilly?
—Por desgracia no, pero puedo pedirlas.
—Se lo agradecería mucho. Creo que me ayudaría, de alguna manera, ponerles cara a esos nombres. Ahora mismo, me siento como si estuviera volando completamente a ciegas.
—Le enviaré un correo electrónico a Versetti después de colgar.
— ¿Puede decirme cómo murió Sabrina? —Charlotte revisó las fotos de la villa una vez más mientras hablaba.
—Creo que fue algún tipo de accidente. No conozco los detalles.
Eso no aclaraba mucho.
—¿Luca habla inglés?
—Sí, pero con un acento muy marcado que puede dificultar su comprensión, y su vocabulario no es muy amplio.
Al menos podría comunicarse con él. También se sintió aliviada de que hablara inglés por el bien de Lilly, que al menos no se había quedado con un hombre al que solo conocía desde hacía unos meses y con el que no podía comunicarse realmente.
—¿Y Lilly habla italiano?
—Él dice que ha aprendido un poco del idioma.
—Si decido que es lo mejor, ¿querrá volver a Estados Unidos?
—Me temo que no tiene muchas opciones.
En otras palabras, tendría que hacer lo que tuviera que hacer. Charlotte sacudió la cabeza. Ser tan vulnerable, estar tan expuesta al peligro… Ella había tenido suerte de tener los padres que tenía, la estabilidad.
—¿Y el resto de su familia?
—Sé que tiene una tía, pero no está en condiciones de hacerse cargo de una niña. Y, por lo que me han comentado, los abuelos maternos de Lilly son demasiado mayores. Al parecer , la abuela está muy enferma. Además, tampoco tienen recursos.
—¿Hay alguien más?
—¿Que pudiera implicarse? No.
—Entonces solo quedo yo.
—Solo queda usted —repitió él—. ¿Le gustaría conocerla?
Podría pedirle a Luca, el novio de Sabrina, que la subiera a un avión, pero el coste del billete tendría que correr a su cargo.
Él opina que ya ha cumplido con su parte.
Y, para que lo sepa, no estoy seguro de que él la aceptara de vuelta si…
si decidiera que no está preparada para el reto.
—No hay necesidad de hacerle pasar por eso. Yo iré allí, a Italia —contestó ella—. Ya he alquilado una villa en Praiano. Hoy mismo reservaré el billete de avión.
—Eso es maravilloso. —Él se mostró claramente sorprendido—. ¿Cuánto tiempo piensa quedarse?
—Tengo la villa alquilada por un mes, pero me quedaré todo el tiempo que sea necesario, o todo el tiempo que necesite Lilly.
—Suena bien. Una vez que haya concretado sus planes, se lo haré saber a Luca.
¿Por qué no podía comunicarse ella misma con Luca?
Estuvo a punto de pedirle al señor Heidelman que le pasara su dirección de correo electrónico, pero se detuvo.
No conocía a Luca. Quizás, de momento, era mejor tener un intermediario.
Le proporcionaba la distancia suficiente mientras luchaba por adaptarse a la nueva situación.
—Le enviaré mi itinerario tan pronto como lo tenga.
Después de colgar, Charlotte oyó un ruido en la puerta y se giró desde su escritorio para ver a su madre apoyada con una mano en el marco. Llevaba una bata y zapatillas y tenía ojeras.
—¿Quieres hablar? —preguntó Penny con voz débil.
Charlotte sabía que su padre debía de haberle dicho que ella había descubierto la verdad. Pero su madre no había salido de su habitación desde que Charlotte había abierto la carta la noche anterior.
Era evidente que Penny no se encontraba bien.
Estaba pálida y parecía casi demasiado débil para mantenerse en pie.
Charlotte podía imaginar fácilmente que, además de sufrir lupus, había estado posponiendo ese momento.
Por muy impactante que fuera la verdad para Charlotte, tenía que ser igualmente impactante para Penny descubrir que el secreto que había ocultado durante tanto tiempo había salido a la luz, justo cuando empezaba a creer que estaba a salvo.
La sensación de pérdida que eso debía de haberle provocado, y el miedo a la reacción de Charlotte, sin duda no la ayudarían a recuperarse.
Aunque Charlotte tampoco había entrado a verla, sino que había estado tratando de asimilar lo que acababa de descubrir, ver la situación a través de los ojos de su madre adoptiva le hizo sentir cierta compasión.
— Sí, me gustaría hablar. —Se levantó y le hizo señas para que entrara en la habitación—. ¿Por qué no te acercas y te sientas?
Ayudó a su madre a cruzar la habitación antes de sentarse en la cama a su lado.
Durante un momento, ninguna de las dos habló. Podían verse en el espejo sobre la cómoda, pero Penny no parecía saber qué decir hasta que Charlotte sonrió y le tomó la mano. Entonces comenzó a llorar.
—Lo siento.
—Tranquila —dijo Charlotte.
—Tu padre y yo… no sabíamos qué sería mejor para ti. —Penny finalmente la miró a los ojos en lugar de a su reflejo—. Solo sabíamos que eras perfecta y feliz tal y como eras.
—Lo sé.
— ¿No estás enfadada? —Su madre la miró fijamente.
—Estoy dolida y confundida. Pero sé que me queréis, que siempre me habéis querido, y que habéis hecho todo lo posible por darme todo lo que podíais.
Charlotte no podía asegurar que no sentiría resentimiento en el futuro, pero había tenido una relación muy estrecha con sus padres y eso le facilitaba perdonarlos.
Si lo hubiera sabido, tal vez habría insistido en encontrar y conocer a su madre biológica, y tal vez eso habría cambiado la dinámica de su infancia, haciéndola menos feliz.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó su madre.
—¿No te ha dicho papá que tengo una hermana?
Ella asintió con la cabeza.
—Voy a volar a Italia para conocerla.
—Viajaremos contigo —dijo su madre con decisión—. No quiero que te enfrentes a esto sola. Lo haremos en familia.
Su madre empezó a levantarse, pero Charlotte le puso una mano en el brazo.
— Mamá, mírate. No te encuentras bien para ir a ningún sitio. E Italia está muy lejos. Papá y tú tenéis que quedaros aquí. No estaré sola. Sloane y Julian vendrán conmigo.
—¿De verdad? —Su madre abrió mucho los ojos—. Pero… ¿qué pasa con sus propias vidas? Sloane está casada. ¿Su marido también va a ir?
—No, pero a Ben no le importa que ella se vaya unas semanas.
Si surge algún problema, siempre puede volver antes.
Y Julian puede trabajar desde cualquier lugar.
Ya ha estado en la costa de Amalfi, sabe lo que le espera y ya ha mencionado algunos lugares que le gustaría fotografiar.
Puede que incluso se tome un fin de semana aquí o allá para ir a Venecia o al lago Como.
—Suena ideal. Pero ¿dónde os alojaréis?
—En Praiano. Ya he reservado un Airbnb. —Ella acercó su portátil para enseñarle el anuncio—. Échale un vistazo.
—¡Vaya! — exclamó Penny—. Será precioso.
Italia sería preciosa y, con suerte, apacible. Pero Charlotte no podía imaginar qué clase de tormenta podría estar latente bajo la superficie. Eso dependería de lo que encontrara cuando llegara allí.