Nos queda mucho por vivir Capítulo 18
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Capítulo 18

Leandro

—¿No te estás quedando conmigo?

Estaba con Romeo en la cocina, en mi casa era muy común y de lo más normal que coincidiéramos la familia en esta estancia de la casa.

—Para nada, en mi vida me he reído tanto como con esa mujer.

—¿Y cómo es? Ya sabes lo que quiero que me digas.

Lo sabía.

—Es como las que te gustan, pero te juro que lo que más te va a gustar es su carácter. Podemos quedar un día de esta semana los cuatro.

Me arrepentí de hablarle sobre la amiga de Celia, casi en el mismo instante en el que lo hice.

Al pensarlo, me di cuenta de que era un error. Si al final se gustaban y congeniaban, habría otra pareja que podría sufrir, y con lo que iba a hacerlo Celia —y por el camino que llevaba, yo también—, no hacía falta sumar más corazones rotos.

—Por mí, podemos quedar mañana mismo.

Fue a la nevera de vinos que teníamos a un lado de la cocina, cogió una de entre todas las que había y de camino a la mesa cogió dos copas y el abrebotellas.

—Romeo, creo que deberías pensártelo mejor y yo no tendría que haberte dicho nada.

—¿Por qué?

Sirvió una copa de vino para cada uno.

—Es que no quiero que cometas el mismo error que yo. Ya sabes lo que va a pasar cuando se descubra todo, porque antes o después se va a descubrir y lo sabes.

Cada vez que pensaba en ello, el pecho se me oprimía.

—Me tenías que haber dejado a mí cuando te lo dije.

No pude. Si antes de conocerla en persona ya me había llamado la atención, cuando lo hice, me fue imposible mantenerme alejado, y mira que lo había intentado.

—No, era y es cosa mía, ya asumiré las consecuencias cuando llegue el momento.

—¿Qué consecuencias tienes que asumir?

En la cocina entró la abuela con Lulú siguiéndole los talones.

Miré a Romeo para que me echara una mano para salir bien de esta. Como se enterara la abuela de lo que había o estaba haciendo, era capaz de dejarme sin lo que me colgaba entre las piernas.

—Nada, abuela, son cosas sin importancia.

Le contestó mi primo.

—A otra con el cuento. Estoy esperando a que me lo digáis.

—He conocido a una mujer que me gusta mucho.

Fui sincero, de todos modos, no sé cómo se las arreglaba, pero siempre se terminaba enterando de todo.

—¿Y cuál es el problema?

—Que no estoy siendo sincero con ella.

Me puse a girar la copa encima de la mesa, lo que fuera menos mirar la cara que debía de haber puesto la abuela.

—No me digas que es lo que me estoy imaginando.

Asentí.

Porque eso mismo era lo que pasaba.

—¿Tú eres tonto o qué te pasa? En todos estos años nunca te había pasado, ¿por qué ahora?

Buena pregunta.

—Abuela, porque parece que Celia es la indicada.

Lo miré cabreado.

No le tenía que haber dicho eso a nuestra abuela.

La gata se puso a maullar a mis pies. Como no le hice caso, trepó por mis pantalones hasta que se puso sobre mis rodillas.

Me puse a acariciarle la cabeza y rascarle detrás de las orejas, le encantaba cuando hacía eso.

—No puedes decir que es la indicada cuando ni yo mismo lo sé.

—Que no te hayas dado cuenta, no quiere decir que no lo haya hecho yo.

—No me has visto con ella.

—No, qué va, cuando anoche le comías la boca en mitad de la calle.

Apreté los puños con fuerza.

—¿Me seguiste anoche?

Le pregunté irritado.

—No, solo estaba haciendo mi trabajo y te vi.

—Anoche no tenías que hacer ningún trabajo.

—No sé por qué te pones así. De todos modos, me lo has contado todo.

—Todo no, lo que te he contado es cómo nos va, no las cosas que hago con ella o dejo de hacer.

Mi abuela iba mirando a uno y a otro. Parecía que estaba viendo un partido de tenis.

Y como le interesaba enterarse de todo, estaba callada.

En cuanto terminara de hablar con mi primo estaba seguro de que sería cuando ella empezaría a hacerlo.

—Esas cosas no las he visto, ni falta que hace.

—No vuelvas a hacer lo de anoche y te lo digo en serio, Romeo.

—Como digas, pero como te he dicho solo estaba haciendo mi trabajo.

—Tu trabajo es cuando yo no esté con ella.

Levantó las manos en son de paz.

Sabía que lo hacía con toda su buena intención, pero tenía que darse cuenta de que no siempre tenía que estar intentando cubrir mi espalda.

—¿Has pasado el informe?

Me preguntó.

—Lo pasé esta mañana.

Fue lo primero que hice cuando regresé del piso de Celia.

—¿Habéis terminado ya?

La miré sin saber qué decir.

Solo asentí.

—Bien, ahora dime: ¿por qué te has implicado con esa chica? Y quiero la verdad.

—Si te digo la verdad, no he podido evitarlo, me gusta mucho, me siento bien cuando estoy cerca de ella. —No aparté la mirada de ella—. Lo he intentado, abuela, si casi no la iba a ver para intentar no caer.

—Nunca me habías hablado así de una mujer.

Me miró con cariño en sus ojos.

—Por eso mismo he dicho que es la «chica».

La palabra «chica» la recalcó mucho para dejar claro que era especial para mí.

—Cariño, por mucho que os aconseje y os regañe, siempre voy a querer lo mejor para vosotros, y por eso mismo te aconsejo que hables cuanto antes con esa mujer y le digas qué es lo que estás haciendo.

Por mucho que quisiera, no podía hacerlo, todavía no.

—No puedo, abuela. Ojalá pudiera.

—Si no lo haces cuanto antes, lo vas a lamentar mucho. Pueden llegar muchos amores a tu vida, pero amor verdadero solo vas a tener uno.

Me empecé a agobiar un poco, no quería pensar en la posibilidad de perderla. Y eso que no estaba enamorado de ella, solo me sentía bien junto a ella, además de que me gustaba mucho.

—¿Quién dice que sea mi amor verdadero como tú dices?

Di un sorbo a la copa de vino en un intento de que se me fuera el malestar que se me había creado.

—Hijo, no hace falta que me lo digas, ni siquiera que te lo digas a ti mismo. Sé que ella será una mujer muy importante en tu vida, y no hace falta conocerla para eso. Me lo han dicho tus ojos, y esos nunca mienten. Ya sabes que son el espejo del alma.

¿Qué cojones le decía después de escuchar esas palabras?

—Joder, abuela, no conocía esta faceta tuya.

Le dijo mi primo asombrado.

—Eso es porque no has madurado todavía por muchos pelos que tengas ahí abajo.

Ya había echado a perder el lado sentimental que había sacado unos minutos antes.

—¿Y quién dice que tengo pelos ahí? ¿Sabes lo que es la depilación láser?

Lo que yo decía.

Romeo era idóneo para la amiga de Celia, ninguno de los dos tenía pelos en la lengua y eran descarados.

—Claro que lo sé, me la hice antes de que te saliera el primer pelo en los huevos.

Desde luego, el descaro de Romeo lo había heredado de la abuela.

Me levanté de la silla cogiendo a Lulú y se la entregué a mi primo.

—¿Y por qué me das a mí a la rata peluda?

—Rata tú, a mi niña no le digas eso.

—Me voy a dormir.

—Romeo, que tu primo está peor de lo que yo pensaba.

—¿Ves, abuela? ¿Tenía o no razón?

Lo mejor que podía hacer era ignorarlos.

—Sí, hijo, por una vez en tu vida has tenido razón.

—Abuela, estoy empezando a dudar que alguna vez me hayas querido.

Reí.

Es que con estos dos no era para menos.

Se querían con locura, pero se pinchaban el uno al otro que daba gusto.

—Pues no lo dudes, porque no te he querido nunca, te amo con todo mi corazón.

Anda que mi abuela no tenía labia para ganarse a mi primo.

Ahora era cuando venía lo que quería a cambio.

—¿Qué es lo que quieres?

Le preguntó porque mi primo parecía tonto, pero no lo era.

—Quiero conocer a la chica de tu primo.

—Ni hablar.

Dije rápidamente.

—Tú, a callar que no tienes nada que decir en esto.

—¿Cómo que no? Yo soy el que más tengo que decir.

—No, porque si tu primo se hace pareja de la amiga y la invita a casa, no te quedará más remedio que hacerlo tú también para no quedar mal.

—Romeo, ni se te ocurra.

Lo amenacé, aunque sabía que de poco o nada iba a valer.

—Lo siento, pero cuando habla la jefa, los demás obedecen.

De poco me iba a servir protestar, porque, o se hacía como ella quería o era capaz de buscarla por el centro de Florencia ella misma.

—Abuela, creo que para que no sea tan descarado, deberíamos preparar una barbacoa con más personas.

—Ains, mi niño, no me puedo creer que hayas pensado algo coherente.

Le acarició la cabeza como si le estuviese consolando.

Me reí al ver la cara que habían puesto los dos, uno por un motivo y el otro por otro.