31. ¿Cómo se huye de una misma? Es para una amiga #2
Cuando regresaron al coche, ya atardecía. Hades le entregó un pequeño paquete antes de arrancar. Era negro y tenía un lazo plateado: muy corporativo.
—Los vas a necesitar durante la cena. Tómatelo como un pequeño regalo de bodas.
Persi abrió el paquete con curiosidad. Había un par de pendientes en el interior. Eran una cosita sencilla, con un cierre de oro y una esfera nacarada.
—¿Para estar a la última?
Hades bufó una risa.
—Son auriculares. Puedes apagarlos y encenderlos con un toque. Estarás en contacto con Dio en todo momento.
—¿Tengo que metérmelos por las orejas?
—Madre mía… —Hades se retorció en el asiento, desabrochándose el cinturón de seguridad para cernirse sobre ella—. Trae.
Le apartó el pelo, colocándoselo detrás de la oreja, y le ayudó a colocar el par, enganchándoselo en el lóbulo con un clic.
Persi contempló el resultado en el espejo, boquiabierta.
—No te creo. ¿Esto es un auricular?
Hades se apartó reticente y se dejó caer sobre el asiento.
—Adelante —dijo—, pruébalos.
Ella bajó la visera solar para verse en el espejo. Dio un toquecito al pendiente. Durante un instante, la runa de Uruz se iluminó en la esfera blanca.
—¿Hola? —Persi se sintió bastante ridícula y echó una mirada de reojo a Hades, por si se estaba quedando con ella.
Pero el directivo solo la miraba expectante, con las cejas ligeramente alzadas.
— Vaya, pero si es mi hada menos favorita .
La voz le llegó a Persi incluso más nítida que si tuviese puestos sus auriculares. Era como si le sonase en el interior de la cabeza.
—Depende —dijo—. ¿Tu hada menos favorita es una medio hada que acaba de recibir los auriculares más molones de Onyria?
Hades esbozó una sonrisa petulante. Un bufido le llenó la cabeza y luego, otra voz, femenina.
—¿ Esa era Persi? ¿Quién te ha dado permiso para hablar con mi nueva mejor amiga sin mí ?
—¿Jess?
— Holi, ¿qué tal por Irisada ?
—Esto… ¿Dónde estás tú?
— En Embra. Dio ha venido a recogerme al aeropuerto. Me quedaré hasta después de las Noches Tranquilas. Ah, por cierto, ¿estás con Hades? Genial. ¿Puedes decirle que me traiga un par de cosas cuando venga? Me las he olvidado en el primer cajón de mi mesa en Infra .
Jess siguió hablando, pero Persi se había quedado bloqueada con la primera parte. Cruzó una mirada con Hades.
—¿Cuando Hades vaya a…? Vale, se lo diré.
Él la miró, entre confuso y un tanto ansioso. Claramente, preguntándose de qué estaban hablando.
— Ah . —Jess sonó desconcertada y un tanto cortada—. ¿ No te lo ha dicho todavía ?
—No, todavía no.
Jess comenzó a contarle algo sobre los planes que tenía esa tarde, pero Dio la interrumpió y empezaron a discutir. Persi se quitó los pendientes.
—¿Te marchas?
El rostro de Hades se tiñó de comprensión.
—Sí, bueno, en unas semanas, después de la cena de Athanasiou.
Persi devolvió con cuidado los auriculares a la cajita y los guardó en el bolso.
—En plan ¿a pasar el finde? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
—En plan a quedarme allí una temporada. E Izan también.
—¿Cuánto tiempo?
Trató de fingir que la noticia no la hería, pero la voz le salió trémula, delatándola. Infra se había convertido en una especie de refugio en Irisada, y sin Jess, sin Izan, incluso sin Sabatier… Volvería a quedarse sola en aquella ciudad.
—¿Mmm?
—¿Cuánto tiempo estaréis fuera?
—Persi, vivo allí —explicó él con suavidad—.
De forma permanente, quiero decir. Tanto si descubrimos quién está detrás de los Asfódelos como si no, no tendré motivos para quedarme.
Solo vengo a Irisada cuando necesito resolver…
Meses —dijo al fin, tal vez leyendo en el rostro de Persi cuánto necesitaba una cifra a la que aferrarse—.
Lo más seguro es que pasen meses hasta que tenga que volver, y probablemente no sea por más que unos días.
—Pero… —empezó a protestar. No se le ocurrió nada—. Será raro ser la única que esté presencial en las reuniones —bromeó, para aligerar la carga extraña y sin sentido que le estrujaba el pecho.
—No tienes que volver.
—¿Me estás… despidiendo? —Sujetó el bolso con fuerza sobre el regazo para combatir el pensamiento intrusivo de abrir la puerta y marcharse corriendo.
Hades cerró los ojos y Persi odió la expresión de lástima que le dedicó cuando volvió a mirarla. La estaba despidiendo.
—Claro que no. Puedes quedarte el tiempo que quieras, pero… vas a casarte. Querrás tomarte tiempo libre con… tu marido, ¿no?
—Ah —acertó a decir—. Claro.
Prismas. Sí que la estaba mirando con pena. Se había quedado hasta pálido. ¿Tanta lástima le daba Persi? ¿Tan evidente era el miedo que le daba firmar un juntos-para-siempre con Rob? Notó que las mejillas le ardían. Quería huir y no volver a hablar con aquel hombre en la vida.
—Pues echaré de menos a Jess —dijo animadamente, tratando de desviar la conversación—, ya empezaba a acostumbrarme a comer con ella.
—Persi.
—¿Vas a dejar cerrado el despacho? Me vendría bien tenerlo abierto, ya sabes, por si necesito esconderme para echar una lloradita. —La risa le sonó artificiosa, frágil—. Prometo no manchar nada.
Hades la miraba impotente, sin arrancar el coche. Ella se echó atrás en el asiento.
—Llévame a casa, por favor.
—Persi…
—Solo… conduce.
Y Hades arrancó el motor.
~ ~ ~
Cuando llegó al apartamento, hecha una mierda sin ni siquiera entender por qué, no hubo nadie que la viese retorcerse un mechón de pelo hasta arrancarlo mientras intentaba convencerse de que no era nada, de que el estrés era el único culpable del retraso.
Nadie que la viese apretar las llaves con indecisión.
Sabía que Izan tenía razón: solo necesitaba ir a por una prueba de embarazo para salir de dudas. Pero era incapaz.
Por eso, para variar, no hubo nadie en aquel piso que la oyese llorar cuando se quitó los zapatos y devolvió las llaves al bolso. Y es que para huir no siempre hacía falta correr: a veces bastaba con quedarse quieta, mientras todo lo demás seguía avanzando.