Capítulo 6 #3
La incertidumbre que Sloane sentía en su matrimonio le provocó un repentino deseo de escapar.
Necesitaba tiempo, tiempo para descubrir quién era y qué quería.
Quizás, solo quizás, si se iba a Italia con Charlotte, podría conseguir la separación que necesitaba de Ben para averiguar si quería quedarse con él el resto de su vida o cómo manejar su matrimonio si no era así.
—Quiero ir con ella.
—¿Sin Ben?
—Necesito un mes… para volver a encontrarme a mí misma.
El comentario fue recibido con silencio.
—No me digas que hay problemas en tu matrimonio. No estaréis pensando en separaros, ¿verdad?
—Por lo que yo sé, él no.
—¿Pero tú sí?
—Algo no va bien, Jules. —A Sloane se le hizo un nudo en la garganta.
—¿El qué?
—No lo sé. Si lo supiera, quizá podría arreglarlo. Esa es la cuestión. Necesito tiempo para mí misma. Para decidirme. Para recuperar la claridad.
—Si Charlotte está allí, difícilmente estarás sola.
—Estar con ella sería diferente. Podría ser bueno para las dos. Puedo apoyarla durante las próximas semanas y ella puede ayudarme con solo ser quien es. Siempre me ha dado estabilidad. Quizás juntas podamos abrirnos paso a través de la oscuridad.
Él no respondió.
—¿Jules?
—Me estás asustando, Sloane. Ben es un buen hombre. No querrás perderlo.
Ella levantó una mano para protegerse de la luz del sol que se filtraba a través de la enorme copa del árbol que tenía encima.
Era un día soleado en Seattle, después de semanas de lluvia, y la luz parecía calentarle el alma.
El buen tiempo le parecía una señal, como si el universo le estuviera diciendo que se tomara un mes para decidir qué hacer con el resto de su vida.
—Eso es lo que me repito a mí misma.
—Pero…
—Ya no queremos las mismas cosas —respondió ella.
—¿Qué significa eso?
—Quiere tener hijos.
—¿Y tú no?
—No, en absoluto —admitió Sloane, y ahí estaba: la verdad.
—Eso es difícil de creer.
—¿Porque tú siempre has querido tener hijos?
—Sí.
—Los niños no son para todo el mundo.
—Pero sí lo son para Ben.
—Está deseando formar una familia.
—Mierda.
—Exacto.
—Si te vas a Italia, ¿qué harás con el negocio? ¿Cómo podrás irte durante todo un mes?
—Tendré que hablar con Rory, ver si puede arreglárselas sin mí. Dejarlo solo no sería lo ideal, por supuesto. Pero estoy tan desesperada que… lo haría.
—¿Tienes pasaporte?
—Ben y yo fuimos a Aruba en nuestra luna de miel, ¿recuerdas?
—Ah, claro. Pero, aunque Rory se encargue de la tienda, ¿qué va a decir Ben?
Ella miró fijamente las pequeñas y resistentes malas hierbas que luchaban por abrirse paso entre la grava.
—No lo sé. Pero puede que sea la única forma de salvar nuestro matrimonio. —La ilusión y la esperanza que sentía ante la perspectiva de romper con su situación actual eran tan abrumadoras que casi la hicieron llorar—. Si a Charlotte no le importa que vaya, creo que tengo que hacerlo.
—Apuesto a que le encantará tener compañía. Lo que está pasando no es fácil de afrontar sola, sobre todo estando en pleno divorcio y tan lejos de casa.
—Esa es otra razón por la que quiero estar allí. La echo de menos, Jules. Echo de menos la amistad que teníamos antes de que ese imbécil arrogante de su marido se interpusiera entre nosotras.
—Bueno, maldita sea —espetó Julian—. Si las dos vais a Italia, yo también voy.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Puedo hacer fotos de lo que quiera. Hay un montón de paisajes preciosos que capturar en Italia.
—¿Y mamá y papá y lo de quedarse con ellos después de sus operaciones?
—Si no hubiera estado intentando conseguir la mayor reforma de su carrera hacía un par de semanas, que al final se había frustrado, se habría ofrecido a cuidar de sus padres ella misma.
Pero también sabía que estar con ellos mientras intentaba ocultar cómo se sentía respecto a su matrimonio sería difícil, así que se había sentido aliviada cuando Julian le propuso hacerlo él.
Desde luego, no esperaba que él diera un paso al frente…
, normalmente estaba viajando por todo el mundo.
—Están bien —contestó él—. Mamá se ha recuperado bastante. Papá quizá necesite el cojín para el trasero que le compró Charlotte durante unas semanas más, pero ya ha vuelto al trabajo.
—¡De acuerdo! Si Charlotte nos acepta como compañeros, ¡adelante! —exclamó Sloane, sonriendo con naturalidad por primera vez en mucho tiempo.
—¿Estás segura?
—Segurísima. Tomémonos un descanso, escapemos a Italia y aprovechemos treinta días soleados para reenfocarnos y resetearnos, para obtener claridad sobre lo que queremos para el futuro.
—Yo me conformaría solo con tener uno —murmuró él.
Al menos, eso fue lo que ella creyó oír. Su voz era débil y lo que había dicho no tenía sentido, así que pensó que debía de haberse equivocado.
—¿Qué has dicho?
—He dicho que me parece una idea estupenda —respondió él, con más vehemencia—. ¡Por un mes en Italia!
—¡Por un mes en Italia! —repitió ella como si fuera un brindis y, cerrando los ojos, volvió la cara hacia el sol. Ir a Praiano con Charlotte y Julian le parecía lo correcto.
Solo le quedaba hacerlo realidad.