Noche de Tiburones 15. ¿El regreso del tiburón?
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15. ¿El regreso del tiburón?

¿EL REGRESO DEL TIBURÓN?

Una ola me golpeó por la espalda y me arrojó bajo la superficie. Salí de nuevo a flote, quitándome el agua fría y salada de la cara.

Me agarré de una boya roja que se balanceaba a mi lado. Era de goma y estaba resbalosa, así que me deslicé de inmediato.

¿Qué tan lejos me habían llevado las olas? No podía ser tanto. ¿Por qué no podía ver a nadie del equipo de televisión?

Luché por nadar en mi lugar. Pero las olas eran fuertes y me arrastraban cada vez más lejos de la orilla.

Nadie venía a sacarme del agua. Tenía que regresar a la playa por mi cuenta.

Traté de nadar hacia adelante, pateando con fuerza. Debí haber terminado esas clases de natación que empecé el verano pasado , pensé. Mamá dijo que me arrepentiría por dejarlas antes de tiempo.

¿Dónde estaba ella?

¿Cómo podía estar tan solo aquí afuera?

La brillante luz del sol hacía que el agua brillara como el oro. El agua salada me ardía en los ojos. Deseé llevar puesta todavía la máscara de buceo. Pero de alguna manera se me había salido cuando el tanque me expulsó.

Sumergí la cabeza en el agua e intenté nadar hacia la orilla. Pero era inútil. No podía luchar contra la fuerte corriente. Me seguía llevando mar adentro.

Me dolían los brazos y los hombros. No soy un gran nadador. Levanté la cabeza para respirar, tratando de reprimir el pánico.

No lo voy a lograr. No puedo volver a la orilla , pensé. Entonces, algo me llamó la atención. Algo que se deslizaba sobre el agua a lo lejos.

Levanté la cabeza y entrecerré los ojos por la luz del sol. ¡Un pequeño bote gris! Cortaba las olas, moviéndose lentamente detrás de mí.

Me di la vuelta para observarlo. Tal vez pueda llegar al bote. Las olas me ayudarán a llegar.

El corazón comenzó a latirme con fuerza en el pecho. La emoción de ver el bote me dio fuerzas para nadar y me ayudó a ignorar el dolor en mis brazos.

Agité una mano e intenté gritar. Pero el bote todavía estaba demasiado lejos.

—Puedo hacerlo. Puedo llegar allá —me dije a mí mismo.

Y de pronto me quedé sin aliento cuando vi a la larga criatura gris rozando la superficie del agua.

Nadaba en línea recta. Deslizándose rápida y suavemente sobre las olas. Apuntando hacia mí. Viniendo directo hacia mí.

Mis brazos desfallecieron. Se me hizo un nudo en la garganta.

El tiburón.

El hambriento tiburón toro.

Regresaba por mí.