Noche púrpura 63. Cada vez que lloro, sé que fui afortunada
92%

63. Cada vez que lloro, sé que fui afortunada

CADA VEZ QUE LLORO,

SÉ QUE FUI AFORTUNADA

R econoció la celda a la que la llevaron. Era la que había visto vacía en la pantalla de la sala. Sabía que la estaban viendo. Miró fijamente a la esquina donde sabía que encontraría la cámara… Y apartó la vista. No tenía energías ni para dedicarles un gesto vulgar.

—Yo que tú descansaría. —Kara señaló una camilla, el único mobiliario de la estancia—. Si las negociaciones se alargan, quizá te hagan una visita... mejor estar con fuerzas.

Persi no se molestó en responder a la amenaza.

—Me conoces desde niña —dijo en cambio—. ¿Alguna vez te preocupaste por mí?

—Tu madre no me pagaba por preocuparme.

—Mi madre puede pudrirse en el infierno.

Kara atravesó la pared y la dejó a solas. La celda se quedó muy silenciosa de repente. Una luz titilante destacaba bajo el resplandor de los fluorescentes: una memoria de luz, como las que reposaban en los Jardines Dormidos.

— Persi, ¿estás bien? Si esos malnacidos te han hecho algo…

El hada se tambaleó como una muñeca de trapo. Olvidó que la observaban, olvidó la amenaza de Robian de influirla tras la negociación para que volviera con él; todo, a excepción de la luz titilante. La habían encerrado con la memoria de Enaire.

Pero aun así… Su querida Enaire. Su amiga. El alma más afín a ella que había conocido.

Había extrañado su voz hasta lo indecible.

—Enaire, lo siento, lo siento tanto —se disculpó.

No sabía si era lo adecuado, pero, aunque fuese una copia, estaba ante la memoria original de su mejor amiga. La que sabía que había muerto.

— ¿Por ser una cerda mentirosa que lleva años haciéndome luz de gas sobre estar muerta ?

—Por eso también. —Esbozó una mueca de dolor.

Y es que, en su egoísmo, Persi había sustituido sus últimos días de vida con un resumen de lo ocurrido esos últimos años, después de su muerte.

Cada vez que Enaire ataba los cabos, la restauraba desde cero, urdiendo un nuevo engaño.

A veces había tardado meses en tener que reiniciarla; otras, solo unas horas.

— Calix ha dejado que leyera las conversaciones que tenías guardadas antes de extraerme. Las recuerdo todas: cada vez que me mentiste. Dioses, sabía que tenías un problema con huir de los conflictos, pero ¿fingir que seguía viva? ¿En qué Prismas pensabas ?

—No tenía a nadie más, Ena.

— Perdona que te diga, guapa, que eso es una tontería y que tú eres aún más tonta .

Persi esbozó una sonrisa que le supo a sal. Veía la memoria de luz como un pequeño borrón luminoso a través de las lágrimas. Se limpió la mejilla, manchándose de maquillaje.

—Debería haber sido yo. —Eran las palabras que había guardado esos años.

— No seas boba .

—Tú habrías seguido luchando. Habrías encontrado la solución. Yo me rendí.

— No estarías aquí dando pena si te hubieses rendido .

—Estoy intentando mejorar.

Cerró los ojos y se relajó contra la pared.

Se sentía en paz. Los días posteriores a perder la memoria había llorado la muerte de su amiga, la muerte definitiva.

Le sorprendía que todavía le quedasen lágrimas para ese encuentro.

La aliviaba que así fuera. «Está muerta de verdad», pensó.

«Este dolor es real. Tanto como lo mucho que la quise.

Cada vez que lloro, sé lo afortunada que fui al conocerla. »

La luz titiló.

— Pero ya no estás sola. Tienes a Hades. Se preocupa por ti, y lo quieres .

—Hay mucho que no sabes. Él fue el Jinete que me ayudó aquella noche.

Persi sabía que la memoria no era Enaire, que no lo era de verdad . Pero aún necesitaba saber qué habría pensado. Era su mejor amiga, su consejera... Se lo contó todo.

—Pudo haberte salvado si hubiera intervenido antes —concluyó.

— Es verdad, lo que hizo tuvo consecuencias, igual que lo que hicimos nosotras. ¿Lo odias ?

Persi vaciló. Descubrirlo le había dolido, pero lo había perdonado, no le había costado hacerlo. Había rabia... pero también un amor más profundo que esta.

—No —confesó—. ¿Significa que soy una mala amiga?

La memoria titiló de súbito, como si se estuviera riendo.

— Claro que no, petarda. Significa que estás sanando .

—Pues más bien siento que me muero.

— Así es como se siente sanar. Duele que flipas. Eso es que vas bien .

—Que te den, Ena. No tienes ni idea de lo que es vivir en un mundo donde no existes.

— Pues no —admitió—. Me imagino que será una mierda porque yo era la repera .

—Es una mierda —confirmó Persi.

— Mira, no puedo consolarte. Ojalá pudiera decirte que estoy en un lugar mejor, pero la verdad es que no tengo ni puñetera idea.

Mi alma se piró, cruzó el Río. Soy solo la memoria que quedó atrás.

Algún día morirás y cruzarás también y entonces podremos discutir juntas con más calma al respecto.

Pero ahora necesito que me escuches. Hay algo que no pude contarte antes de morir.

Lo que descubrí antes de viajar a Embra…

—No. —Persi hizo amago de levantarse para impedir que siguiera hablando, aun sin estar segura de poder romperla de nuevo: hacerlo había sido como romperse a sí misma—. Ena, nos están escuchando. Esto es lo que Calix quería cuando me encerró contigo.

— Calix es un gilipollas. No sabría qué hacer con la verdad, aunque se la dijera.

De hecho, lo hice para que cerrara el pico.

Y no la aceptó. Creyó que le estaba mintiendo .

—Había un deje de diversión macabro en la voz de Enaire—.

La verdad no es la que él quería y ahora está cagado.

Quiere a Sabatier. Cree que, cuando descubra qué arte emplea para fabricar la runotecnia, encontrará la clave para resolver todos sus problemas .

—¿Qué quieres decir?

— Que ni siquiera las runas pueden ayudarlo .

—¿Por qué...? Espera, ¿conoces las runas?

— Pues claro que sí. ¿Qué clase de sacerdotisa te crees que soy ?

—No, me refiero... —Persi se detuvo, buscando las palabras correctas para no revelar demasiado a quienes estuvieran escuchándola—. ¿Sabes lo que puede hacerse con ellas?

— Fue una de las cosas que descubrí en esas últimas semanas.

El conocimiento estaba oculto en las historias antiguas, en nuestras oraciones y canciones litúrgicas.

Diluido, mezclado, enmarañado. Tardé mucho en organizar las piezas, en comprender que algunos de los milagros que se narraban en nuestros textos sagrados no eran tan metafóricos como nos hacían creer. Pero no logré utilizarlas .

«Pues claro que no», pensó Persi. «Porque necesitabas una fuente de esencia, saber lo que hacías para tener una intención clara y utilizar las runas secundarias adecuadas. Ay, Ena, ojalá hubieras estado conmigo en las lecciones de Jess. Habrías arrasado.»

— Persi, el Acervo nos miente —continuó Ena—. Todo lo que cuenta es una gran mentira. Esa es la verdad que le dije a Calix, la que no pudo soportar: el Prisma no se alimenta de la energía de los altari, sino de la de los humanos .

En la cabeza de Persi, se abrió un silencio espantoso.

~ ~ ~

—¡Miente!

Calix golpeó la mesa con tal fuerza que hizo que Hades se estremeciera. Incluso Celandia, impasible hasta ese momento de la conversación, observó al fauno con suspicacia.

—Saben que las escuchamos, por eso mantienen este teatro —vociferó Calix. Colocó los papeles frente a Hades con un gesto brusco, arrugándolos en el proceso—. Firma.

Hades fijó la mirada en el contrato de venta de Infra.

Aquel documento cedía todo un legado. Con él, Hades entregaba cualquier secreto empresarial, incluido el conocimiento preciso de cómo manipular la magia a través de las runas.

Calix tendría vía libre para desarrollar runotecnia y Hades sabía que intentaría usarla para provocar el Descolor.

Y sí, la runotecnia estaba prohibida en humanos.

Pero ¿cuándo había detenido la ley a los Asfódelos?

Y lo peor: todo se encubriría bajo una adquisición corporativa de Celandia.

Fugaz adquiriría Infra y lo anexaría a su conglomerado.

A ojos del mundo, sería solo una transacción entre dos titanes del sector.

Para Celandia, era una doble victoria: eliminar a un competidor y, al mismo tiempo, ayudar a Calix a obtener el poder con el que soñaba, a cambio de marcharse con su hija. Todos ganaban. Todos, menos Hades.

Y la humanidad.

Pero tenían a Lauren, a Jess. Y, si se negaba, dudaba que Persi saliera indemne. Cogió la pluma. No tenía opción. Retrasarlo solo conseguiría que Calix perdiese la paciencia y recurriese a Robian. Sin runotecnia, estaba totalmente expuesto a su influencia.

La voz de Persi cortó el silencio.

~ ~ ~

—¿Qué?

La memoria de Enaire titiló.

—¿ Te has fijado alguna vez en los ornamentos del Templo del Prisma? Los frisos representan a cientos de humanos sosteniendo a las siete castas altari... y al Prisma .

—Querían dejarnos claro que eran superiores —dijo Persi.

O al menos, así era como lo interpretaba el Acervo.

— Yo también lo pensaba, pero no. Están ahí porque son la base: la energía humana sostiene el equilibrio. El Prisma la filtra y la transforma en las siete esencias. Una para cada runa, una por cada día de la semana .

~ ~ ~

Hades detuvo la pluma sobre el papel. Calix tenía los labios tan fruncidos que eran solo una fina línea desprovista de color; tomó el control de la pantalla, dispuesto a apagarla. Celandia lo detuvo.

—¿Por qué molestarse si no son más que tonterías?

~ ~ ~

—Con cada día de la semana quieres decir… —empezó Persi.

— A la Lluvia Ascendente. Sé que suena extraño, pero piénsalo, es así como funciona un prisma: recibe luz blanca y la difracta en colores, no al revés.

Los humanos no tienen casta, la esencia que vierten al Prisma es blanca.

Cuando el Prisma la absorbe, la transforma, la difracta en siete colores: siete tipos de esencia.

El excedente de luz blanca recorre los sistemas y, aunque ya debilitada tras haber formado las siete esencias, alimenta nuestra tecnología .