Noche púrpura 31. ¿Cómo se huye de una misma? Es para una amiga
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31. ¿Cómo se huye de una misma? Es para una amiga

¿CÓMO SE HUYE DE UNA MISMA?

ES PARA UNA AMIGA

E l Berkana por la mañana (nadie había puesto pegas a reunirse al día siguiente, pese a ser fin de semana), Persi supo que Sabatier estaba en Infra antes incluso de entrar en la sala de reuniones. La calidez del latte que la esperaba en la mesa la reconfortó.

— ¿Qué tal ha ido ? —preguntaba la voz de Dio, que acababa de conectarse.

—A medias —dijo Hades.

—Alexios es un pringado —continuó Jess.

Persi tomó asiento junto a Izan, que la saludó con una seriedad inusual.

—Alexios fue el responsable de la explosión, indirectamente —explicó Hades.

Se frotó las sienes—. Pero no tiene ni idea de quiénes son los Asfódelos.

Al parecer, sus guardaespaldas se dieron cuenta de que lo seguíais y él se asustó porque creyó que erais periodistas.

Había estado haciendo cosas que no quería que se filtrasen a la prensa.

—Drogarse, principalmente —aportó Jess.

—Su padre no va a tolerar ningún escándalo a un mes de las elecciones. Lo tiene bien amenazado —explicó Hades.

—¿Así que decidió hacernos volar por los aires sin saber quiénes éramos? —preguntó Persi, pasmada.

—Es normal por aquí. —Jess le quitó importancia.

— Entonces, ¿no tenía nada que ver con los Asfódelos? ¿Estamos en un maldito callejón sin salida ? —preguntó Dio.

Izan se había levantado y había apuntado una nueva frase en la pizarra a velocidad vampírica: «Jess debe dejar de decirle a Persi “esto es normal aquí”. NO ES NORMAL».

Persi le dedicó una mirada de agradecimiento, pero volvió a notar aquel nerviosismo en el vampiro cuando se la devolvió. ¿Era solo por Alexios o le ocurría algo? Izan regresó a su sitio y prestó atención a Hades. Ella hizo lo mismo y preguntó:

—¿Y lo de Fianne? ¿De verdad creéis que fue casualidad que quedara con ella?

—No —reconoció—. Eso ha sido lo único por lo que la visita no ha sido una total pérdida de tiempo.

—Alexios no conoce a los Asfódelos, pero su papi, al parecer, sí —explicó Jess.

— ¿Estáis seguros ? —preguntó Dio.

—Vio a su padre reunirse en privado con un hombre con el rostro cubierto con una máscara rota. Fue también su padre quien le pidió que quedase con Fianne después de una de esas reuniones.

—Y él lo hizo y ¿ya? ¿No le preocupó que la chica no apareciese? —Persi estaba indignándose a cada segundo que pasaba.

Jess se encogió de hombros.

—Nadie está tratando de defender a la sanguijuela bebé, pero lo importante es que hemos hecho un trato con él.

—¿Qué trato?

—Ha accedido a decirnos cuándo será la siguiente reunión.

Por lo que nos ha contado, suelen reunirse durante los eventos que Athanasiou celebra en su mansión.

Llegado un momento de la noche, Athanasiou abandona la fiesta y se reúne en privado con él en su despacho. Ese tipo nunca aparece en público.

—¿Y la próxima ocasión? —preguntó Izan.

—La fiesta de cumpleaños de su mujer —respondió Jess—. Es en tres semanas. Será nuestra oportunidad para seguirlo y descubrir quién es.

—¿Y cómo sabéis que Alexios no va a ir corriendo a contárselo a su padre? —preguntó Persi, algo inquieta.

—No lo hará —intervino Hades con calma—. Sabe que, si nos la juega, filtraremos a la prensa todos los detalles que lo relacionan con la muerte de Fianne, entre otros escándalos.

—El chico está metido en muchas cosas turbias —añadió Jess—. Y cada vez hay más protestas contra el abuso a humanos por parte de altari. No será bien recibido a pocas semanas de las elecciones. Así que, a no ser que sea estúpido…

—No sería la primera vez que hace algo estúpido —argumentó Persi.

La voz de Dio sonó a través de los altavoces.

— Por mucho que me joda, a la influencer no le falta razón .

Persi no supo si sentirse insultada o halagada.

Hades se remangó mostrando una línea oscura alrededor del antebrazo, similar a las tres líneas que le había visto tatuadas en el otro.

—Por eso hemos usado un geis —reveló Hades.

Persi contuvo el aliento. Un geis , igual que el que había usado con Calix para obligarlo a guardar silencio.

—¿Runomancia? —aventuró.

—Runotecnia, en realidad —explicó Jess—. La esencia de Wunju puede mezclarse con la tinta del tatuaje y… ya te lo explicaré en otro momento.

—Pero en este caso no ha hecho falta recurrir a la runotecnia.

Hemos hecho que Alexios lo pronunciara —aclaró Hades.

Se acercó para enseñárselo a Persi: lo que de lejos le había parecido una línea, era una hilera de runas diminutas que le rodeaban la muñeca, apretadas unas contra otras.

Hades se volvió hacia la pizarra y apuntó la fecha del evento—.

Tres semanas, ¿tenéis ganas de salir de fiesta?

Izan y Jess intercambiaron una mirada.

—¿Quiénes vamos? —preguntó el primero.

Sabatier miró a Persi.

—Nosotros dos. No tengo acompañante y nadie pondrá problemas si entras conmigo.

—Estaré allí.

Hades parpadeó, un gesto sutil que en él era toda una exhibición de sorpresa.

—¿Ya no te importa ser vista con un villano?

—Me refería a que ya estaba en mis planes acudir —aclaró Persi, sonrojándose ante los recuerdos del centro comercial—. Estoy invitada.

Dio soltó una carcajada a través de los altavoces. Se escucharon los dos primeros «jas» antes de entrecortarse. Hades frunció los labios sin ocultar la decepción.

—¿Vas con…?

—Con Rob.

—En ese caso, supongo que podemos permitirnos un acompañante más.

Jess se levantó.

—A mí no me mires, no voy a estar en Irisada. De hecho, me marcho ya o perderé el vuelo —dijo, recogiendo sus cosas.

Hades miró a Izan. El vampiro suspiró.

—Espero que haya champán para vampiros y que esté bueno.

~ ~ ~

Cuando salieron de la sala de reuniones, Hades le pidió que esperara. Sacó un sobre de un cajón del despacho y se lo entregó. Persi lo giró entre las manos con curiosidad, observando los adornos plateados que acompañaban el mensaje: el vestido estaba listo.

Esbozó una sonrisa artificiosa al verlo.

—No lo esperaba tan pronto —consiguió decir.

Aunque al menos eso solucionaba el problema del «otro vestido». Esperaba.

—Les he dicho que habías adelantado el compromiso y se han dado toda la prisa que han podido.

El trabajo de mis tías es impecable, ya lo verás —comentó Hades, malinterpretando la incomodidad de Persi.

Con una sonrisa apenas perceptible en los labios, añadió—: Si quieres, podemos ir a recogerlo esta tarde.

A Persi le pareció que sonaba esperanzado, pero debía de estar imaginándoselo.

Aceptó la propuesta, aliviada por tener una distracción: la misión que se aproximaba en la fiesta de Athanasiou la llenaba de inquietud.

Sería en tres semanas, lo que significaba que sucedería solo un par de días antes que su boda.

Se dijo que la necesidad visceral de huir de la ciudad se debía al primer evento y que no tenía nada que ver con el segundo.

Se dijo que no existía un tercer motivo para preocuparse, uno mucho más irreversible y acuciante.

Antes de que pudieran continuar con la conversación, una mano le tocó el hombro con delicadeza. Era Izan. Quería hablar con ella en privado. Hades no parecía estar al tanto, a juzgar por la mirada interrogante que le dedicó a su amigo.

Le dijo que la esperaría a la salida para acercarla a recoger el vestido y los dejó a solas. Izan esperó a que se marchase y cerró la puerta, como si no quisiera que los escuchasen. No dejaba de retorcerse las manos de una forma que a Persi empezaba a ponerla ansiosa.

—A lo mejor prefieres hablarlo en otro momento.

—Izan, dime lo que sea y ya está.

—Tengo los resultados de tu ingreso en el hospital.

—¿Algún problema?

Él seguía sin mirarla del todo.

—Todo bien. Nada grave.

—¿Entonces? ¿Por qué esa cara?

—Me di cuenta de que no te llevaste el medicamento que te recetaron. El médico preguntó si había algún problema, y...

Persi desvió la mirada.

—No me lo he querido tomar —murmuró.

—¿Por qué no? Dijo que te recuperarías mucho antes si...

—Me dijeron que no debía tomarlo si estaba embarazada.

—¿Estás embarazada? —Izan se las apañó para gritar y susurrar a un tiempo.

—No lo sé —se apresuró a decir ella—. No me he hecho un test ni nada. Pero... tengo un retraso. Y he estado rara, con mareos y así, ya sabes.

Una preocupación en la que se esforzaba por no pensar demasiado, como si ignorarlo pudiera hacer que el problema desapareciera por sí solo.

Se decía que no era la primera vez; que otras veces todo había vuelto a su curso cuando se había permitido relajarse.

Después de todo, llevaba unas semanas muy intensas.

Eso no evitaba que, por momentos, la inquietud regresara con una fuerza que le cortaba el aliento: una punzada de miedo que se le clavaba en el pecho.

Él asintió, serio.

—Podrían ser síntomas de la intoxicación por el humo que respiraste. Para eso era el medicamento.

—Podría ser.

—Qué fuerte, Persi. —Se pasó las manos entre el pelo—. ¿Por qué no te haces el test y sales de dudas?

Porque estaba huyendo, como hacía con todo. Porque si salía positivo... ¿Cómo podría mirar a Rob a los ojos y soportar su alegría sin echarse a llorar?

—Debería haberme bajado hace más de una semana. Pensé que llegaría en cualquier momento y me serviría de confirmación, pero... —Se calló. Todavía no lo había hecho—. Haré una prueba. Solo... no se lo digas a nadie, ¿vale? Ni a Hades.

Izan puso una expresión como si le hubiera pedido que se clavase una estaca en el corazón, pero finalmente se llevó una mano al pecho.

—No diré nada. Lo prometo.

~ ~ ~

Veinte minutos después, Persi se sentaba en el coche junto a Hades en silencio. Él hizo varios intentos de trabar conversación, pero ella apenas prestaba atención, todavía dándole vueltas a la conversación que había tenido con Izan.

El interior de la tienda los recibió con un agradable aroma a telas recién planchadas. Persi volvió a probarse el vestido sin registrar la suavidad de la tela contra la piel ni el ajuste perfecto, sin reparar en ningún detalle.