Noches estrelladas en el Café literario Bella Vista (Amor en Italia 5) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

La tía Flora se irguió de golpe y se alisó con dignidad el vestido veraniego de lino beige. —¡Perdona, pero ya no soy ninguna adolescente!

—Pero tengo razón, ¿verdad? Bianca sonrió de oreja a oreja.

La tía Flora desechó la pregunta con un gesto. —Háblame mejor de Benedetto.

Bianca suspiró, pero decidió contestar para terminar cuanto antes con la parte desagradable de la conversación. —Benedetto está bien. Nosotros estamos bien. Somos felices. Ahora está en Florencia por una reunión de trabajo. Vendrá dentro de unos días.

—Qué bien. Hace mucho que no lo veo.

Bianca asintió. —Desde la celebración de la empresa. Cogió su Aperol y dio un buen trago.

Hora de confesar…

—Vamos a adelantar la boda —dijo a toda prisa cuando su tía también se llevaba el vaso a los labios.

Flora volvió a bajar el vaso. —¿Ah, sí? ¿Estás embarazada?

—¡No! —exclamó Bianca—. No… —añadió con algo más de calma—.

Pero le han ofrecido un trabajo a Benedetto.

En Nueva York. Un contrato de un año. Es una gran oportunidad para él.

Un… encargo muy importante. Sonaba bastante críptico, pero Benedetto trabajaba en inversiones, futuros, opciones y demás asuntos.

Ni siquiera Bianca entendía muy bien de qué iba todo aquello.

Y, de todos modos, los detalles no interesarían a su tía.

—Es más fácil si estamos casados —explicó cuando su tía siguió callada—.

Para que yo pueda irme con él, quiero decir.

Por el visado y todo eso… Bianca se aclaró la garganta.

No sabía por qué estaba nerviosa. Su tía era una persona increíblemente cariñosa y comprensiva.

Sería la última persona del mundo que se entrometería en algo que Bianca deseara de verdad.

Pero ¿es eso lo que quiero de verdad?

Bianca apartó aquel pensamiento. Por supuesto que quería estar con Benedetto. La alternativa sería mantener una relación a distancia durante un año y aquello no era una opción sensata.

Sintió la mirada de su tía sobre ella y alzó los ojos. —¿Y bien? —preguntó Bianca en voz baja.

—¿Y bien qué? —replicó su tía con una sonrisa.

—¿Qué opinas?

—No voy a decir nada. Eres una mujer adulta. Sabes lo que haces.

—Quiero saber qué opinas.

—¿Por qué?

—Porque tu opinión me importa. Y así era. De hecho, no había opinión que Bianca valorase más que la de su tía.

—Bueno… En ese caso, deja que te haga una pregunta —dijo la tía Flora. Bianca asintió para que continuara. —¿Esto es lo que quieres?

—¿La boda? Sí. Ya… es hora. Las palabras brotaron de sus labios como un mantra, y ella misma fue consciente. También lo vio reflejado en la expresión de su tía, pero Flora no insistió.

—No me refiero a eso. Nueva York. ¿Es eso lo que tú quieres?

—¿Qué más da?

—Yo diría que importa mucho.

Bianca se encogió de hombros. —No creo.

—Ya lo sé… —murmuró la tía Flora, dedicándole una mirada compasiva que Bianca procuró ignorar.

—Lo que quiero decir es que no importa, porque la oferta de trabajo existe y Benedetto la ha aceptado —insistió Bianca.

—Y tú puedes irte con él o no… —intervino la tía Flora.

— Quiero irme con él.

—¿Quieres ir porque te hace feliz o porque él nunca te dio la posibilidad de elegir?

Aquello dio en el blanco. Y, sin embargo, Flora había pronunciado esas palabras con mucha menos dureza de la que Bianca había percibido.

La tía Flora siempre la había animado a escuchar su voz interior, a perseguir sus propios sueños y a pensar qué quería de la vida; justo lo contrario que sus padres.

Así que sí, Bianca sabía que la pregunta de su tía nacía del cariño y quizá de cierta preocupación.

Y, aun así… las palabras le abrasaron los oídos como el fuego.

Bianca cogió el vaso y bebió unos sorbos.

—Solo quiero que seas feliz —dijo su tía, apretándole la mano con suavidad—. Eres feliz, ¿verdad?

—¡Sí, claro! A esas alturas no cabía otra posibilidad. ¿Qué le había dicho su madre?

Llega un momento, Bianca, en que hay que escoger un camino y seguirlo sin titubeos. ¿Cómo crees que nuestra familia ha llegado a tener tanto éxito? ¿Construyendo castillos en el aire y sin comprometerse nunca con nada?

Bianca apartó el recuerdo. —Soy muy feliz —repitió.

—Entonces me alegro. Su tía cogió el vaso y lo alzó hacia Bianca. La observó con atención durante un instante. —Pero ¿por qué pareces tan… pensativa?

Bianca se encogió de hombros. —Es por la boda.

Por los preparativos, quiero decir —añadió enseguida—.

Ya sabes cómo es nuestra familia. Una celebración enorme, trescientas personas, de las cuales ni siquiera conozco a doscientas cincuenta, y todo tiene que ser grandioso y glamuroso.

Eso no va conmigo. Y, aparte de eso, han fijado la fecha para el catorce de septiembre.

Todo es… estresante. Prácticamente eché las invitaciones al primer buzón que encontré de camino hacia aquí.

Excepto esta, claro… Bianca rebuscó en su bolso y sacó un sobre decorado con rosas azul cobalto. —La tuya te la entrego en persona.

Flora dio un sorbo, dejó el vaso y cogió la invitación. Abrió el sobre, leyó el texto por encima y lo dejó sobre la mesa. Miró a Bianca pensativa. —No deberías casarte de una manera que no vaya contigo, Bianca.

—Lo sé. Pero no es tan sencillo…

—Claro que sí. Lo solucionaremos. Yo te ayudaré. ¿Qué quieres?