8. Liam es un héroe
LIAM ES UN HÉROE
Cayendo más rápido que la velocidad del sonido, me pregunté cuántos huesos me rompería.
Entonces escuché un quejido agudo. Aterricé sobre algo que no estaba demasiado duro.
El quejido vino de Morgan. Aterricé justo encima de él. Los dos nos desplomamos en un montón sobre el césped.
La rama del árbol golpeó el suelo y rebotó a pocos centímetros de distancia.
Todo el asunto debió de asustar a Princess. Saltó desde la rama más alta, cayó de pie y salió disparada hacia la casa de Lisi.
Sacudiéndome el mareo, me puse de pie con dificultad y ayudé a Morgan a levantarse. Ambos estábamos bien.
La señora Fein tenía el teléfono en la oreja. —Olvídelo —la oí decir.
Se acercó rápidamente a nosotros. —¿Están bien, niños? ¿Se rompieron algo?
—Tuve suerte de caer sobre Morgan —dije.
Él puso los ojos en blanco. —Sí. ¡Qué suerte! —masculló.
Lisi corrió hacia mí y volvió a rodearme la cintura con sus brazos en un gran abrazo. —¡Gracias! —gritó—. ¡Gracias por rescatar a Princess!
Tuve que reírme. No me sentía precisamente como un héroe.
Vi a Rosa corriendo hacia nuestra casa.
Fui tras ella. —¡Rosa! ¿A dónde vas? —grité.
—¡Voy a decirle a mamá lo valiente que fuiste! —respondió ella—. ¡Le voy a decir que tú deberías ser el que estará en el tanque de tiburones!