22. Runomancia
RUNOMANCIA
- P uedo hacerte una pregunta personal?
Persi asintió mientras transfería desde la cámara al portátil las fotos de Alexios entrando en el restaurante.
Llevaban ya varios días siguiéndolo, reconstruyendo su rutina, anotando cada pequeña variación en sus horarios.
Jess conducía, como de costumbre, porque Persi aún estaba lejos de conseguir el permiso de circulación.
—¿Estás saliendo con Robian en serio?
—¿A qué te refieres?
Jess levantó una mano del volante y se mordisqueó los padrastros del pulgar. Habían estacionado a una distancia prudente del restaurante, esperando a que Alexios saliera.
—Ya sabes, una modelo y un diseñador de Fugaz. A la prensa le encantan esas cosas.
—¿Crees que me casaría por un titular en una revista? —Si accedía, era precisamente porque quería a Rob: el matrimonio era un mal trago al que se enfrentaba por amor.
Jess lo consideró.
—No lo sé, es que no me da la impresión de que te haga ilusión.
La nereida no se andaba con rodeos, eso tenía que concedérselo. Tras meses frecuentando a las amistades de Rob, resultaba refrescante. Por eso decidió sincerarse.
—Es que no me hace ilusión.
—¿Por qué no?
No pareció escandalizada por la confesión, lo que animó a Persi a seguir hablando. Era un alivio no tener que medir cada palabra, fingiendo un entusiasmo que no sentía.
—Me agota que me pregunten por la boda, como si no existiera nada más emocionante en mi vida.
—No lo había; nada que estuviera dispuesta a contar, en cualquier caso, pero tampoco se molestaban en preguntárselo—.
Y detesto los detalles de la organización.
Que si el vestido —que aún no se había probado, a pesar de la insistencia de Kara—, que si la decoración, que si la música…
Estoy harta de fingir que me importa. Me dan igual las flores y las tarjetas de invitados y el sabor de la tarta.
—Y eso la hacía una novia horrible, pero no podía evitarlo—.
Es agotador tener que ocultarlo cuando eres un hada y no puedes mentir.
Vaya. Llevaba días sin decir más de tres frases seguidas, sin contar sus vídeos. Echaba en falta tener una amiga con la que hablar sin tapujos.
—Entonces es la fiesta lo que te tiene amargada —dijo Jess, como si eso le cuadrase más—. Pero ¿te hace ilusión casarte?, ¿emprender una vida juntos?
Persi estuvo a punto de decir que sí, pero la palabra no le salió. El coche de Athanasiou salió del restaurante y Persi apuntó la hora en el portátil.
—No se me da bien comprometerme —respondió al fin, cuando Jess puso el coche en marcha—. Me cuesta apegarme a las cosas y, cuando empiezo a hacerlo, me dan ganas de cambiarlas. Nunca he tenido relaciones verdaderamente duraderas —confesó.
A excepción de Enaire, pero no quería hablarle de ella. No podía.
—Hasta Rob —completó Jess.
—Hasta Rob.
Esperaron casi tres horas a que Alexios saliera de la peluquería. Hicieron tiempo en silencio, con el tráfico como único sonido de fondo. Persi aprovechaba los cristales tintados para observar a los transeúntes. Jess golpeaba distraída el volante.
—Deberíamos iniciar tu entrenamiento —decidió, rompiendo el silencio.
—¿Mi qué? —La miró, algo desconcertada.
—Hades quiere que te enseñe runomancia.
Persi recordaba vagamente que Sabatier había mencionado algo al respecto en una de sus primeras reuniones. No le había quedado claro a qué se refería.
—¿Ahora?
—Claro. Tampoco tenemos nada mejor que hacer mientras esperamos.
—¿Qué hay que explicar? Compras el producto y sigues las instrucciones.
La mayoría de los productos de runotecnia eran bastante intuitivos. Si eran pastillas, te las tomabas; si era perfume, te lo aplicabas sobre la piel; si era ropa ignífuga, te la ponías.
—Ah, no. —Jess negó con la cabeza. Se inclinó para coger el bolso en el asiento de atrás y sacó una cajita negra y alargada, del tamaño de una paleta de sombras de ojos.
Luego, una libreta y un bolígrafo—. Mira, la primera lección: esa runotecnia que vende Infra no es runomancia.
En todo caso, es... runomancia enlatada.
—¿Enlatada?
Jess asintió, abriendo la libreta por una página en blanco. Apoyó la parte de atrás del bolígrafo contra los labios, pensativa.
—Ajá. La verdadera runomancia solo la conocemos un puñado de personas. Es el secreto en el que está basada la runotecnia. Si se divulgara, Infra perdería su principal ventaja en el mercado.
—¿La runomancia se utiliza para crear runotecnia? —preguntó Persi, para entenderlo.
—Mejor aún: permite recurrir al poder de cualquier casta. Incluso ir más allá.
Hablaba con una confianza que hizo que la curiosidad de Persi aumentase.
—¿Como por ejemplo?
Jess tocó el techo y dibujó líneas rápidas y precisas con el índice.
—Por ejemplo, fíjate en esto. —Un símbolo que Persi reconoció como la runa de Ansuz se iluminó de color púrpura.
Jess añadió otros símbolos a su alrededor y un pequeño punto en el margen.
La runa refulgió y el techo del coche desapareció, mostrando los rascacielos y pasarelas que los conectaban en lo alto—.
Los espectros pueden volverse invisibles, pero con la runomancia puedo usar ese poder también sobre otros.
Persi abrió la boca, impresionada.
—¿Cómo lo has hecho? —preguntó sin apartar la vista de las alturas. Un par de ángeles pasaron volando en dirección al centro.
—Simplificándolo mucho —empezó Jess, con una sonrisa satisfecha—, la runomancia nos permite canalizar la esencia de las castas altari. Mediante la escritura de runas, podemos instruir al poder para que actúe como buscamos.
Jess tomó el bolígrafo y repitió el dibujo en la libreta. Esta vez no ocurrió nada.
—Para que funcione, necesitas tres tipos de runas. La runa base es siempre una de las siete runas diarias e indica la esencia que nutrirá la magia —explicó, rodeando la runa de Ansuz en la libreta—. En este caso...
—La de espectros y nigromantes —adivinó Persi. Era la que ascendía en Ansuz, el séptimo día de la semana.
Jess asintió. Dibujó dos símbolos junto a la runa.
—Las runas secundarias representan la casta y el poder que quiere usarse.
Para hacer desaparecer el techo, recurrí al poder de invisibilidad —señaló uno de los nuevos símbolos que había trazado junto a la runa principal—, que procede de los espectros —señaló el otro—.
Lo tercero que necesitas son las instrucciones.
Este punto es la instrucción más simple que existe —explicó, rodeándolo—.
Significa «aquí», en la superficie en la que se ha escrito la runa, y «ahora».
Persi se acercó para ver mejor los trazos. Sobre ellas, el techo del coche regresaba a su opacidad habitual.
—¿Y por qué la libreta no ha desaparecido también?
—Buena observación —la felicitó—. La intención también es importante en la runomancia. No basta con dibujar la runa; una debe querer usar el poder cuando la dibuja. Y, además, me ha faltado comentar algo importante.
—¿El qué?
—Necesitas energía para que las runas funcionen. Esencia. —Levantó la otra mano, en la que sostenía la cajita negra.
—¿Esencia?
—De la Lluvia Ascendente, para ser precisos. Esta fuente es capaz de almacenar las gotas antes de que asciendan al Prisma.
—¿Como una batería?
—Ajá. Pero en lugar de luz de Prisma, contiene esencia en crudo. Esta fuente tiene una pequeña reserva de esencia de cada una de las siete castas. Para recargarla basta con dejarla en el exterior durante la Lluvia Ascendente.
Le pasó la caja a Persi para que pudiera verla mejor.
—Pero el ciclo dura una semana —observó Persi. O, como a Enaire le gustaba matizar, la semana duraba siete días porque era lo que duraba el ciclo—. Eso significa…
—¿Que hay que esperar un ciclo para recargar todas las reservas? Por desgracia, sí.
Persi examinó la caja; la superficie, en apariencia lisa, tenía una textura rugosa al tacto, similar al carbón pulido. De cerca, distinguió grabadas las siete runas en una de las caras.
—¿Puedes sentir las reservas? —le preguntó Jess.
Persi vaciló. Si se concentraba, percibía siete fuentes de poder en el interior.
—Una de ellas es un poco más débil que las demás —observó.
—Ansuz —asintió Jess—. Acabo de consumir un pellizco para hacer el techo invisible.
—¿Y qué hay de la esencia que tiene cada altari? —preguntó Persi—. ¿Podéis usarla para hacer runomancia?
—De hecho, sí. En mi caso, como nereida dispongo de la esencia de Uruz, como las sirenas.
Eso significa que no necesito una fuente de esencia para utilizar runomancia que use Uruz como runa principal.
Pero —se adelantó a la siguiente pregunta de Persi— no creo que tú seas capaz de usar Wunju sin una fuente.
Los mestizos no soléis contar con el poder suficiente… Sí, es una mierda, lo sé.
Persi contuvo un suspiro. Pues claro que no contaba con el poder suficiente: no podía materializar alas, no podía realizar geis … No era una sorpresa que la runomancia también le quedase grande a su magia.
—¿Cómo se crea la runotecnia? —preguntó Persi. La nereida había explicado que era una especie de runomancia encapsulada, pero no terminaba de comprender el concepto.
—Existen instrucciones que permiten imbuir un objeto o sustancia con poder.
Requiere un gran gasto de esencia y secuencias de runas tan complejas que sería casi imposible escribirlas de memoria.
Una vez entré en el laboratorio mientras diseñaban la secuencia para crear una chaqueta de runotecnia capaz de proteger a su portador.
Las runas necesarias ocupaban varias páginas.
—Es decir, usáis la runomancia para otorgar propiedades mágicas a los productos que vendéis.
—Exacto, ¿entiendes ya por qué decía que la runotecnia es runomancia encapsulada?
Persi asintió y extendió la mano hacia la libreta.
—¿Puedo probar?
—Claro. Primero debes aprender las runas diarias. —Le entregó la libreta y el bolígrafo—. Debes dibujar los trazos en un orden concreto. Si no, no tendrá ningún efecto. No te preocupes si tardas en cogerle el truco.
Persi dibujó una detrás de otra con precisión, sin cometer un solo error.
—¿Cómo…?
—Una amiga mía es sacerdotisa en un templo —respondió Persi con naturalidad—. Solía dibujarlas cuando estaba nerviosa para calmarse. La veía hacerlo todo el tiempo.
Jess guardó silencio, claramente impresionada. Persi se esforzó por no mostrarse demasiado satisfecha.
—Bueno, eso facilita las cosas —dijo al fin Jess. Tomó la libreta y dibujó varios símbolos que Persi no conocía. Un par bajo cada una de las runas—. Estas son las runas de las castas. Después, aprenderás las de los poderes y las instrucciones básicas. Venga, a practicar.