17. Algunos detalles se comentan antes de la primera cita #2
—Te estaría eternamente agradecida —susurró.
Fianne guardó silencio. Las palabras no eran menores, y no era fácil escucharlas salir de los labios de un hada. Al fin, la memoria de Fianne dijo:
—Debería haber sospechado cuando Alexios se interesó por mí. Mi madre me advirtió que los altari no se fijaban en las chicas humanas, pero… —No terminó la frase.
—¿Alexios? —preguntó Sabatier—. ¿Te refieres al hijo de Dimos Athanasiou?
Persi se sobresaltó. Dimos Athanasiou era el gobernador de Irisada y un hada muy poderosa. Lo había visto en la subasta de Celandia. Fianne confirmó que se trataba de él.
—¿Por qué quedaste con él? —preguntó Persi.
—¿Tú lo has visto? Está cañón. Y llevaba semanas escribiéndome por redes.
—¿De qué hablabais? —preguntó Sabatier. Fianne miró a Persi cuando respondió.
—Tonteábamos. Estaba empeñado en que nos viésemos en persona.
—¿Fue él quien… te atacó? —preguntó Persi.
Ella entornó los ojos, reflexionando.
—En realidad, no estoy segura. Estaba esperándolo en el club donde habíamos quedado y… Lo siguiente que recuerdo es despertar en un laboratorio.
Sabatier y Persi intercambiaron una mirada.
—Cuéntanos todo lo que recuerdes, aunque parezca insignificante —le pidió él.
—No me acuerdo de casi nada —repitió, incómoda—. Estaba en una camilla. Lo que más recuerdo son los guantes. Había muchos, y me habían puesto algo en el cuerpo, como…
—¿Unas ventosas? —aportó Persi.
Se arrepintió de la pregunta nada más hacerla. Por suerte, Sabatier no pareció notar lo específica que había sido; esperaba atento la respuesta de Fianne.
—Puede ser. Creo que ellos no fueron conscientes de que llegué a despertarme.
—¿Recuerdas quién estaba contigo en la habitación?
—Llevaban mascarillas, apenas les vi la cara. Estaba desorientada; quería que se marchasen para seguir durmiendo. No hablaban entre ellos, hasta que llegó el señor disfrazado.
Sabatier soltó un suspiro derrotado, como si creyera que los recuerdos estaban demasiado distorsionados. Eso enfureció a Persi; Fianne no podía haber muerto en vano.
—¿Recuerdas de qué hablaron con él? —preguntó, negándose a tirar la toalla.
—Recuerdo que su voz me recordaba a las lecciones del Acervo en el templo. No dejaba de repetir que los altari serían tan poderosos como en las historias antiguas, que solo necesitaban encontrar aquello.
—¿Aquello?
—Un objeto, me parece. No me acuerdo.
Sabatier tenía los labios fruncidos.
—Gracias, Fianne, has sido de…
Persi lo detuvo, sujetándolo por el codo. Tenía una última pregunta.
—¿Cómo era el disfraz?
La memoria de Fianne soltó una risa ligera, etérea.
—Parecía un enviado de Haidas desde el Inframundo, todo vestido de negro y con una máscara rota, como si se le hubiera caído al suelo.
~ ~ ~
Persi siguió a Sabatier hasta el coche con expresión sombría. Él le había prometido que después de hablar con Fianne podría decidir si seguía trabajando para él. Quería investigar más, pero ¿hasta qué punto podía fiarse de Sabatier?
—¿Por qué estás interesado en cómo murió esa chica? —preguntó, entrando en el coche.
Sabatier no arrancó el motor de inmediato.
Se recostó en el asiento. Llevaba puesto un jersey oscuro ajustado y una pulsera provocó un destello de plata en la oscuridad del vehículo cuando se apartó el pelo de la frente (rubio oscuro, había decidido Persi tras mucho debate interno, aunque en la penumbra del momento se diría que tiraba más a castaño).
Lo llevaba hacia atrás, con un desorden que parecía calculado, como todo en él.
—Tu suposición fue correcta, quiero saber quiénes están detrás y qué buscan.
—Y ahora que te he ayudado a hablar con ella, ¿qué me impide no volver a Infra?
—Nada.
Persi entornó los ojos, más desconfiada aún si es que era posible.
—¿Qué vas a hacer ahora? Con lo que ha dicho la chica.
—La pista más sólida es Alexios. Intentaré averiguar qué sabe.
—Pero ya no necesitas mi ayuda.
—Yo no he dicho eso. Claro que la necesito; la conversación con Fianne demuestra por qué. Has hecho preguntas que a mí no se me habían pasado por la cabeza.
Persi detectó un brillo de curiosidad en su mirada y esperó a que la interrogara al respecto, pero no lo hizo.
—Fianne dijo que el grupo de los Asfódelos buscaba algo para fortalecer a los altari, no sé si eso tiene o no relación con que estén haciendo daño a humanos, pero…
—Quieres saber por qué lo estoy investigando. ¿Crees que busco lo mismo que ellos?
—Creo que sería algo que te encantaría venderles a los altari, como la runotecnia. Y no confío en que no estés dispuesto a recurrir a los mismos métodos que ellos.
El heredero de Infra contempló la bruma ámbar del exterior, que ya estaba disipándose. Su postura recostada exhibía despreocupación, pero la mirada estaba alerta, como si esperara que algo, o alguien, lo obligara a ponerse en marcha de repente.
—Dime cómo cambiarlo —le pidió—. ¿Qué tengo que hacer para que dejes de verme como a un villano sin escrúpulos?
—En realidad, hay una cosa —susurró Persi—. ¿Qué le pasó a tu hermana?
Sabatier se quedó inmóvil.
—¿De verdad necesitas saberlo?
Persi se encogió en el asiento, menos segura de sí misma.
—Creo que sí —dijo en voz baja.
—Vas a tener que prometerme que no se lo contarás a nadie. Ni siquiera a Rob. Tendrás que darme tu palabra.
Ella se envaró.
—¿Por qué?
—Porque confío en ti, pero no puedo arriesgar a otros. Así que necesito oírtelo decir.
Persi dudó solo un momento.
—Lo prometo: no le diré a nadie que no apruebes lo que me cuentes. ¿Conforme?
—Casi, porque no voy a contártelo. Voy a enseñártelo.