Noche púrpura 15. Confraternizando con el enemigo
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15. Confraternizando con el enemigo

CONFRATERNIZANDO

CON EL ENEMIGO

T ras una hora leyendo sobre Fianne, una humana tres años menor que Persi, esta seguía sin entender por qué Sabatier estaba tan interesado en ella.

La cantidad de documentos que le había enviado era absurda: partidas de nacimiento, permisos de residencia, partes médicos, expedientes académicos…

Persi los ojeó por encima y se detuvo al llegar a su vida laboral.

Los humanos podían estudiar hasta la mayoría de edad; después, el gobernador de su ciudad les asignaba un oficio.

Tras ver las buenas notas de Fianne, a Persi no le sorprendió que hubiese acabado de sacerdotisa.

La vida monástica era la única manera de seguir formándose para los humanos.

Por eso Enaire había terminado en el templo de Meridol.

Persi recordó la cantidad de intercambios universitarios que había hecho entre las ciudades y la cantidad de veces que había solicitado pases de visita para Ena, para que ella pudiera visitar los templos locales.

Entre las dos, habían consultado fuentes a las que rara vez altari y humanos tenían acceso a la vez.

El templo de Elatheia, donde trabajaba Fianne, estaba dedicado a Fehu. Era uno de los que Persi había visitado. La ciudad estaba al norte, construida en el interior de un frondoso bosque, y era la preferida de dríadas y faunos.

Abrió el siguiente adjunto: un documento de más de cincuenta páginas. Aquello era estúpido. Cogió su móvil y entró en las redes sociales.

~ ~ ~

Sabatier pareció genuinamente sorprendido cuando Persi irrumpió otra vez en el despacho. Se había aflojado la corbata, y estaba menos peinado que a primera hora. «A alguien le vendría bien usar fijación veinticuatro horas», pensó Persi. Tenía varios productos en mente.

—Esto es una pérdida de tiempo —protestó, dejando el portátil sobre el escritorio.

—Tienes que conocerla para convencerla de que hable contigo.

—¿Y pensaste que esto me ayudaría a conocerla? —Le mostró un informe médico en la pantalla. Él esperó a que continuase—: ¿Sabías que Fianne está obsesionada con los vampiros? ¿En particular con mi prometido?

Hades no lo sabía. Persi esbozó una sonrisa triunfal y sacó el teléfono para mostrarle las redes sociales de la chica.

Había varios collages con fotos de Rob. Una era la misma que habían incluido en el número de Fugaz hablando del compromiso de Persi, donde se los veía juntos saliendo de un evento.

Fianne había reemplazado la cara de Persi por la suya.

Sabatier se acercó a la foto para verla mejor.

—¿Cómo has encontrado esto? Dio revisó sus redes.

—Es una cuenta secundaria. Fue fácil encontrarla, se da «me gusta» a sus propias publicaciones.

Tiene otra desde la que escribe fanfics .

Yo soy la protagonista de uno; ha usado fotos mías.

En el último capítulo se ha revelado que soy la hija perdida de un magnate alfa y ahora él quiere prohibir que su hija se empareje con un vampiro, o sea, con Robian.

—¿Qué? —Sabatier la miraba con una expresión cada vez más asombrada.

—Lo sé, es buenísimo. Estaba enganchándome, pero lleva semanas sin actualizar.

—Eso es porque…

Jess entró en el despacho y se detuvo al verlos juntos. El pelo de la nereida se movía de una forma sinuosa incluso cuando estaba quieta, como si estuviera bajo el agua. Persi se separó del escritorio; se había acercado más de lo necesario para enseñarle la pantalla.

—¿Interrumpo?

—No, te estaba esperando —dijo Sabatier—. Dio ya está.

—¿Se queda a la reunión? —preguntó ella, haciendo un gesto hacia Persi.

—Me encantaría: acaba de decir que el trabajo de Dio no sirve para nada y le vendría bien que alguien le bajase los humos. Pero trabaja en Fugaz por las tardes —formuló la última frase como una pregunta dirigida a Persi.

Ella lo tomó como una señal para irse a comer. Al cruzar la puerta, Kara la llamó.

—¿Celandia ya ha encontrado algún proyecto para mí? —preguntó Persi.

— Sin novedades, no hace falta que vayas. Podríamos aprovechar para empezar a buscar el vestido para la boda. ¿Te viene bien ?

No, no le venía bien. Lo último que quería era pasarse la tarde probándose vestidos de novia. Todavía faltaban meses; había tiempo de sobra.

Se retorció un mechón alrededor del índice, hasta que dio con una excusa.

—Sabatier ha organizado una reunión.

~ ~ ~

Era ya la tercera vez que entraba en el despacho, pero la primera que se fijaba en la puerta oculta.

Sabatier la había abierto tirando del lomo de un libro de la estantería.

Tener un escondite secreto le pegaba: era muy de villano.

Aunque, para ser un villano, Persi tenía que concederle que tenía buen gusto.

—¿A que es fantástico? —le susurró Jess al ver su cara de sorpresa.

La sala adyacente tenía un gran ventanal como el del despacho de Sabatier, con vistas a las cúspides de Irisada. Persi tomó asiento en la mesa que dominaba el centro de la sala de reuniones. Sabatier conectó el portátil y su pantalla se mostró en un monitor al fondo.

Izan llegó y se acomodó en unos pufs junto a la ventana, ignorando las sillas.

—¿Alguna novedad? —preguntó.

Sabatier asintió.

—Esperad a que se conecte Dio, quiero que él se entere también. —Mientras lo decía, la pantalla dio paso a una videollamada.

—¿Quién es Dio? —preguntó Persi.

—Otro de los esbirros de Hades —bromeó Izan—. Pero trabaja en remoto.

— ¿Qué hay ? —preguntó una vocecita algo ruidosa—. Hades, tío, he pasado una noche de mierda por tu culpa. ¿Sabes cuántas alarmas hiciste saltar? No me…

Sabatier lo silenció.

—En otro momento, Dio —ordenó. Giró la cámara hacia Persi, que se había sentado cerca de Jess—. Esta es Persi. Va a estar trabajando con nosotros.

Persi lo saludó con la mano, totalmente descolocada.

Dio era un niño. Un niño de un pelirrojo difícil de ignorar.

Los rizos le caían sobre la frente y las mejillas salpicadas de pecas.

Observó a Persi con una mezcla de aburrimiento y superioridad, como si le debiera una explicación.

Y, por los Dioses, aparentaba ocho años.

—¿Tienes a críos trabajando para ti? —Persi no trató de ocultar su indignación.

El chico habló con gesto irritado. La camiseta le iba grande, como si fuera de su padre.

—No te oímos —le informó Jess—. Hades te ha silenciado.

—Dio no es ningún crío: es un fénix —dijo Hades—. De hecho, es el mayor del grupo; tiene veintinueve años. Se está recuperando de un accidente que tuvo hace unos días.

Bueno, eso explicaba lo de la ropa. Los fénix renacían cuando morían de forma violenta (lo que, en opinión de Persi, los hacía demasiado temerarios).

Un estallido de fuego consumía su cuerpo y de las cenizas surgía un polluelo.

En una semana recuperaba su forma altari y, en unas cuantas más, su edad previa, con recuerdos y habilidades intactos.

—Voy a darte voz. De cómo la uses depende que te llegue la nómina a final de mes —le advirtió Sabatier, pulsando el botón correspondiente.

—… un pedazo de cabrón —dijo la vocecita de Dio a través del altavoz—. Y las nóminas las gestiona Izan. Tú no me harías eso, ¿verdad ?

El vampiro se estiró en el puf.

—El dinero lo pone el guapo de tu jefe.

El guapo de su jefe le lanzó a Dio una mirada de «Ahí lo tienes» y se puso en pie.

— ¿De quién ha sido la pésima idea de invitar a la influencer ? —protestó Dio.

«Habló el niño de ocho años.»

—Persi ha accedido a acompañarme a hablar con Fianne —respondió Sabatier con irritación—. Confío en que esta vez nos dará las pistas que necesitamos.

— Sigo opinando que es una pérdida de tiempo —murmuró el fénix.

—Deberíais ir de noche. Os verá menos gente —propuso Izan.

Ella arqueó las cejas. Hades no había mencionado que tuviesen que ser discretos.

—A Persi le será difícil salir de noche sin que su prometido se entere —apuntó Hades.

Tampoco le habían dicho que tuviera que hacerlo a espaldas de Robian.

—No voy a engañarlo.

—Me fío de ti, pero no de él. —Hades la miró ceñudo—. Él no ha firmado nada.

— La pregunta es por qué narices nos fiamos de ella —se quejó la voz de Dio de fondo.

—Podemos ir pasada la medianoche —accedió Persi por llevarle la contraria al fénix. Era probable que Rob ni siquiera pasara la noche en casa—. ¿Qué queremos preguntarle?

— Cualquier cosa que nos ayude a encontrar la cura de … —comenzó Dio.

—Ahora no —lo cortó Sabatier.

— Ah, ¿no se lo has contado ?

—No.

— Pero ya sabe que…

—Tampoco. Ya, ya sé lo que vas a decir. Guárdatelo.

— Eres gilipollas . —No se lo guardó.

Sabatier miró a Persi, quien solo había captado que había algo que no le contaban.

—Decidido, tú y yo tenemos una cita esta noche.

~ ~ ~

Cuando Persi salió de la reunión se encontró a Jess esperándola en su puesto. Estaba recostada en el asiento, con las manos detrás de la nuca y los pies al lado del portátil.

—Hades e Izan se han marchado a comer —dijo a modo de saludo.

Persi se inclinó para recoger el bolso junto a los pies de la nereida.

Jess la observó con atención. Llevaba el cabello rosa recogido en una coleta, lo que dejaba al descubierto una piel cubierta de escamas iridiscentes hacia las sienes.

En las orejas aletadas, que se ensanchaban en tres crestas, llevaba varios pendientes de aro.

—A Dio no le gustas.

—¿Y a ti sí? —Fue al grano.

Ella esbozó una media sonrisa.

—Eso está por ver. ¿De verdad vas a acompañar a Hades esta noche?

—Dije que lo haría, ¿no?

—Sí, pero quiero asegurarme de que no te echas atrás. Le tienes miedo, puedo sentirlo. ¿Por qué?

Persi pensó en lo que Calix le había contado. ¿Estaría Jess al tanto de lo que había pasado con su hermana?

—Tengo mis razones.

—Hades no es el tipo de persona que crees. Deberías darle una oportunidad.

Lo último que le apetecía a Persi era darle una oportunidad.

—¿Puedo preguntarte algo? —No esperó a que contestara y añadió—: ¿Qué casta es?

Jess esbozó una sonrisa que solo consiguió confundirla.

—No te lo ha contado. —Persi se limitó a negar—. Pues tendrás que preguntárselo a él.

—Hay otra cosa —admitió Persi, sin saber por dónde empezar—. Es sobre su hermana.

La nereida frunció el ceño.

—¿Qué sabes tú de eso? —Se puso a la defensiva.

—Sé que desapareció y que el caso no se resolvió. He oído que Sabatier está implicado, que no quería que ella heredase Infra.

Jess bajó los pies de la mesa con brusquedad.

—¿Quién te ha dicho eso? —Era evidente que estaba molesta.

Persi no respondió. Jess bufó, irritada, pero, para consuelo de Persi, no insistió.

—No es verdad. Y tampoco es verdad que Lauren fuese a heredar —matizó la nereida.

—¿No era la mayor?

—Sí, pero… Es complicado. Lauren es hija de un matrimonio anterior. Hades siempre ha sido el único heredero.

¿Cómo encajaba eso con lo que le había contado Calix?

La lógica la llevaba a confiar en él; no tenía motivos para mentirle, al contrario que Jess, que podía estar defendiendo a su amigo.

Y Hades podría haberlos engañado para que confiaran en él.

Además, aunque Calix se hubiese equivocado en aquel detalle…

Sabatier podría haber querido librarse de su hermana por otros motivos.

—¿Qué le pasó?

El rostro de Jess se ensombreció y Persi supo que lo sabía... y que no se lo iba a contar.

—No debería haber preguntado. —Hizo un ademán de marcharse.

—Espera. Prefiero que me lo hayas preguntado a mí a que lo hayas sacado en una reunión o algo así.

Lauren... es un tema delicado. No era solo la hermana de Hades, era una más del grupo.

Mi mejor amiga. Y Dio y ella… Ya he hablado más de la cuenta.

Basta con que sepas que era una persona muy especial para nosotros.

Si Hades le hubiese hecho daño, no lo estaríamos ayudando.

—Jess le dedicó una mirada incierta—. Si quieres saber qué pasó, pregúntaselo a él.

~ ~ ~

Las sábanas seguían frías, por lo que no advirtió a Rob hasta que notó su aliento pesado sobre la garganta.

—¿Puedo? —preguntó en voz baja, casi gutural.

Persi gimió una protesta.

—Por favor.

—No ha pasado ni un día desde la última vez —se quejó ella.

Los labios helados del vampiro le acariciaron la clavícula, suplicantes. Un aroma dulzón le enturbiaba los sentidos.

—Rob…

Quiso protestar más, pero sentía la boca como si la tuviera llena de miel. Se estremeció cuando los colmillos le atravesaron la piel. Cuando las garras de la inconsciencia tiraron de ella, no se resistió.

Se sentía bien no sentir.