65. Justicia poética
JUSTICIA POÉTICA
R ob respiraba agitado y parecía a punto de tomar una decisión muy muy estúpida.
—Pero… has dicho que me querías —balbuceó bajo las ensordecedoras alarmas.
La sonrisa que le dedicó Persi podría haberse cincelado en el Inframundo.
—Lo hice. Una vez. No cometo el mismo error dos veces.
Rob saltó. Persi lo esquivó a una velocidad que rivalizaba con la del vampiro, al tiempo que una de las runas de Kaunaz tatuadas en su espalda se iluminaba.
Y, entonces, lo vio. Un hilo dorado entre ellos, tenue hasta entonces, brilló.
Unas filigranas oscuras treparon por el brazo de Rob, como una serpiente.
El geis que había pronunciado en el hotel había despertado, había esperado hasta tener la energía necesaria para atar al vampiro.
No desperdició la ventaja. Trazó la runa de Wunju en el aire y su exprometido salió disparado contra la pared, empujado por un viento invisible.
Calix envió a los otros Asfódelos a por ella, pero Hades ya se estaba moviendo.
Saltó sobre la mesa y, usando su casco como si fuera un guante de boxeo, derribó a uno con una fuerza más propia de un licántropo que de un humano.
Desenfundó dos pistolas que ni siquiera se habían molestado en arrebatarle, confiados de haber neutralizado su runotecnia.
—Tocad a mi mujer y no saldréis de aquí —advirtió, apuntando a Calix y Kara con una calma letal.
Persi avanzó hacia Celandia, que retrocedió sujetando el bolso con los documentos, como si temiera que se los arrebatara. Pero Persi pasó de largo hasta alcanzar la ventana.
—Puedes quedártelos. Esos papeles no te servirán de nada. —Se detuvo junto al cristal.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Celandia, visiblemente alterada, para variar.
—Que la sola firma de Hades ya no basta para vender Infra.
—¿Por qué?
La sonrisa de Persi fue lenta, incisiva.
—Porque todo lo que es de Hades también es mío.
Celandia arrugó la frente. Luego, al mirar a Hades, abrió los ojos lentamente. Las palabras calaron: «Tocad a mi mujer y no saldréis de aquí».
«Mi mujer.»
—Oh —dijo horrorizada—, no.
Persi alzó la mano, presumida. Su alianza reflejó la luz de los fluorescentes.
—Oh, sí.
Alzó el teléfono de Hades e inició una retransmisión en directo.
—Tengo que cumplir la promesa que le hice a una amiga —explicó—. Y eso incluye revelar bastantes secretos y hablar con los Dioses.
Su Brillo se concentró en la espalda hasta formar un par de alas esmeralda.
—¿Cómo? —preguntó Calix, enrojeciendo—. ¿De dónde has sacado ese poder?
—Del Prisma. Mi parte hada se ha fortalecido ahora que no tiene que compensar su desgaste. Irónico, ¿verdad? —Hizo un puchero con los labios. Disfrutó de cada segundo, viendo el rostro de Calix cambiar de color. Miró a Hades—. Encárgate de ellos, querido.
Y, dejándolos boquiabiertos, dibujó la runa de Raido en el cristal, que estalló.
Saltó a través del hueco. Hacia el Prisma.
~ ~ ~
Hades estaba en una situación complicada. Había aprovechado la distracción de Persi para ponerse el casco, pero seguía solo frente a varios altari.
Calix se movió hacia la puerta. Había tres Asfódelos como seguridad en la sala: un ángel, un kitsune y una gárgola, sin duda con entrenamiento militar. Era raro que no hubiesen llegado refuerzos. La alarma debía de haber opacado el sonido de la explosión provocada por Persi.
Evaluó la situación. Calix y Celandia parecían listos para huir a la menor distracción, Rob esperaba el momento de abalanzarse sobre él y Kara... había desaparecido. Lo más probable era que hubiera ido a por esos refuerzos. En resumen: estaba jodido.
Salvo porque tenía su runotecnia. Y lo más importante: a Dio al otro lado del casco.
— Izquierda, dos pasos. Cúbrete detrás del pilar —susurró su amigo.
Hades se movió, disparó dos veces y se ocultó en el lugar indicado. Le acertó de lleno al kitsune, que cayó antes de acercarse. Al ángel, que se dirigía hacia la ventana para perseguir a Persi, le atinó en un ala. Bastó para mantenerlo en tierra. Dio continuó:
— Aguanta . Hay ayuda en camino .
—¿Constructos?
— Sí, a unos minutos. Nos han detectado, hemos tenido que entablar combate. Vas a tener que apañártelas sin mis indicaciones .
Hades oía disparos al otro lado del auricular. Oía también a Izan maldecir.
—¿Habéis localizado a Jess y Lauren?
— Estamos en ello. ¿Cómo vas ?
—Sobreviviendo —respondió Hades, asomado para disparar hacia el ángel antes de que se recuperara.
Le acertó al fauno, obligando a la gárgola que intentaba flanquearlo por el otro lado a cambiar el rumbo para proteger a su líder.
Calix retrocedió y el miedo le cruzó el rostro—.
Céntrate en encontrarlas, yo me encargo de estos.
Lauren te espera —añadió, antes de que protestase.
Rob atacó. El Jinete lo evitó, aumentando su velocidad, y lo golpeó en la mandíbula. Robian, que no era un luchador, entró en pánico. Hades lo aprisionó para usarlo de escudo altari.
— Hemos encontrado la celda —informó Dio, entre jadeos y pasos acelerados.
Hades mantenía el control con dificultad.
El kitsune, apartado en una esquina desde el disparo, tejía ilusiones para confundirlo; por fortuna, el visor del casco le indicaba las partes que eran falsas.
Con un barrido rápido, apuntó a Celandia, que retrocedía hacia la puerta.
Kara, ya de vuelta, le hacía gestos desde la salida para que se diese prisa.
Antes de que pudiera detenerla, el ángel usó una corriente de aire para derribarlo, a pesar de Rob.
Hades soltó al vampiro, que salió volando, y regresó tras la columna.
A través del auricular llegó un alarido entrecortado. Hubo un ruido confuso y gritos.
— Informa Izan . —La voz de su amigo sonaba rasposa a través del auricular.
—Izan, ¿qué...? Me cago en mi vida —maldijo al ver que Celandia llegaba a la puerta.
Disparó, olvidando el auricular, para evitar que Calix la siguiese. El fauno se agachó y esquivó la bala. La gárgola, detrás de él, tuvo que convertirse en piedra para protegerse. Bien, eso le daba... Un minuto, por lo menos, antes de que la protección se resquebrajase.
— Dio ha caído. Repito, ha caído —explicó Izan— . Lo han matado .
—Cuida de sus cenizas —ordenó Hades, sintiendo que su seguridad menguaba.
Dio era la mente que mantenía el equipo unido desde la retaguardia.
¿Serían capaces de lograrlo sin él? Tendrían que serlo.
No era momento para dudar. Aprovechó que la gárgola estaba fuera de combate.
Agarró a Calix por la chaqueta y, furioso, lo lanzó hacia la ventana.
El fauno chilló al verse arrojado al vacío.
El ángel logró devolverlo a la sala a pesar del ala herida...
, pero Hades ya salía, tras derribar la puerta con Raido.
Los paneles del casco mostraron advertencias cuando atravesó los restos en llamas.