40. Todo mal, pero con buena actitud
TODO MAL, PERO
CON BUENA ACTITUD
H ades echó un vistazo de reojo a Persi, que se retorcía un mechón alrededor del índice.
—¿Quieres café?
Ella asintió. Hades rellenó el aparato con granos de café.
El molinillo llenó la silenciosa cocina durante unos segundos.
Pensó en cómo distraerla. A lo mejor podía preguntarle sobre su amiga; hablar de ella la había animado la noche anterior.
Sacó un par de tazas del armario. El aire tenía el aroma intenso del café recién molido.
—¿Cuánto tiempo le falta al bizcocho?
La pregunta lo arrancó de sus pensamientos. Consultó el reloj.
—Veinte minutos. ¿Quieres leche?
—Sí, por favor.
A Hades no le gustó lo aquietada que sonó. Mientras cocinaban, la había sentido presente, cerca; no quería perderla. Le tendió la taza, pero cuando Persi la rodeó con las manos, rozándole los dedos, Hades no la soltó de inmediato.
—¿Estás bien?
Ella lo miró. Asintió, forzando una sonrisa. Hades odiaba la frecuencia con la que le mentía con sus gestos. Retiró la mano y la dejó caer a un costado. Acarició el dedo corazón con el pulgar, echando en falta el contacto de inmediato.
Persi se sentó en uno de los taburetes. El pantalón corto se le subió con el movimiento, revelando una franja de piel menos bronceada en la parte superior de los muslos. Hades intentó pensar en otra cosa. Supo que no lo había logrado cuando Persi dijo:
—Se te van los ojos.
«Cazado.»
Se llevó la taza a los labios, urdiendo una excusa. Persi no le dio ocasión de usarla.
—¿Qué estarías haciendo a estas horas? —le preguntó.
—¿Te interesa de verdad o vas a hacer un chiste sobre mis pasatiempos de villano?
—Solo me preguntaba qué estaría haciendo mi niñero si no me hubiera acogido.
Cruzó las piernas, lo que provocó que el pantalón se le subiese más. Hades se las apañó para registrar el detalle sin apartar la vista de la nariz de Persi.
—¿Qué crees tú?
—Ni idea. —Se encogió de hombros—. ¿Páginas de citas?
—¿Con qué propósito?
—¿El habitual? —repuso—. Y, ya sabes, salvaguardar la fachada de villano misterioso.
—Eso sí que vas a tener que explicármelo.
—Como primer paso, encandilas a tus citas con tu colección de juegos de corbatas.
—¿Eso hago?
—Las llevas a cenar y al día siguiente les envías un ramo de flores con una nota bonita, pero seca, probablemente escrita por tu secretaria. En tu caso, podría ser Izan.
—Estoy seguro de que Izan estaría encantado de hacerlo.
—Algo en plan: «Gracias por esta noche maravillosa, Margarita; espero que te hayas divertido». No la volverás a llamar, porque la vida de empresario no es compatible con la familia ni las citas reincidentes, y empezarás a buscarte a otra supermodelo para la siguiente.
—¿De dónde sacas esas cosas?
Ella continuó, ya metida en la narrativa.
—Aunque algún día tendrás que comprometerte, claro.
Cuando tu junta directiva decida que la imagen de soltero exitoso ya ha pasado de moda y el matrimonio le dé madurez a tu apariencia.
Tendrás que dejarte barba —añadió pensativa, y Hades se tocó la cara, que había vuelto a afeitarse esa mañana—.
A esa tendrás que enviarle flores tres veces a la semana y dejaros ver juntos en público al menos dos veces al mes antes de anunciar vuestro compromiso.
Será una ceremonia sencilla en la playa...
—Soy más de montaña.
—... invitando a la banda del momento. El bebé, que indiscutiblemente será una niña…
Hades se acercó a ella y le quitó la taza de la mano. Eso consiguió que Persi se callara.
—Demasiada cafeína por hoy.
Persi miró la taza requisada y luego lo observó a él, arrugando la nariz de una forma muy graciosa que lo hizo sonreír.
—Hay cientos de series al respecto —explicó—. Mi parte favorita es en la que ella te pide el divorcio justo cuando te das cuenta de que te habías enamorado de verdad.
—Ves demasiadas series.
—¿No quieres saber por qué una niña?
Los interrumpió una cancioncilla. Persi se bajó de un salto del taburete y rescató la taza de la incautación, arrebatándosela de las manos.
—Es mi teléfono. Tengo que contestar.
—¿Sabes quién puede ser? —preguntó Hades. Aunque lo que de verdad quería preguntar era «¿no será el desgraciado de tu prometido?».
—Una amiga —lo tranquilizó Persi, adivinando su inquietud—. Le dije que la llamaría.
—¿La que tiene interés por mi culo?
—Sí. Debería ir. La tarta…
Hades negó con la cabeza.
—No te preocupes, yo me encargo. Ve.
~ ~ ~
Hades estaba sacando la tarta del horno cuando llamaron al timbre. Dejó las manoplas sobre la mesa y se dirigió hacia la entrada.
—Abre la maldita puerta, Hades. Nosotros también queremos ver a Persi —la estridente voz de Izan se colaba en el recibidor a través de la puerta.
—Vas a conseguir que nos deje fuera —lo reprendió la voz de Jess.
—Hades, date prisa. Se nos está congelando el culo aquí fuera —protestó Dio al tiempo que unos golpes sacudían la puerta.
El interpelado abrió con un tirón seco. En el porche, sonriendo como angelitos, se encontró a las tres personas a las que recordaba haber pedido que se quedaran en sus casas. Izan, en el medio, sostenía una caja de aspecto pesado.
—Creí haberos dicho que no vinieseis —los saludó Hades.
La aguanieve era ya más nieve que agua. Caía en remolinos, cuajando sobre el empedrado del jardín. Jess le dedicó una mirada a Dio de: «¿Qué os decía?».
Dio puso los ojos en blanco.
—Pues creíste mal —respondió.
—Era una forma de hablar. Estoy seguro de que os dije que os quedaseis en casa.
—Gracias por preocuparte por nosotros. —Izan le dio un golpe en el hombro a modo de saludo y entró en la casa sin ninguna vergüenza—. Puedes seguir embobado con Persi a tus anchas, por nosotros no te cortes. Por cierto, ¿dónde está?
Hades fue tras él, dejando la puerta abierta para que entrasen Jess y Dio.
—Arriba, hablando por teléfono.
—¿Con la sanguijuela? —preguntó Dio.
Hades apretó los dientes. Malditos chismosos.
—Con una amiga.
—¿Qué huele tan bien? —Jess cerró la puerta y los adelantó, yendo directa a la cocina.
Él se frotó la nuca con resignación.
—Hemos hecho una tarta.
Sus tres amigos intercambiaron una mirada cargada de intención.
—¿Qué? —gruñó.
—Que sois una monada —aseguró Jess.
Hades deseó seguir el ejemplo de Persi y encerrarse en su habitación.
—Dio, ni se te ocurra —lo advirtió.
El fénix se alejó de la tarta con las manos en alto. Izan dejó la caja sobre la mesa.
—Estaba en el porche cuando llegamos —explicó.
Hades se acercó con interés renovado.
—Ah, he pedido un par de cosas para Persi.
Dio soltó un silbido.
—Madre mía, lo que nos espera —comentó, abriendo una bolsa de palomitas que Hades ni siquiera recordaba tener en la alacena.
Este guardó la tarta en la nevera y cogió la caja bajo un brazo.
—Voy a llevársela. No toquéis la tarta. —Eso último lo dijo clavando la mirada en Dio.
—Sí, papi —respondió él, se fue al salón y se dejó caer cuan largo era en el sofá.
~ ~ ~
—¿Persi?
Hades se asomó a la habitación. Persi estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la cama, abrazando un cojín. Tenía el móvil delante. Hades no podía ver con quién hablaba, porque tenía la pantalla hacia ella, pero oyó una voz femenina.
— ¿Es Sabatier ?
—Eso parece. —Persi levantó los ojos hacia él.
— Quiero darle las gracias por acoger a la acabada de mi amiga en su momento más acabado .
—Acabas de hacerlo.
— En fin, Hades, aunque finja ser una chica dura e independiente…
—Soy independiente.
— Malamente. No quisiste mudarte a Irisada con tu madre porque no puedes vivir sin mí .
—Chist. No le cuentes esas cosas.
Hades dejó la caja sobre la cama y sacó un cúter del bolsillo para cortar los precintos.
—Pensaba que Celandia se había desentendido —comentó, a modo de pregunta.
La amiga de Persi no tardó en darle más detalles.
— Quiso internarla en uno de esos centros pijos de Irisada cuando cumplió doce años. Hasta le ofreció la ciudadanía completa si accedía .
—No iba a dejar a mi padre por los caprichos de Celandia —protestó Persi.
— Su padre quería que aceptase —le dijo la voz a Hades, a quien empezaba a hacérsele extraña aquella conversación con la parte trasera de un móvil—. Pero Persi puso como condición que yo fuese también. Es que era su única amiga, ¿sabes ?
—Yo también era tu única amiga, flipada.
— Celandia opinaba que su hija no debería «mezclarse» con humanos, y Persi…
¿Qué fue lo que le dijiste? Algo sobre habérselo pensado mejor antes de follarse a uno.
A su padre lo dejó acojonado con ese vocabulario, y menos mal que no supo que se lo había pegado yo …
Aunque no lo parezca, Persi sabe sacar las uñas .
Persi sonrió, arrugando la nariz, y le enseñó la manicura a la cámara.
—¿De verdad te ofreció la ciudadanía completa? —preguntó Hades.
—Es una mentirosa de mierda igualmente. Danos un momento —le dijo a la pantalla.
— Oye, ni se te ocurra, pedazo de…
Persi puso el teléfono boca abajo, amortiguando el final de la frase, y se acercó a la caja.
—¿Es para mí?
—Solo un par de cosas que pensé que necesitabas.
Abrió la caja, mostrando los productos del interior: perfumes, maquillaje e incluso rutinas de limpieza facial. Sabía que eran los que ella usaba. Cambió el peso de un pie al otro mientras ella curioseaba. «Es demasiado», pensó; se había pasado, a lo mejor…
—Estoy un poco asustada —reconoció.
Se había pasado.
—Pensé que te ayudaría tener tus cosas contigo —se excusó.
— Prismas, Persi, ya entiendo por qué no me lo quieres presentar —chilló su amiga desde el teléfono—. Me jode, pero lo entiendo .
Persi dejó un cojín casualmente sobre el teléfono y luego volvió a mirar a Hades como si no hubiera hecho eso en absoluto.
—Pero… ¿cómo…? —Parecía cauta, a medio camino entre la ilusión y la desconfianza.
Él le quitó importancia.
—Vi tus vídeos. Estos los recomendaste en el de «Cinco productos sin los que no puedo vivir» —enumeró, sacando los envases a medida que hablaba.
—Y tú los compraste —dijo ella, como pasmada.
—No quería que murieras.
Persi soltó una carcajada, sorprendida.
—Ay, Hades, no sé ni qué decir. —Él sonrió, viendo cómo acababa de sacar los productos—. ¡Dioses, este me encanta! Es difícil de encontrar.
—Tengo mis contactos.
Ella puso los ojos en blanco, como diciendo «no me digas», pero fue un gesto breve, porque ya estaba concentrada en el siguiente producto.
—Este en realidad es bastante chusta; era un vídeo promocionado. No me mires así, todos hemos tenido que hacer sacrificios para llegar a donde estamos.
—El sacrificio lo he hecho yo al pagarlo. —Hades miró el producto con mala cara.
—Y a cambio has aprendido a no fiarte de los influencers . De nada.
— Oye, ¿vas a hacerme caso o solo sigues en llamada para que sepa que no soy la favorita de los Dioses ? —protestó su amiga. A Hades la voz le resultaba familiar, pero no acababa de ubicarla.
Ella cogió el teléfono y comenzó a enseñarle los productos a su amiga. Unas carcajadas llegaron del piso inferior y Hades las interpretó como una señal para regresar.
—Izan, Dio y Jess están abajo. —Dudó—. No tienes por qué bajar si no te apetece.
Persi solo asintió, sin comprometerse. Hades recogió la caja vacía y salió del cuarto.
— ¿Se ha marchado el empresario atractivo? — La voz lo detuvo en la cima de las escaleras. Le sonrió al pasamanos. Sabía que debía seguir caminando, pero esperar la respuesta de Persi era demasiado tentador.
—¿Te das cuenta de que estás diciendo frases de telenovela de bajo presupuesto?
— ¿Ya lo has visto sin camiseta ?
—De momento solo una vez. Pero a lo mejor encuentra la oportunidad de lucirse, nunca se sabe con los hombres que van al gimnasio.
Hades meneó la cabeza.
— Me parece increíble que hayas aceptado quedarte en su casa. No, no te estoy criticando. Creo que es bueno que confíes en alguien .
—No es que tenga muchas alternativas, que digamos.
— Porque Rob fue un capullo contigo .
Persi tardó un momento en responder.
—Sí. —Un pequeño suspiro.
— Sabatier parece majo. Creo que podrías hablar con él .
Un silencio.
—No lo sé. Quizá me lo piense.
Más silencio.
— Persi, sabes que no puedes…
Suavizó la voz, por lo que Hades no llegó a oír la siguiente frase. Bajó las escaleras, dejándolas hablar en privado.