Noqueado y enamorado Capítulo 13
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Capítulo 13

Bruno

Su ángel de la guarda me había dicho que era.

No es que me considerara uno ni mucho menos, solo es que dio la casualidad de que, las tres veces en las que la había visto, la había ayudado a salir un poco del apuro en el que se encontraba.

En cuanto a Rubén y Coral, cada vez estaba más convencido de que se conocían, y muy bien.

Estaba seguro de que tenían una relación. Y no digo que tuviera que ser de novios ni nada por el estilo, creo que se estaban conociendo, y muy bien, diría yo.

—¿Desde cuándo os conocéis? —les pregunté de pronto—. No me miréis así, está claro que para actores no valéis ninguno de los dos.

Rubén me miró con una sonrisa contenida, de esas que decían que se alegraba de que su mejor amigo lo conociera tan bien.

Coral, bueno, ella es que ni me miraba. Dirigía los ojos a cualquier parte menos a mi cara.

—Fue idea de ella.

Mi amigo le echó las culpas a Coral.

—Qué cara más dura tienes, fue idea tuya —le reprochó ella.

Algo me decía que la que estaba mintiendo era ella y no él. No sé, había algo en la sonrisa que intentaba esconder o en esos ojos llenos de picardía, pero estaba seguro de que la artífice había sido ella.

—Ni me voy a defender. Mi amigo me conoce tan bien que no hace falta que me justifique ante él.

Lo miré incrédulo.

¿Se podía tener más cara?

No, no creo que se pudiera tener la cara tan dura como la tenía Rubén. Bueno, la que estaba sentada a su lado la tenía igual que él o incluso peor.

—Dejaos de tonterías y empezad a contar desde el principio.

Los miré atentamente esperando su respuesta.

—Nos conocemos desde hace dos meses más o menos —confesó mi amigo.

—No puedes tener tan poca resistencia —le reprochó ella—. No teníamos nada serio, nos veíamos cuando nos picaba o teníamos ganas —siguió contando.

—¿Y me dices que debo tener más resistencia? —le preguntó incrédulo.

Para mí, esos dos estaban hechos el uno para el otro. Por lo menos, en cuestión de poca vergüenza, ahí iban a la par.

—Por favor, dejad vuestros dimes y diretes y seguid contándome, porque estoy seguro de que Rocío no está detrás de esto. —Los dos negaron con la cabeza.

»Y de que lo de la otra noche fue cierto. —Esta vez afirmaron al mismo tiempo—. Parecéis dos muñecos moviendo la cabeza a la vez. Pues empezad a contar lo de anteanoche y lo de esta mañana.

Le di un sorbo al vaso de agua.

Era la bebida que siempre me pedía, sobre todo en las fechas en las que entrenaba con más intensidad, como era el caso.

—Lo que le pasó la otra noche a Rocío fue cierto. —Se animó a contar Coral—. Lo pasó mal y se asustó mucho. Si no llega a ser por vosotros, no sé qué habría pasado.

—No pienses en lo que pudo haber pasado. —La reconfortó mi amigo, cogiéndole la mano—. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de que nuestros mejores amigos habían coincidido. —Siguió explicando Rubén.

—Por eso mismo decidimos hacer un pequeño encuentro. —Me miró de forma divertida—. No creas que no me costó lo mío hacerme la borracha.

—¿Estás segura de que fue un papel lo que hiciste? —le pregunté riendo—. Es que lo hacías demasiado bien.

Rio.

—Borracha no estaba, puede que tuviese un puntillo alegre.

—Todavía no me ha quedado muy claro cómo supisteis que cada uno éramos vuestro amigo.

—Pues, hijo, no es muy difícil. —Desde luego que no se cortaba a la hora de hablar—. Al día siguiente nos vimos, le conté lo que le había pasado a mi amiga, Rubén me contó lo que os pasó a vosotros, atamos cabos y aquí está el resultado de dos mentes pensantes.

Me eché hacia atrás en la silla, apoyando la espalda en ella, crucé los brazos sobre mi pecho y los miré atentamente.

—¿Y creéis que ha funcionado? —les pregunté.

Lo que habían causado en mí, desde luego, lo tenía claro. Ahora solo faltaba saber si en Rocío había hecho el mismo efecto.

—A ti no hay más que verte para saber que Rocío te ha gustado mucho. Ayer no paraste de hablar de ella.

Sonreí.

No sé cómo se las arreglaba, pero le daba la vuelta a todo haciendo parecer que él era el que tenía razón.

—Te recuerdo que eras tú el que no paraba de preguntarme cosas relacionadas con ella.

—Es que iba para policía y se quedó en el intento —soltó Coral—. Vamos, que para hacer un trabajo de incógnito como que no vale.

—Preciosa, no me des tanta caña, solo estaba intentando saber si de verdad le había gustado tu amiga.

—Pues ya has visto que sí. Y a ella también le ha gustado él.

Me entretuve en observarlos el tiempo que estuvieron entre el tira y afloja.

Ellos seguían enfrascados cuando nos trajeron la comida.

No lo hizo Rocío. Por lo visto, ella primero se dedicaba a tomar nota a todas las mesas y, cuando terminaba con esa tarea, empezaba a servirlas.

—¿Y por qué habéis esperado tanto en hacernos coincidir? —les pregunté un rato después—. Digo, sin contar la noche en la que la siguió el desgraciado ese.

—Rocío tenía novio. De hecho, rompió con él la noche que la viste en la playa.

Joder, es que era para matarlos a los dos.

—Vamos a ver, ¿me estáis diciendo que queréis que nos conozcamos cuando ella acaba de salir de una relación?

No salía de mi asombro.

—Esa relación llevaba muerta desde el principio, lo que pasa es que ella no se había dado cuenta. —Parecía que lo tenía muy claro—. Te digo yo que Rocío dejó de quererlo hace mucho.

—No puede hacer tanto que dejó de quererlo si seguía con él.

Por ahí no iba a entrar.

Puede que hubiera atracción entre los dos, pero no creía que ella buscara ahora mismo nada con nadie. Desde luego, si yo estuviera en su lugar, no lo buscaría.

—Te puedo asegurar que no sentía nada por él desde hacía mucho. No tienes que creerme si no quieres y mucho menos tener una relación con ella, pero por lo menos puedes ir conociéndola. El tiempo dirá lo que tenga que ser.

Mira por dónde, no estaba tan loca como me había imaginado.

Por lo menos en ese momento habló con propiedad.

—No he dicho que no la quiera conocer. De hecho, le voy a decir de quedar esta tarde, aunque sea para dar un paseo.

Madre mía.

Quién me había visto y quién me veía.

Y eso que yo no era un hombre de relaciones, digo de relaciones duraderas.

No voy a decir que era un santo, porque no era así. Había tenido mis idas y venidas, encuentros de una noche y esas cosas.

Como iba diciendo, relaciones largas no había tenido. No porque tuviese nada en contra ni ningún trauma, no tenía nada que ver con eso.

No las había tenido, simplemente, porque había estado totalmente enfocado en mi carrera como deportista.

Era ahora, cuando todo estaba yendo bien, cuando estaba a un solo paso de llegar a lo más alto, cuando me podía permitir el lujo de prestarle atención a una mujer.

Y no es que no entrenara duro, lo hacía y mucho.

Quizás era que me encontraba más preparado para tener pareja porque había adquirido la madurez que antes no tenía.

—Me gusta esa idea. Rocío, creo que hoy solo está de turno de mañana y que termina después de las comidas.

Estaba bien saberlo.

—De todos modos, nosotros tenemos que volver al gimnasio, todavía nos queda un rato.

Miré la hora en el móvil, nunca llevaba reloj.

Estaba tan acostumbrado a no llevar nada de eso por los entrenamientos que ni me molestaba en ponérmelo fuera de ellos.

—Llama a Rocío —le dije a Coral.

Tenía que pagar o por lo menos intentarlo, porque el dueño del restaurante se había empeñado en invitarnos a Rubén y a mí. A Coral le dijo que ya estaba acostumbrado a que viniera y comiera por la cara.

—No os voy a cobrar —dijo cuando llegó hasta nosotros.

—Gracias, amiga —le contestó Coral con descaro.

—No lo decía por ti, estamos acostumbrados a que no pagues.

Reímos.

Me levanté, quedando de cara a ella. La miré una vez más a los ojos, quería confirmar que había esa chispa de atracción entre los dos que había visto la noche anterior y también antes, cuando llegué.

—¿Te gustaría dar un paseo esta tarde?

Para que me dieran una hostia, parecía un niño.

—Me encantaría.

Y, con esa sonrisa tan bonita que me dedicó, me di cuenta de que iba a hacer lo que fuera necesario para conquistarla.

La quería a mi lado, quería conocerlo todo de ella sin dejarme nada atrás.