16. Un clavo de oro, de hierro o de amor
UN CLAVO DE ORO,
DE HIERRO O DE AMOR
E l aire estaba impregnado de polvo y óxido. La Ascendente se colaba por los ventanales rotos del edificio en obras y proyectaba haces naranjas que hacían que el interior del edificio pareciese en llamas.
La sombra del Jinete avanzaba recortada contra la penumbra.
En sus manos enguantadas, las runas grabadas en sus pistolas resplandecían con un fulgor latente.
A su paso yacían los cuerpos inertes de varios altari, Asfódelos de ojos vacíos a quienes había derribado con precisión quirúrgica.
Ninguno despertaría antes de que las UE encontraran el lugar.
Era hora de descubrir quién estaba detrás del grupo.
—Ya no queda nadie entre tú y yo... —susurró, con la voz distorsionada por el casco.
Sus pasos chirriaron sobre la escalera metálica. Al llegar al último piso, encontró la puerta entreabierta. Una invitación. La empujó con el más leve de los roces y entró.
No era más que una habitación arruinada.
Las paredes estaban ennegrecidas, las esquinas cubiertas de fragmentos de ladrillo y había cables colgando del techo como telarañas.
Un viejo televisor chisporroteaba en el centro, con la pantalla cubierta de ruido blanco.
Estaba conectado a una batería de luz de Prisma. El zumbido llenaba el espacio.
El Jinete soltó un gruñido.
La pantalla chasqueó. El ruido dio paso a una imagen.
Una distorsión colorida se transformó en una silueta vestida con un traje ceremonial de luto, como el de un sacerdote que oficiaba un funeral.
Reconoció el atuendo de su enemigo. Los botones negros de su abrigo brillaban como los ojos de un cuervo.
El rostro quedaba oculto bajo una máscara de porcelana agrietada de labios pintados en una sonrisa artificial.
—¿Puedes rastrear desde dónde se emite la señal? —preguntó a su compañero.
— No detecto ninguna, pero seguiré intentándolo —respondió Dio.
Una voz que venía del televisor saludó al Jinete:
— Te felicito por haber llegado hasta aquí, estaba esperándote —dijo el líder de los Asfódelos, con la voz deformada e irreconocible.
—¿Qué es el Punto Delta? —preguntó el Jinete a bocajarro—. ¿Qué pretendías hacer con aquellos humanos?
El televisor prosiguió hablando como si no lo hubiera escuchado. ¿Y si era una grabación?
— ¿Qué te han parecido mis nuevas adquisiciones? Reconozco que a mis compañeros todavía les falta práctica con la runotecnia, pero cuento con que pronto estén a tu nivel .
Efectivamente, los enfrentamientos con los Asfódelos eran cada vez más peligrosos, ahora que también contaban con runotecnia y empezaban a aprender cómo utilizarla. El Jinete había sufrido para derribarlos.
— ¿No dices nada? Reconozco que me molestó un poco que intentaras evitar el robo.
Tienes que aprender a compartir. No es justo que solo tú uses runotecnia —prosiguió el enmascarado—.
¿ Quién es tu contacto dentro de Infra, por cierto?
¿Algún ingeniero resentido? ¿O tienes infiltrado a un amigo en los laboratorios ?
—No tengo intención de discutir mis recursos contigo —replicó el Jinete, seguro ya de que el enmascarado podía oírlo.
El líder rio, sonó áspero contra la escayola de la máscara.
— Lo entiendo. Mantén para ti tu mano en las sombras, si quieres.
De todos modos, he estado observando tus movimientos.
Eres un enigma, lo reconozco, pero no eres tan misterioso como crees.
Tú y yo tenemos un enemigo en común: Hades Sabatier.
Tú necesitas su runotecnia para abrirte paso por las calles y yo quiero verlo caer ...
—Asumes demasiado. Sabatier no es más mi enemigo que cualquier otro altari corrupto de Irisada.
La imagen titiló y la voz del villano se volvió más grave y venenosa.
— Esa muchacha a la que proteges... Perséfone.
¿Sabías que el directivo está interesado en ella ?
—La máscara inclinó la cabeza, como saboreando la reacción del Jinete—.
No creo que sea un interés... sano. Todos sabemos cómo los hombres de su calaña ven a las jóvenes vulnerables. Él la quiere para sí .
El Jinete no respondió.
— ¿Quién es ella para ti? ¿Una vieja amiga?
¿Un amor? Intentas actuar como un justiciero estoico, pero cuando ella está cerca pierdes los papeles.
Por un tiempo pensé que eras Robian Darejib, el diseñador, por la manera en la que la protegías.
¿Sabe él que quieres robarle a la novia?
No lo llevaría bien, he oído que es un poco celoso.
Tienes dos competidores complicados, es una suerte que parezcan gustarte los retos ...
El Jinete se mantuvo en silencio, pero sus guantes crujieron al apretarse, revelando el esfuerzo que le suponía mantener la calma.
—Lo único que quiero de ella es que los tuyos dejen de perseguirla.
—¿ Ves como podemos llegar a un acuerdo? Yo puedo hacer algo que tú quieres; tú puedes hacer algo que quiero yo. Podríamos aliarnos. Al fin y al cabo, somos muy parecidos .
—No tengo nada que ver contigo. No tienes ninguna clase de ética.
— La ética es una máscara, mi querido Jinete.
Todos la usan. Pero ponlos contra la pared…
y verás lo rápido que se la quitan —dijo, dando unos golpecitos sobre la que llevaba puesta—.
La diferencia entre Sabatier y nosotros no está en lo que hacemos, sino en por qué lo hacemos.
Él se mueve por dinero y beneficio propio.
Nosotros tenemos principios: actuamos por una causa mayor .
—Mi causa y la tuya son contrarias.
— Pero eso no significa que no se nos pueda comprar —prosiguió él, ignorándolo—. Mata a Sabatier y dejaré en paz a la chica. Tienes mi palabra .
—Tu palabra no vale nada.
— Pero la vida de la chica vale mucho para ti.
Decide, a quién prefieres: ¿a ese estirado de Sabatier o a Perséfone?
Piénsalo, tómate tu tiempo ... —Hubo un chasqueo con ruido.
Cuando la imagen volvió, la máscara estaba tan cerca que podían verse las grietas.
Susurró—: Yo que tú, escogería a la chica .
—Esto no acaba aquí.
— Claro que no —respondió la voz, mientras la pantalla mostraba otra vez el ruido blanco—. Acaba de empezar .
El televisor se apagó. El Jinete alzó la pistola y le pegó un tiro a la pantalla. El pecho le subía y bajaba con violencia, como si la bala lo hubiera atravesado a él. Un zumbido conocido en el auricular interrumpió sus pensamientos.
— Así que quiere que mates a Sabatier. — La voz de Dio tenía una calma artificial.
—Cree que puede usarme contra él. No sabe... no tiene idea de lo que busca.
— Pero tiene razón: Persi es tu punto débil. Y lo va a usar contra ti .
Él apretó la mandíbula. Quieto entre los escombros, era más estatua que hombre.
—Conozco mis puntos débiles, son lo que me hace fuerte.
El auricular crepitó un instante y la voz de Dio se volvió más suave.
— Hades... Sabes que estaré contigo hasta el final .