44. Una de cal y otra de desconfianza
UNA DE CAL Y OTRA
DE DESCONFIANZA
U nos golpes insistentes despertaron a Persi. Había tardado en dormirse, había hablado con Enaire hasta tarde, y estaba tendida entre un lío de sábanas. Se cubrió con ellas para seguir durmiendo. El ruido, sin embargo, persistió, seguido por la voz tranquila de Hades:
—¿Persi?
Al abrir los ojos, la sorprendió la cantidad de luz que entraba por la ventana, entre los magnolios. Apenas quedaban restos de nieve en el jardín. Hurgó entre las sábanas en busca del teléfono…
Prismas, había dormido hasta mediodía. Se incorporó, vestida solo con la camiseta de Hades. Llevaba más de veinticuatro horas sin ver el agua y apestaba.
—Persi, ¿puedo pasar? —Hades sonaba preocupado—. No has salido en todo el día.
—A lo mejor no salgo nunca —gruñó para sí, poniéndose los pantalones del día anterior.
Dioses, realmente necesitaba un baño, y ropa de su talla. Se sentó en la cama, se arregló el pelo con las manos lo mejor que pudo y le dijo que pasara. Hades abrió la puerta.
—Los demás ya se han marchado. Me pareció que dormías y no quise despertarte.
—¿Cómo están las cosas ahí fuera? —No tuvo que especificar a qué cosas se refería ni que «fuera» significaba «dentro» de la Prismared.
—Mal.
—¿Mal en plan debería quedarme en la cama para siempre?
—Mal —repitió él, a secas—. Pero, si fuera tú, no volvería a la cama sin darme un baño.
Vale. Captado, sí que apestaba. Se cubrió la cabeza con la sábana a modo de capucha.
—¿Estás… bien? —preguntó Hades, clavando la vista en el móvil junto a ella—. Lo mejor sería que evitases las redes un tiempo. Mi psicóloga dice…
—¿Has hablado de mí con tu psicóloga? —«¿Tienes una psicóloga?»
—Bueno, tu situación no es un secreto. Y que me pilla de cerca tampoco —le recordó—. Y a mí me ha ayudado con temas parecidos.
—Temas parecidos —repitió ella, sardónica—. ¿También pensaban que habías dejado a tu prometida plantada en el altar por alguien de dudosa reputación?
—La gente piensa cosas peores. Y lidiar con esa «dudosa reputación» fue… un proceso.
«Tuve que aprender a utilizar la mala reputación como un arma», había dicho el día anterior.
Y…, Prismas. Ella estaba al tanto de los rumores que circulaban sobre él, solo que no se había parado a pensar en cómo lo afectaban.
Siempre parecía tan… sereno. La gente era imbécil a la hora de sacar conclusiones sobre los demás.
Ella, la primera. Hades estaba esforzándose por echarle un cable; lo mínimo que podía hacer era permitírselo.
—¿Qué ha dicho tu psicóloga? —musitó, desviando la vista.
Percibió una sonrisa en la voz de Sabatier.
—Que no caigas en la tentación de ver qué dicen. Si no te ves capaz, te lo guardo.
—No. —Persi dio un respingo y aferró el teléfono—. Quiero decir, no hace falta.
—No tienes que avergonzarte por…
—No —repitió, tajante—. Estaré bien.
En futuro, porque afirmar que lo estaba habría sido mentir, pero la restricción no le impedía hacer suposiciones. Él no insistió.
—¿Dio ha descubierto quién lo hizo? —preguntó ella.
—Todavía está en ello. Y Jess está buscando una solución a lo de la ciudadanía.
—Dudo que la haya.
—Se le ha ocurrido una idea, pero es un poco…
Persi ladeó la cabeza.
—¿Un poco qué?
—Es mucho que asimilar nada más despertarse. Más tarde. Te he traído ropa. —Hades le tendió un bulto: otro pantalón corto y una camisa blanca de rayas—. ¿Qué tal si empiezas por darte una ducha, desayunar y comprar algo de ropa para los próximos días?
Aquello acrecentó la curiosidad de Persi. Pero el plan que le proponía… Sonaba bien.
—Sobre eso… ¿De cuánto tiempo estamos hablando? —¿Cuánto podía quedarse hasta agotar su generosidad?
Él no parecía entenderla.
—No puedo quedarme en tu casa para siempre —explicó ella.
—Ah, ya —convino, aunque sonó como si fuera la primera vez que lo consideraba—. Quédate cuanto quieras. La habitación es tuya el tiempo que la necesites.
Persi supuso que era una forma de hablar, pero al menos significaba que no tenía una fecha límite de la que preocuparse por el momento.
—¿Y bien? —le preguntó a Persi, que ya se dirigía al baño con la ropa—. ¿Te quedas?
—No tengo a donde ir.
—Pensaba que querrías mudarte con tu amiga.
Ella abrazó la ropa contra el pecho, pensando en cómo responder…, sin responder.
—Ya no puedo viajar libremente —arguyó. La restricción de movimiento era una de las muchas a las que se enfrentaría ahora que no contaba con la ciudadanía—. Necesitaría un permiso para comprar billetes de avión a otra ciudad y dudo que me lo concedan.
Él pareció a punto de replicar, pero se contuvo: más tarde, le había dicho.
—¿Quieres que pida algo de comer? —volvió a detenerla antes de que entrara en el baño.
Persi observó al hombre que tenía delante: el pelo apartado de la frente con descuido, la camisa arrugada.
Se preguntó si habría comido y se dio cuenta de que no, de que seguramente había esperado a que se despertara para hacerlo juntos.
El descubrimiento la hizo sentir... arropada.
Había estado a punto de decir que no, y Hades parecía estar esperando con paciencia su rechazo. Pero estaba harta de decir que no.
—Cualquier cosa con arroz —carraspeó—. Y huevos. Fritos. Solo eso, en realidad. Arroz y huevos. ¿Crees que repartirán algo parecido?
Hades dejó escapar una risa suave.
—Para ti estoy seguro de que sí.
~ ~ ~
— ¿Ya nos echas de menos ? —La voz de Jess chasqueó entrecortada al otro lado de la línea, parecía estar conduciendo—.
( Sí, es Hades .) —Se oyó que le decía a alguien con un suspiro de resignación—.
( Si quisiera hablar contigo, te habría llamado a ti .) —Un bufido—. Izan quiere que sepas que está aquí .
Hades vertió los huevos en la sartén; el chisporroteo del aceite acompañó la discusión al otro lado de la llamada. Sus pensamientos, sin embargo, estaban en el piso de arriba, con Persi. Podía oír el agua de la ducha corriendo.
—Necesito que solicites un permiso de viaje, por si Persi decide marcharse.
— Si se mueve a otra ciudad, será más difícil protegerla —sonó contrariada.
—No quiero que sienta que la retenemos.
— ¿Adónde quiere ir ?
—Tiene una amiga. Podríamos vigilar el edificio en el que viva y asegurarnos…
— Sobre eso, Dio quiere investigarla —comentó Jess, como si no tuviera importancia.
—¿Investigarla? —Hades se detuvo a medio camino de tomar un cuenco para el arroz.
— Ajá. Se le ocurrió que ella podría conocer las contraseñas de Persi .
—Persi dijo que nadie las tenía —replicó Hades, frunciendo el ceño.
— Siendo tan buenas amigas, podría haber visto cómo las introducía alguna vez .
Se le revolvió el estómago. Si era cierto, la traición sería devastadora para Persi.
—No me parece correcto hacerlo sin decírselo —vaciló.
Jess tardó un instante en responder. Parecía nerviosa.
— ¿Recuerdas cuando nos pediste que investigáramos a Persi antes de que se mudase a Irisada ? —Adoptó un tono más serio—. Solo se relacionaba con Rob. ¿No te parece extraño que no supiéramos nada de esta supuesta mejor amiga ?
—Vive en otra ciudad. Hablan por llamadas y mensajes.
— ¿En qué ciudad ? —Hades no respondió—. ¿ Sabes al menos cómo se llama ? —Otro silencio—. Persi estaba a punto de casarse —insistió Jess—. ¿ No te parece raro que su mejor amiga no viajara a Irisada para acompañarla ?
—Tendrá sus razones. Persi no parecía molesta —intentó convencerse.
— Persi tampoco parecía molesta con Rob… hasta que casi la deja seca . —Jess dejó que las palabras calaran—. A mí también me parece sospechosa. ¿No confías en nosotros ?
—Que confíe en vosotros no quita que pueda pensar que estáis siendo paranoicos. —Jess se quedó callada. Los huevos en la sartén empezaron a desprender un olorcillo a quemado. Se apresuró a sacarlos a un plato. Al final, cedió—. Está bien. Hablaré con Dio y…
— Ya la ha investigado .
El corazón de Hades dio un vuelco.
—¿Qué?
— Estuvo buscando una humana que coincidiera con lo que nos contaste en los censos de Orthilia, Elatheia, Tul’Verar y Hefestia. Y, luego, cuando no la encontró, la buscó también en Embra y Meridol, hasta en Irisada. Esa chica no existe .
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Hades, frunciendo más el ceño.
— Que no existe, Hades —repitió Jess—. Lo siento, pero Perséfone te está mintiendo. Sé que se supone que no puede hacerlo, pero de alguna forma ha logrado engañarte .
—Hablé con ella.
— Dio lo comprobó: Persi solo tuvo una compañera de piso, años antes de mudarse a Irisada. Convivió durante años con una chica de su mismo barrio: Enaire Marengo .
—¿Enaire? —Ese nombre...
— Era una acólita del Prisma, trabajaba como sacerdotisa en el templo de Meridol. Persi y ella compartieron piso durante la universidad, pero, Hades, es imposible que siga hablando con ella, es ...
—La chica que falleció hace tres años a manos de los Asfódelos —terminó Hades. La conclusión le había llegado como un torrente, todo había encajado en su cabeza en unos segundos. Un escalofrío le bajó por la columna. Aquella chica era la mejor amiga de Persi—. ¿Estás segura?
— Dio te está enviando la información —confirmó Jess, con un tono que sugería que lamentaba profundamente tener razón—. Persi está hablando con alguien, pero no es quien te ha contado. Lo siento .
Hades cerró los ojos. Justo cuando pensaba que Persi empezaba a confiar en él…
¿Por qué le ocultaba la verdad? ¿A quién intentaba encubrir?
Aquello era malo, como todo lo que escapaba a su control.
Pero… las había escuchado hablar. La chica no parecía peligrosa.
Incluso había intentado convencer a Persi de que se fiase de él.
Le dio las gracias a Jess y colgó. Arriba, el agua había dejado de correr y se escuchaba un secador de pelo. Terminó de emplatar la comida. No obstante, mientras esperaba a que Persi bajase, no dejó de darle vueltas a una idea. Volvió a coger el teléfono y llamó a Jess.
—Pídele a Dio que investigue también quién puede haberse estado comunicando con Persi a través de un número oculto.
Y una cosa más, pásame a Izan. —Se oyó un sonido de júbilo al otro lado—.
Necesito que vayas a los Jardines Dormidos y visites la estela de Enaire.
Quiero que le preguntes a su memoria si sabe con quién puede estar hablando Persi.
Era la persona más cercana a ella que conocía.