Noche púrpura 63. Cada vez que lloro, sé que fui afortunada #2
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63. Cada vez que lloro, sé que fui afortunada #2

Las luces de la celda se apagaron. La oscuridad fue pronto sustituida por el resplandor tenue de las tiras de luz de emergencia, que las sumió en una penumbra difusa.

Persi no se inmutó, estaba acostumbrada a aquel cambio durante los Ascensos.

No cayó en la cuenta de que esa vez era Vigilia. Enaire continuó:

— La energía que es transformada en esencias fluye por las Raíces. No raíces de árbol... sino canales, venas de piedra y metal que se extienden desde el Inframundo a cada ciudad. Esa es la energía que asciende cada noche en forma de lluvia y que alimenta las luces de emergencia.

Persi asintió, procesando la explicación. Las luces de emergencia funcionaban incluso durante el Ascenso y la luz que emitían no era blanca, sino del color de la esencia.

— Cuando llega a las ciudades se libera lentamente, filtrándose a través del subsuelo.

Así nace la Lluvia Ascendente: se condensa y asciende desde la tierra.

El vapor inicial es tan fino que lo penetra todo: vehículos y hogares.

Los altari la absorben, porque su esencia armoniza con uno de los siete tipos.

Sin los Ascensos, no tendrían magia en absoluto .

—Por eso las prisiones del Inframundo funcionan con los altari —comprendió Persi—.

No hay Lluvia Ascendente bajo tierra. Los que permanecen demasiado tiempo encerrados acaban perdiendo los poderes.

Y por eso se debilitan al vivir fuera de las ciudades.

No es que el Prisma los castigue por dejar de rendir tributo, sino por perder acceso a la esencia.

— Así es: ellos son las auténticas sanguijuelas. Calix sigue intentando arrancarme otra respuesta porque no puede encajar la verdad .

~ ~ ~

La sala de conferencias tembló. O a lo mejor era solo Calix, que no dejaba de mover la rodilla contra la mesa.

—Firma de una vez —chilló.

—La runomancia no te servirá para lo que quieres utilizarla.

El rostro del fauno se endureció.

—Robian. —Una orden.

Hades no esperó a que el vampiro lo obligara. Cogió la pluma y firmó el documento. Esto pareció aplacar a Calix un tanto. Se recostó, remangándose la chaqueta.

—Bien…, bien. Y ahora, que alguien vaya a esa celda y destroce esa maldita memoria de una vez.

~ ~ ~

Persi se abrazaba las rodillas mientras asimilaba la información. En la penumbra, la memoria brillaba como un faro.

—Aunque Calix no pueda liberarse del Prisma, eso no lo va a disuadir de sus otros propósitos.

Pretende causar Descolor a toda la humanidad.

Dijo que tú lo conseguiste, que te lo provocaste para que no pudieran interrogarte.

¿Es verdad? —No podía negar que sonaba como algo que su estúpidamente valerosa amiga habría hecho.

— El Descolor lo provocamos todos —dijo la memoria—. Es el resultado de un consumo excesivo de energía. Dependemos tanto de la tecnología que el Prisma se ve obligado a extraer más energía de los humanos. Cuando los agota, se convierten en Descoloridos .

—De ahí el pico de tensión en la red cuando hay una nueva víctima —adivinó Persi—. Pero ¿por qué cree Calix que lo causaste? ¿Fue casualidad que lo sufrieras esa noche?

Hubo un silencio.

— No lo fue. Yo se lo pedí .

—¿Se lo pediste? ¿A quién?

— Lo que voy a decirte ahora es muy importante —dijo Enaire—. Es lo único que puedo hacer para ayudarte. Y es, quizá, la única manera de salvar a tu padre del Descolor. Ahora depende de ti, de que consigas resolver lo que yo no pude .

Persi se incorporó.

—¿A qué te refieres?

— El Prisma es una memoria de luz, Persi. Es la memoria de los dos Dioses de Onyria .

—Eso es imposible. Las memorias comenzó a fabricarlas Infra hace solo unas décadas.

— Crearon la inteligencia artificial que permite comunicarse con ellas, no las memorias —la contradijo Enaire—. Pero ellos no están muertos, Persi. No necesitan una inteligencia artificial para hablar. Están dormidos, y sueñan, sueñan con nosotros .

—¿Cómo pueden ayudarme?

— Pueden liberarte. Existe un vínculo que nos conecta a humanos y Dioses, a través del que donamos energía al Prisma.

Búscalo en tu interior. Ellos están siempre escuchando al otro lado.

Entregarles más poder es sencillo, solo tienes que dejarlo ir, pedirles que tomen más de ti.

Y cuanta más energía transfieras, más sólido se volverá el vínculo. Entonces podrás hablar con ellos .

A Persi le pareció oír un ruido en el pasillo, un eco de pasos avanzando en tropel.

—¿Me liberarán si se lo pido?

— No, ceder más energía es sencillo porque el vínculo ya existe, pero para romperlo necesitarás algo más. Una runa: la runa del Prisma. Eso fue lo que me dijeron. No supe descifrarlo antes de que el Descolor me hiciese perder el conocimiento .

¿Podrían estar hablando de la runomancia?

Enaire conocía las runas, pero no sabía el poder que encerraban.

Tendría sentido. Hades creía que la runa del Prisma estaba relacionada con el Descolor.

Persi todavía recordaba cómo trazarla, pero ¿de qué serviría?

No le quedaba esencia y Hades le había dicho que ninguna la hacía funcionar, ni siquiera la luz de Prisma.

Persi se puso en pie. Sí, se oían voces al otro lado de la puerta.

—¿Y si no puedo resolverlo? ¿Y si al ser una mestiza no pueden oírme?

— Tienes que resolverlo, es la única manera. Te escucharán, estoy segura. Y, si liberas tu parte humana, serás más fuerte que cualquier altari .

PIP. La puerta se abrió. Persi se interpuso entre los altari recién llegados y la memoria.

—Destruid la memoria —ordenó uno de ellos.

—¡No! —Persi la alcanzó y la resguardó en el interior del puño.

Ahora que sabía que Calix no podría utilizarla, no iba a permitir que la destruyeran. La memoria podría existir, podrían seguir juntas. Había aprendido la lección: lo haría mejor, la devolvería a los Jardines Dormidos, a su estela. La visitaría cuando...

—Vas a venir con nosotros —dijo el altari que había ordenado destruir la memoria.

Ella le mostró los caninos y liberó el escaso Brillo que poseía. Cada latido bombeaba olas de rabia a través de su corriente sanguínea. La palabra «no» se repetía en su cabeza. Era un golpeteo creciente, como las primeras gotas de una tormenta. No. No. No .

No .

Se concentró, buscando el vínculo en su interior.

Lo localizó como un familiar tirón en la boca del estómago.

Había crecido con aquella sensación extenuante, pero, esta vez, la reconoció como lo que era: el Prisma, drenándola.

No era más débil que los altari por ser mestiza; era el Prisma, que se alimentaba de su parte humana.

Y, si se liberaba, toda esa energía quedaría a su disposición.

Una energía que no pertenecía a ninguna casta, que contenía el poder de todas.

«¿Hola?», susurró a través de aquel enlace.

—La memoria... —protestó el altari.

—Da igual, llevémosla arriba —replicó su compañero—. Calix se encargará de ella.

El altari la obligó a moverse hacia el túnel. Persi no se resistió. Se entregó al drenaje y a su tirón. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. No era frío ni calor, sino una ausencia, como si algo esencial se desprendiera de ella. Notó que la piel se le adormecía. La piel...

Estaba perdiendo el color. No era un cambio brusco, sino un blanco níveo que empezó a propagarse desde la punta de los dedos, como acuarela diluyéndose en agua. Enaire tenía razón; sintió el vínculo con más intensidad.

«Soy humana y soy altari. Te sirvo y bebo de ti — le dijo al Prisma, o a quien hubiera al otro lado— . Ya no quiero seguir sirviéndote. Quiero que me liberes.»

Los altari la escoltaron por corredores vacíos. Bajo la tenue luz de las tiras de emergencia, no parecían percibir lo que ocurría mientras la arrastraban. Persi repitió el mensaje una y otra vez, sin saber si alguien la escuchaba más allá.

«Libérame. Ya no os sirvo. No podéis tener mi poder.»

Persi reconoció la puerta al final del pasillo. Podía imaginarse lo que Hades se habría visto obligado a firmar allí dentro. Pero no dejó que el miedo la paralizara. Se aferró a aquel sumidero de poder. Y, cuando volvió a intentarlo, su voz interior sonó desesperada:

«Dejadme ir. Necesito de vuelta el poder que tomasteis de mí».

La visión se le nublaba en los bordes. Solo su parte hada evitaba que cayera inconsciente. Ya sin esperanzas, añadió: «Por favor, por favor».

«Hija de realidad y sueño —dijeron dos voces al unísono—. Ya conoces la runa. Úsala y sé libre.»

«No tengo esencia. No...»

«No la necesitas —dijo una de las voces. Decir que era de mujer sería decir que el fuego del sol era como el de una vela—. Es luz de Prisma lo que buscas: magia humana.»

«¿Cómo? El Prisma la drena toda.» No podía resolverlo, no sola...

«Ya lo has resuelto —dijo la otra voz. Decir que era de hombre sería decir que la oscuridad del Inframundo era como la de la noche—. Sabes de dónde obtenerla. Solo te falta la fuerza para reclamarla.»

Persi lo sabía, pero no era capaz. El altari la empujó con urgencia hacia la sala.

Dentro la recibió un silencio tenso. Fue la visión de Hades, derrotado ante los documentos con su firma aún fresca al pie de la página, lo que hizo que recordara las palabras de su padre.

No abandones a los vivos por la memoria de los muertos.

Calix suspiró al ver la luz titilante que salía del puño de Persi.

—Nunca aprendes, ¿verdad? Siempre me has parecido un hada a la que su humanidad le había arrancado las alas, pero veo que estás completamente rota.

Persi alzó la memoria. Hasta Rob la miró con lástima.

—Tú y yo, Ena.

— Siempre —dijo la memoria de Enaire.

Y, luego, explotó en mil añicos contra el suelo.