35. Algo anda terriblemente mal
ALGO TERRIBLEMENTE MAL
Algo andaba terriblemente mal. ¿Por qué diría mamá eso?
Rosa y yo empezamos a gritar al mismo tiempo.
—¡Mamá! ¡Somos nosotros!
—¡Mamá! ¡Diles! ¡Diles!
—¿Vas a venir por nosotros?
Hubo silencio al otro lado del teléfono. Entonces mamá dijo: —Lo siento. No reconozco esas voces.
—¿Eh? —Estaba tan impactado que empecé a atragantarme.
—¡Mamá! ¡Soy YO! —chilló Rosa.
Slade se llevó el teléfono a la oreja. —Gracias por su ayuda, señora Brachman —dijo—. Disculpe las molestias.
Colgó el teléfono y se volvió hacia nosotros. Juntó las manos sobre la mesa.
—Muy bien, niños —dijo—. Tenemos que empezar de nuevo. Esta vez será mejor que nos digan la verdad.
—¡No! —exclamé—. Algo está mal. Mamá no entendió. —Le arrebaté el teléfono de la mano—. ¡Deje que yo la llame! ¡Ella hablará conmigo! ¡Les dirá que no estamos mintiendo!
—¡Devuélvame eso! —tronó Slade, y lanzó un manotazo desesperado a través de la mesa para alcanzar el teléfono.
Moví el teléfono fuera de su alcance.
Él soltó un grito de furia. Chomsky se puso de pie de un salto e intentó agarrarlo con ambas manos. Perdió el equilibrio y se fue de bruces sobre la mesa.
Levanté la mano bien alto y lancé el teléfono con todas mis fuerzas. Salió volando por la puerta.
Ambos guardias dieron media vuelta y salieron disparados de la habitación, persiguiendo el teléfono.
Agarré la mano de Rosa. —Vámonos —dije—. Rápido. ¡Fuera de aquí!