Noches estrelladas en el Café literario Bella Vista (Amor en Italia 5) Capítulo 8
33%

Capítulo 8

Bianca regresó a la habitación y, a través de la puerta entreabierta de la terraza, vio que Sofia estaba sentada fuera, absorta en un libro, sin duda una novela romántica.

Bianca se sentía inquieta. Resultaba bastante irritante, teniendo en cuenta que estaba en aquel hotel de ensueño, recibiendo toda clase de atenciones y organizando su boda.

Debería estar en una nube. Ser una futura novia feliz.

Pero no era tan sencillo. De hecho, era extraordinariamente difícil.

La actitud tensa de Sofia y sus propias dudas, que no dejaban de aflorar, impedían que Bianca disfrutara de sus vacaciones sin ninguna preocupación; unas vacaciones que, en realidad, ya ni siquiera lo eran, ahora que todo giraba en torno a la boda.

¿Estaré cometiendo un error?

La pregunta la golpeó como un puñetazo. No era ni mucho menos la primera vez que afloraba, pero en aquella ocasión la había embestido con la fuerza de una ola gigantesca. Se le encogió el estómago y se sentó en la cama.

—Eh —oyó decir a Sofia. Al ver que Bianca no respondía de inmediato, su mejor amiga se acercó y se sentó a su lado.

—¿Vas a contarme por fin qué te pasa por la cabeza?

Bianca suspiró y la miró. —Todo está pasando muy deprisa —soltó. Y decirlo en voz alta le sentó bien.

—Lo sé.

—No quiero decir que no esté segura de Benedetto, pero…

—… pero no estás segura de Benedetto —concluyó Sofia por ella.

—Algo así. Pero no sé si simplemente tengo miedo. Del futuro. Y de tomar una decisión definitiva que afectará al resto de mi vida. Quiero decir, eso basta para poner nervioso a cualquiera, ¿no? Mucha gente se deja llevar por el pánico justo antes de su boda.

Sofia asintió con comprensión y después se sumió en un silencio pensativo.

Bianca le concedió un momento. Luego le preguntó sin rodeos: —¿Qué es eso que llevas todo este tiempo queriendo contarme?

Sofia suspiró. —Es que no estoy segura de si…

—Dilo de una vez. Llevas todo este tiempo con algo en la cabeza.

Sofia asintió. —Sí, pero… —Se interrumpió, reflexionó un momento y luego asintió con determinación—.

No estaba segura de si debía contártelo.

Quería ver cómo estabas, cómo te sentías.

Y tú no parabas de decir lo feliz que eras.

Así que pensé que sería mejor no estropearlo.

Pero ahora estás sentada aquí con esa cara y…

—Sigue.

Sofia la miró con inquietud. —Creo que vi a Benedetto con otra mujer.