Nos queda mucho por vivir Capítulo 13
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Capítulo 13

Celia

—Supongo que te habrá alegrado mucho esa noticia.

Sonreía al pensar en todas las cosas que podía hacer con Gema.

Me lo iba a pasar de lujo, mucho más ahora que no tenía a mi padre conmigo, para que me echara la bronca al día siguiente.

Bueno, lo podía hacer si Greta se lo decía, pero no era lo mismo por teléfono que en persona.

—No sabes cuánto.

No pude ocultar la sonrisa maliciosa que se me escapó y sé que Leandro se dio cuenta, porque me miró con la ceja arqueada.

—No sé si avisar a todos los ciudadanos de Florencia, algo me dice que vosotras dos la vais a liar muy grande.

—Para nada, lo único que podemos hacer es salir de fiesta y tomarnos un par de copas cada una.

Como era normal, no se creyó ni una sola palabra.

—¿Viene ella en taxi hasta el piso?

Lo miré sin entender a qué venía esa pregunta.

—No, le he dicho que cogeré un taxi e iré a por ella.

—Dime la hora, te recojo y vamos juntos a recogerla.

Uff, en cuanto Gema lo viera se iba a poner como una loca.

¿Y qué queréis que os diga?

Por mucho que fuera mi mejor amiga, el solo imaginarme que se lo estaba comiendo con la mirada, me daba celos.

Sí, no lo podía evitar, porque me daba miedo que Leandro se fijara en ella, que todo sea dicho, lo veía con muchas posibilidades.

A la vista estaba que no había tenido ni un solo acercamiento conmigo, por lo menos no más allá de las miradas esas que tan nerviosa me ponían.

—No hace falta, puedo hacer lo que le he dicho, seguro que estarás muy ocupado y no quiero molestar.

No lo miré, no quería que viera la verdad en mi mirada.

—Si me he ofrecido es porque puedo.

Llegamos a la calle, fue poner un pie en ella y sentir cómo una de sus manos se posaba en la parte baja de mi espalda.

Un escalofrío me recorrió desde la punta de los pies hasta la coronilla.

El calor que desprendía su palma traspasó la fina tela del vestido.

—¿Dónde vamos?

—Ahora mismo a por el coche, después a un restaurante que está a las afueras, estoy seguro de que te va a gustar.

Si por mí hubiera sido, me hubiese quedado en el piso con él.

Y eso no significaba que fuera para que pasara algo entre nosotros. Ojo, que si pasaba tampoco iba a decir que no, ya que de tonta no tenía ni un solo pelo.

Pero lo que realmente me apetecía era estar a solas con él, hablar de lo que fuera, me daba igual, lo que me importaba era conocerlo un poco más.

Tener un poco más de acercamiento.

Cenar en casa, aunque fuese una pizza precocinada.

Es verdad que había aceptado quedar con él para ir a cenar, pero lo había hecho porque en el fondo me moría de ganas por pasar tiempo con Leandro, y hacerlo rodeados de personas no sería lo mismo.

—¿Te ha pasado algo?

—No, ¿por qué?

—Porque parece que no te hace mucha ilusión salir a cenar.

Lo miré dubitativa.

Estaba entre ser sincera y decirle lo que realmente me apetecía hacer o fingir y decirle cualquier cosa para salir del paso.

Se había detenido a un lado de la calle mirándome de frente, estaba esperando a que le respondiera algo.

No quise mentirle, aunque al ser sincera me arriesgaba a que su reacción me hiciera daño. Podía rechazarme o, quizá peor, aceptar por compromiso.

—Para ser sincera no me apetece.

No me dejó seguir hablando.

—Si no querías quedar, me lo podías haber dicho, no tienes ninguna obligación de hacerlo.

Le puse una mano en la boca para que se callara.

—Si me dejas hablar, puede que entiendas el motivo por el que no me apetece. ¿Me vas a escuchar o vas a seguir dando por hecho las cosas?

No pude evitar sonreír al verlo tan serio y con el ceño fruncido.

Al verme sonreír se le relajó un poco el ceño.

—¡Ay!

Retiré mi mano de golpe al sentir un pequeño bocado.

—Eso por reírte de mí.

Sonrió.

—No me he reído de ti, lo he hecho de tu reacción.

—¿Me vas a decir el motivo o vamos a seguir en mitad de la calle?

Dio un pequeño paso para acercarse a mí.

Retrocedí hasta que mi espalda chocó con la pared, lo hice por instinto, no por miedo ni mucho menos.

—Déjalo, mejor vámonos antes de que se nos haga más tarde.

Todo el valor que había tenido cuando decidí ser sincera con él, se había ido volando cuando me vi acorralada por ese hombre.

Y no fue porque me viera en esa situación, fue por todo lo que removió en mi interior, además del calor que se comenzó a formar en cierta parte de mi cuerpo.

Ya sabéis de la que hablo.

—No, ibas a decirme algo y lo vas a hacer.

Separé la espalda de la pared.

Yo también podía ser lanzada y tirarme a la piscina de vez en cuando, aunque después me tuvieran que recoger del fondo de ella con un recogedor.

Puse una mano sobre el centro de su pecho y muy despacio la fui subiendo por él hasta llegar a la parte de atrás de su cuello.

Me acerqué tanto como nuestros cuerpos nos lo permitieron.

Mi pecho estaba presionado al suyo.

Me apoyé en las puntas de mis pies para dejar mis labios a escasos centímetros de los suyos y con mi aliento mezclándose con su respiración hablé.

—Porque simplemente prefiero que nos quedemos en el piso, me gustaría disfrutar de tu compañía sin nadie a nuestro alrededor, que podamos hablar con tranquilidad. ¿Te parecen bien mis motivos?

Una de sus manos fue a parar a mi cintura. La apretó y me llevó contra él.

La otra la llevó a mi nuca y acercó su boca mucho más a la mía.

—Me lo estás poniendo demasiado difícil.

Susurró sobre mis labios.

—Yo no te estoy dificultando nada.

Estiré un poco más mi cuello levantando la barbilla.

—A la mierda todo, ya asumiré las consecuencias, pero no me puedo resistir más.

Atrapó mi boca con la suya en un beso tan hambriento y apasionado que me dejó sin respiración.

No fue tierno en ese beso, parecía que se estaba dejando llevar por la desesperación.

Me gustó que no me tratara como una muñeca a punto de romperse. No porque me gustara que fuera duro, sino porque quería ver cómo era él realmente.

Me separé un poco de él, lo justo para poder coger una bocanada de aire y preguntar qué es lo que había querido decir.

—¿Qué has querido decir con «asumir las consecuencias»?

Pasó el pulgar por encima de mi labio inferior.

—Porque sé que esto es un error. Y no por ti; lo es por mí. Eres demasiado buena para mí.

En ese justo momento debería de haber huido sin mirar hacia atrás.

Me estaba advirtiendo de algo; sin embargo, no lo escuché.

—¿Y si por una vez en mi vida quiero ser un poco mala?

Le pregunté en un susurro tan bajo que pensé que no lo había llegado a oír.

—Aunque nacieras cien veces, nunca llegarías a tener una pizca de maldad en tu cuerpo ni en tu corazón.

No estaba de acuerdo con él y tampoco quería que me siguieran tratando como si me fuese a romper en cualquier momento. No quería que me siguieran protegiendo.

—Me da igual lo que pienses de mí —lo miré a los ojos—, necesito que seas sincero conmigo. ¿Quieres que pase algo entre nosotros? No temas decirme la verdad, soy más fuerte de lo que piensas.

Respiró profundamente antes de contestarme.

—Sí, quiero que pase algo entre nosotros —intenté separarme de él—. Es lo único que deseo desde que te conocí.