Capítulo 3 #3
—¿No es la mayor parte para ti? —preguntó Charlotte mientras repasaba el contenido de la bolsa.
—Siempre eras tú quien se ocupaba de eso. —Cliff se encogió de hombros.
Si se lo entregaba a ella, no podía haber nada importante para él allí, o confiaba en que ella se lo devolviera si lo había.
—Está bien. —Ella se dio la vuelta para irse.
—¿Es eso todo lo que viniste a buscar? —preguntó él con fastidio.
—¿No es por eso por lo que me enviaste un mensaje? —La esperanza se encendió en ella cuando volvió a mirarlo—. ¿Porque querías que lo recogiera?
—También quería ver qué demonios te pasa.
—No sé a qué te refieres. —Desconcertada, Charlotte sacudió la cabeza.
—Ese tipo con el que estabas anoche. ¿Ya estás saliendo con otra persona?
La ironía, y el hecho de que él no la captara ni le importara, aunque lo hiciera, la dejó atónita. ¿Él podía salir con otra persona, pero ella no? Era tan egocéntrico que le dieron ganas de aplaudir a Julian por insistir en que salieran la noche anterior.
—Solo estaba con un amigo —balbuceó. Si él hubiera mostrado alguna vez interés por las personas que le importaban, le habría dado su nombre, pero no tenía sentido, ya que él no lo reconocería.
—¡Sí, claro!, eso es lo que parecía —insistió él con sarcasmo—. Casi todos mis conocidos me han estado llamando sin parar para decirme que mi mujer ya se estaba follando a otro tío.
Él siempre había utilizado palabrotas, ella se había acostumbrado, pero en ese momento, la dureza de su lenguaje la molestó. Podría haberle mostrado un poco más de respeto.
—Estoy confusa —contestó ella—. Tú me echaste. Dijiste que querías el divorcio, ¿recuerdas? Y tú también estás saliendo con otra persona, una modelo.
—No hay nada entre Marija y yo. Solo… salimos una noche.
—«Salimos» —repitió ella —. Pero… eso es exactamente lo que hice yo.
—Mira, la separación ya va a ser bastante difícil. Solo… no me avergüences, ¿de acuerdo?
—¿Te refieres a seguir adelante con mi vida?
—Quiero decir… ¿no puedes pasar desapercibida durante una temporada? Dale un poco de tiempo, por el amor de Dios, antes de lanzarte a por el siguiente.
Nada de lo que decía tenía sentido. ¿Él podía dejarse ver con otras mujeres, pero ella no podía dejarse ver con otros hombres?
—¿Te estás escuchando? —le preguntó Charlotte.
—Colabora conmigo, Char. —Cliff parecía frustrado, al borde de la ira—. Nuestra ruptura no es como las demás. Deberías saberlo.
—¿Porque eres especial?
—¡Sí, si quieres decirlo así! La fama lo cambia todo. Lo sabías antes de casarnos. Estoy bajo la lupa todo el tiempo.
—No te importa cómo nuestro divorcio me afecta a mí.
—¡Por supuesto que sí! Es solo que tú puedes escabullirte en el anonimato. Yo no tengo ese lujo.
Tampoco lo querría. Cliff era adicto a las ventajas de la fama: la atención, los elogios y el dinero.
Pero no creía que tuviera que tolerar ninguno de los aspectos negativos, y esperaba que ella mitigara lo que pudiera, a pesar de que él la estaba apartando de su vida.
En otras palabras, esperaba que ella siguiera protegiéndolo como siempre había hecho, que sintiera empatía por su situación cuando él no sentía ninguna por la de ella.
—Solo voy a vivir mi vida lo mejor que pueda —le explicó ella—. Eso es todo. No tendrá nada que ver contigo, así que no te lo tomes como algo personal.
—¿Qué significa eso? —preguntó Cliff.
—Significa que seguiré viendo a Julian si quiero.
—¿Te gusta? —Él se encogió de hombros.
—Sí. —Ella alzó la barbilla.
—¿Qué tiene de especial? —Cliff la miró con escepticismo.
—Para empezar, le importan mis sentimientos. Contigo… ni siquiera sé qué hice para que desearas terminar nuestro matrimonio.
—He estado tratando de averiguarlo yo mismo. —Él se rascó el cuello—. Creo que era simplemente que eres…, no sé…, demasiado maja.
—¿«Demasiado maja»? —repitió ella, atónita—. ¿Estás diciendo que soy aburrida?
—Aburrida no. Demasiado complaciente, supongo. —Él hizo una mueca.
—Ah, ya veo. ¿Cómo es posible que aguantaras a alguien demasiado complaciente? ¡Dios, debe de haber sido horrible! ¡El dolor! ¡El sufrimiento!
—¡De acuerdo! ¡Lo siento!
—No pasa nada. Como es más fácil no ser amable y complaciente, debería poder arreglarlo, ¿no?
—Supongo. —Él no parecía saber cómo responder, y la miró más de cerca—. ¿Estás diciendo que quieres intentar salvar nuestro matrimonio?
—No, no estoy diciendo eso. Buscaré a otra persona, alguien que no tenga un estúpido tatuaje de Predator. —Dándose la vuelta, salió furiosa con el correo.
—¿Qué demonios…? Es un tatuaje genial, tal y como pensaba que sería. De todos modos, estás actuando de una manera que… ahora mismo siento que no te conozco. —La siguió hasta la entrada principal mientras ella se apresuraba hacia su coche—. ¡Te arrepentirás!
Pero por más que lo intentaba, ella no conseguía entender de qué tenía que arrepentirse. Le había dado lo mejor de sí misma, a él y a su matrimonio. Era él quien lo había destrozado todo, ¡porque ella era demasiado maja!
—Que se junte con alguien que no sea «maja» —murmuró—. A ver si eso le gusta más.