Noches de sal CAPÍTULO 44.
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CAPÍTULO 44.

La puerta de la sala de las cintas era de hierro.

Julián introdujo la llave.

El mecanismo se resistió y luego cedió con un clic. Dentro, el aire era seco. Una estantería circular ocupaba

casi toda la habitación. Había grabadoras antiguas numeradas y cajas de casetes.

S-1.

S-2.

S-3.

Hasta S-49.

En el centro, sobre una mesa, había una cinta separada de las demás.

S-5 (IRENE).

Julián se sentó.

Durante varios minutos no pudo tocarla.

Eligió otra al azar.

S-12.

Una voz infantil llenó la sala.

«Me dijeron que, si hablaba, el dolor se iría. Pero cada vez que lo hacía, me pedían que lo dijera otra vez. Después que lo representara. Después que lo repitiera sin llorar. Cuando ya no lloraba, dijeron que estaba lista.»

Julián detuvo la cinta.

Probó S-31.

Una adolescente hablaba con una calma que resultaba

peor que el llanto.

«Me enseñaron a elegir. A señalar. A castigar.

Primero con palabras. Cuando las palabras dejaron de bastar, me dieron una piedra. Dijeron que era simbólica. Yo no entendí hasta que la usé.»

Julián apagó la grabadora.

Comprendió lo que Elena había querido decir. No las escuches todas.

Cada voz se quedaba.

Cada una exigía un lugar dentro de quien la oía. Miró la cinta de Irene.

La introdujo.

Estática.

Respiración.

Después, la voz de su hermana.

Más adulta de lo que recordaba. Más cansada. «Si estás escuchando esto, es porque alguien encontró la

llave.

» Y si eres tú, Julián, te dije que no me buscaras. » Te lo dije porque aquí dentro uno se convierte en algo

que ya no puede volver a ser lo que era.»

Julián se cubrió la boca con una mano.

«No me obligaron a matar.

» Solo a decidir quién merecía vivir.

» Eso es peor.

» Porque no hay cicatriz visible y, aun así, nunca deja de

doler.»

Una pausa larga.

«Yo no completé el proceso.

» Me quebré.

» Y me escondieron.

» Pero sé que otras sí lo hicieron.

» Sara. Elena.

» Ellas llevaron lo que yo no pude cargar.»

Julián se inclinó hacia la grabadora.

«Si las ves, no las odies.

» No porque sean inocentes.

» No lo son.

» Sino porque tuvieron que hacerse de sal para no

disolverse.»

Julián lloraba en silencio.

La voz continuó.

«Tú aún puedes elegir.

» Yo no pude.

» Pero tú sí.

» No me conviertas en una razón para hacer daño. » Si alguna vez me encuentras,quiero que me reconozcas

antes que vengarme.»

La cinta terminó.

Julián permaneció inmóvil.

En el suelo, junto a la pata de la mesa, alguien había

escrito con sal una palabra.

RAZÓN.

La miró durante mucho tiempo.

Después borró una letra con el pie.

Quedó:

R A Ó N.

Una palabra rota.

Le pareció más verdadera.