46. ¡Ataque de tiburón!
¡ATAQUE DE TIBURÓN!
—¡Ay! ¿Por qué me pateaste? —le gruñí a Rosa.
—Para la buena suerte —dijo ella.
Mi hermana tiene las ideas más raras.
No podría estar en un aprieto mayor. Ahí estaba yo con un traje de buceo de lo más sencillo, con pesados tanques a la espalda, el visor sobre la cara y el tubo de aire en la boca. ¿Cómo podría darme buena suerte una patada en la pierna?
Sully me llevó hasta la jaula de metal. Ernie jugueteaba con una cámara de video. Swan observaba desde la pared de la cabina.
Miré la jaula más de cerca. Parecía una jaula para monos de zoológico. Los barrotes estaban lo suficientemente separados como para que cualquier tiburón asomara el hocico. Y tal vez me diera un par de mordiscos.
—Esta cadena de eslabones pesados mantendrá la jaula estable —dijo Sully—. Probamos la cadena. Sabemos que resistirá cuando lo bajemos.
¿Se suponía que eso debía hacerme sentir mejor?
Levantó la puerta de la jaula. Me doblé en dos y me metí a la fuerza. Estaba un poco apretada; no era lo suficientemente alta como para que pudiera ponerme derecho.
Sully bajó la puerta y me agarré de los barrotes con ambas manos enguantadas.
Miré hacia el fondo de la jaula y vi los filetes crudos y rojos a mis pies.
¿De verdad estoy haciendo esto?
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
¿Voy a bajar al fondo del océano para servir de carnada para tiburones? ¿Solo por un programa de televisión?
De repente pensé en mi madre. ¿Sabría algo sobre Sully y Ernie? Probablemente no. Ella no tenía forma de saber todas las cosas espantosas que me estaban pasando.
Pero... ¿dónde estaba ella?
No tuve mucho tiempo para pensar en mamá. Sully me puso una cuerda negra en la mano.
—No suelte esto —dijo—. Es su cuerda de emergencia. Si cree que está en problemas, tire de ella y lo subiremos de inmediato.
Apreté la cuerda con fuerza en mi puño. Ni de chiste la soltaría.
—Recuerde: solo dé un tirón —dijo Sully—, y lo sacaremos del peligro.
Di tumbos dentro de la jaula mientras Sully y Ernie la levantaban hacia el borde de la cubierta. Alcancé a ver a Swan y a Rosa apoyadas contra la pared de la cabina. Ambas estaban sonriendo.
¿De verdad pensaban que esto era divertido ?
Rosa me levantó el pulgar. Y entonces oí el traqueteo de la cadena mientras empezaban a bajar la jaula al agua.
El corazón me latía tan fuerte que pensé que mi traje de buceo iba a explotar. Succioné el tubo de aire, respirando demasiado agitado.
La jaula se ladeó, balanceándose de un lado a otro en la superficie revuelta. Y luego el agua subió a mi alrededor mientras me hundía más profundo en el océano.
Tomé una bocanada profunda del tubo de aire y la contuve. Sabía que si seguía jadeando así, me quedaría sin aire en minutos.
Apreté la cuerda de emergencia, sosteniéndola firmemente frente a mí. Y me quedé mirando a través de los barrotes hacia las aguas de color verde oscuro.
La luz del sol enviaba parches amarillos que brillaban en el agua oscura. Largas tiras de algas flotaban como serpientes retorciéndose.
¿Y si no viene ningún tiburón? —, pensé.
¿Y si no hay tiburones en estas aguas?
¿Y si los filetes crudos de la jaula solo atraen a pececitos?
¿Me subirían Sully y Ernie para decirme: —Qué lástima. Al menos lo intentamos—?
¿Cuánto tiempo me dejarían aquí abajo?
La jaula se inclinó hacia un lado por una fuerte corriente submarina. Las algas golpearon los barrotes. Me agarré de los barrotes delanteros y resistí.
Y vi una mancha gris moviéndose hacia mí. Se movía rápido y directo.
Ahogué un grito y casi pierdo el tubo de respiración al reconocer lo que era.
Un tiburón muy grande. Con las mandíbulas abiertas. Nadando en línea recta y a toda velocidad.
Venía por su cena.