Nos vemos en Italia Capítulo 3
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Capítulo 3

Cuando Charlotte bajó a desayunar con su ordenador portátil a la mañana siguiente, su madre la recibió con una gran sonrisa.

—¡Vaya, mírate! Me alegro mucho de verte, y además te has duchado.

—Estoy intentando seguir adelante. —Charlotte respiró hondo.

—Tú puedes. ¿Qué tal te fue con Julian anoche?

—Nos lo pasamos bien —admitió ella.

Pero una noche con un amigo no podía arreglar lo que estaba roto en su vida.

El hecho de que su mente siguiera volviendo a Cliff y a las fotos de él con esa mujer lo demostraba.

Pero después de la amabilidad y el apoyo de Julian, al menos tenía la energía para intentarlo.

Había necesitado escuchar lo que él tenía que decir, y le creyó cuando le dijo que sobrevivir al desamor sería más fácil si no dejaba que el resto de su vida se desmoronara a la vez.

Lo último que le había dicho cuando la dejó en casa fue que sería difícil «salir de debajo de los escombros», y le aconsejó hacer todo lo posible para que la recuperación fuera más fácil, lo que básicamente significaba no dejarse hundir más.

Y allí estaba, levantada y en pie, aunque todavía no tuviera ganas de salir de la cama.

—Veo que tienes tu ordenador —continuó Penny—. ¿Significa eso que hoy vas a escribir?

Charlotte desearía poder decir que sí, pero se sentía vacía, demasiado vacía para crear. Ni siquiera podía plantearse mirar la pantalla del ordenador, intentar forzar una historia y tener una página en blanco mirándola obstinadamente.

—Hoy no. Solo lo he traído para poder consultar el correo electrónico mientras estoy aquí en la cocina contigo. Hace tiempo que no lo hago.

—Es un paso en la dirección correcta —asintió su madre para animarla.

Si no empezaba a escribir ya, se retrasaría otro día más, y aumentaría aún más su tensión.

Intentó no dejarse llevar por el pánico. «Sé amable contigo misma», le había dicho también Julian. Aunque la fecha límite se acercaba inexorablemente, aún podría terminar el manuscrito a tiempo si se recuperaba pronto. Y eso era precisamente lo que se proponía hacer.

—Estoy pensando en buscar un apartamento. ¿Te gustaría venir conmigo?

—¿No quieres quedarte aquí con nosotros por el momento, en tu antigua habitación?

Notó la decepción en la voz de su madre. Al menos aún tenía gente que se preocupaba por ella.

—Podría, pero buscar piso me dará una razón para salir de casa. Solo quiero ver qué hay ahí fuera, hacerme una idea del mercado.

—Claro, iré contigo. Déjame prepararte antes el desayuno. —Su madre sacó una sartén—. ¿Cuántos huevos quieres?

Charlotte todavía estaba demasiado disgustada como para tener ganas de comer. Pero, una vez más, decidió superar el dolor y comportarse con la mayor normalidad posible, independientemente de lo que Cliff hubiera hecho.

—Solo uno. Dudo que pueda comer más.

—También tengo beicon.

Menos mal que el beicon siempre le apetecía. Charlotte estaba segura de que, incluso durante un apocalipsis, la gente seguiría comiendo beicon.

—Tomaré un par de lonchas.

—¿Y tostadas?

—No, con eso será suficiente.

Su madre charló sobre el tiempo, el negocio de diseño de Sloane, del que Julian le había hablado mientras Charlotte se preparaba la noche anterior, y lo ocupado que había estado últimamente el padre de Charlotte.

—¿Llamo a tu padre? —preguntó—. ¿A ver si puede escaparse para almorzar?

—Es una buena idea —respondió ella. Su padre siempre la había tratado como a una princesita, pero trabajaba muchas horas. Sería estupendo que se uniera a ellas para variar.

—Me dijo que tenía reuniones esta mañana, pero quizá esté libre dentro de unas horas. Lo consultaré con él.

Aunque Charlotte asintió, prestaba más atención a su ordenador.

Las fotos de ella cenando con Julian habían empezado a aparecer en Internet antes incluso de que se acostara.

Diez horas después, proliferaban como hormigas saliendo de un hormiguero.

Estaban por todas partes y, después de ver cómo habían quedado, se sintió satisfecha de que nadie pudiera saber lo devastada que estaba por dentro.

Pensó que se veía bien, y Julian se veía mejor de lo que ella había notado, tan alterada como estaba por el desastre en que se había convertido su vida.

Muchas personas en los comentarios, especialmente mujeres, afirmaban que ella había mejorado y que estaban felices de que hubiera salido adelante.

Le pareció interesante. Quizás el mundo no comenzaba ni terminaba con Clifford Jackson. Quizás era ella quien había permitido que su mundo se redujera a eso.

Su madre deslizó un huevo en un plato y llamó a su padre mientras ella cerraba las páginas de cotilleos sobre famosos, porque también había comentarios duros que no podía soportar ver en su estado de ánimo actual, y comprobó las listas de ventas de su libro.

Playing for Keeps estaba experimentando otro aumento en las ventas, como consecuencia de que todo el mundo volviera a hablar de ella en Internet.

Al menos eso era positivo.

Mientras iniciaba sesión en su cuenta de correo electrónico, oyó a su madre hablando con su padre.

Además de un montón de spam de sus tiendas favoritas, que intentaban tentarla para que volviera a comprarles, había algunas cartas de admiradores que le preguntaban por el título de su siguiente libro.

Tenía una fecha de publicación, pero no un título.

Por desgracia, tampoco tenía ningún libro.

Respondió a las cartas a toda prisa, pidiendo a sus lectores que se suscribieran a su boletín para poder mantenerlos informados. Luego leyó un correo electrónico de su diseñadora web en el que le pedía las actualizaciones mensuales que quería en su web.

Ni siquiera había mirado su página web, así que eso tendría que esperar. Respondió que se encargarían de las correcciones el mes siguiente y pasó a un mensaje de la publicista de su editorial. Shauna quería saber si estaba bien, ya que no había devuelto las llamadas ni los correos electrónicos.

Charlotte la tranquilizó. Luego pasó al correo electrónico que había visto nada más entrar.

Era de su editora. Lo había dejado para el final, y desearía poder evitarlo por completo, pero sabía que tenía que responder antes de desconectarse.

Megan Schwimmer era una persona maravillosa, pero tenía un trabajo que hacer: recibir el manuscrito de Charlotte y editarlo a tiempo para no retrasar a los demás departamentos de su editorial y que su libro pudiera salir en la fecha prevista.

—Dice que sí podrá —anunció su madre cuando colgó la llamada y llevó el plato de Charlotte a la mesa.

Charlotte se levantó para buscar unos cubiertos mientras su madre le servía un vaso de zumo de naranja.

—¿Algo interesante? —preguntó Penny, señalando su ordenador.

No había noticias de Cliff. Sabía que el correo electrónico no era el medio más probable para que él se pusiera en contacto con ella, pero aun así la esperanza prevalecía.

—Solo algo de mi editora.

—¿Qué te dice? —preguntó Penny mientras fregaba la sartén—. ¿Crees que te dará una prórroga?

Charlotte no creía que eso fuera posible. Su fecha de publicación en otoño era muy codiciada, normalmente reservada para los autores de renombre que podían hacer o deshacer todo el trimestre de una editorial. Una prórroga lo estropearía todo.

— No me atrevo ni a preguntar. Sé que tienen grandes esperanzas puestas en mi segundo libro.

—¿Se ha enterado de lo de tu matrimonio?

Sin duda, eso sería lo que había motivado el correo electrónico. Megan ya le había hecho saber que estaba ansiosa por ver algunos capítulos de muestra o, en su defecto, una sinopsis con la premisa básica de su próximo libro. Pero Charlotte aún tenía que decidir cuál sería esa premisa.

Comía lentamente, posponiendo lo inevitable hasta después de haber apartado el plato.

—¿Has terminado? —le preguntó su madre.

Levantó la vista y vio que Penny la observaba, y asintió antes de abrir el mensaje de su editora.

Megan le decía lo mucho que lamentaba su ruptura con Cliff.

No actuaba como si perder a uno de los escoltas más famosos de la NBA fuera a perjudicar su carrera, pero Charlotte sabía que seguramente temía que así fuera.

Ella misma lo temía. Así que no era el momento de admitir que ni siquiera había empezado su próximo manuscrito, que estaba bloqueada.

Sabía el pánico que eso causaría en su editorial, y que solo traería más correos electrónicos y sugerencias no solicitadas sobre cómo debería ser su nueva historia.

Lo agradecería si pensara que realmente ayudaría, pero no podía escribir según la visión de otra persona.

La premisa tenía que despertar su imaginación, tenía que llamarle la atención.

Respiró hondo y escribió una breve respuesta:

Es muy amable por tu parte preocuparte por mí.

Estoy segura de que, con el tiempo, estaré bien.

Me estoy quedando con mis padres, así que estoy en buenas manos, a pesar de lo que puedas ver en Internet.

Y no te preocupes por mi trabajo en curso.

Me pondré manos a la obra durante el verano.

Al menos ahora no tendré la apretada agenda de Cliff para distraerme. ¡Ja!

Después de repasar el correo varias veces, solo para asegurarse de que tenía el tono adecuado, pulsó Enviar. Pero era dolorosamente consciente de las palabras que había elegido. «Trabajo en curso» no era realmente preciso. Lo único que tenía era un trabajo que aún no había empezado.

Suspiró y levantó su vaso de zumo de naranja.

—¿Va todo bien? —preguntó Penny.

—Ya irá todo bien. —Nada iba bien, pero le dedicó a su madre una débil sonrisa.

— Terminaré de limpiar aquí mientras te maquillas. —Su madre recogió el vaso vacío—. ¿Seguro que no quieres comprar una casa? ¿Llamo a mi amiga Jenny, la agente inmobiliaria?

—No estoy preparada para ese tipo de compromiso. Ni siquiera sé dónde quiero vivir.

—Entonces, ¿cómo vamos a encontrar algún apartamento que te guste?

—Buscaré en Internet. Quizás alquile una casa adosada o un piso.