Noche de concierto 8 #2
67%

8 #2

De primeras negó con la cabeza, pero enseguida se arrepintió y aceptó mi ofrecimiento, dándole una calada para volvérmelo a pasar.

Allí estábamos los dos, compartiéndolo como dos colegas, pero Elena no era de las que se quedaban calladas y dejaban pasar el tiempo.

Elena era de las que aceptaban su destino e iban de frente contra él.

Sin medias tintas.

―Dime qué es lo que quieres, Rodrigo... estoy esperando... ―me dijo aproximando el cigarro a su boca. Y cuando inspiró profundamente, se me quedó mirando a los ojos.

En ese instante, el tiempo se ralentizó.

Como si pasara a cámara lenta. Como una película de los años 50, en la que Elena era la protagonista en blanco y negro.

Lo único que lucía en color era el magnífico anillo de oro de casada, en el dedo anular de su mano derecha. Me llamó la atención cómo brillaba.

Era casi hipnótico.

Luego soltó el humo muy despacio, dejando que susurrara entre sus labios, como si no tuviera ninguna prisa y con la otra mano se acomodó el pelo, gustándose delante de mí, insinuándose, pero sin insinuarse, antes de pasarme de nuevo el cigarrillo.

―Ya te he dicho que no quiero tu dinero...

―Te he escuchado, ¿y entonces...?

―No me siento nada cómodo con esto, Elena.

―Yo tampoco, entenderás que para mí no es una situación nada agradable...

―Te voy a ser muy sincero, antes me he metido una raya con Carlos ―le confesé pasándome un dedo por la nariz, como si quisiera limpiármela―, y todavía estoy bastante colocado...

―Tampoco es necesario que entres en detalles, Rodrigo... dime qué quieres para cambiar tu declaración ―y Elena cruzó la pierna izquierda sobre la derecha, mientras me arrebataba el cigarro de la mano.

―Ya lo sabes... ―dije mirando hacia abajo.

―¡Me lo suponía!, ¡es tan repugnante que no te atreves ni a decirlo!, por supuesto que no voy a acostarme contigo, eres el amigo de Carlos desde que tenías dos años, y no te considero un hijo, pero casi..., me sorprende que tan siquiera me lo insinúes, ¡es asqueroso!

―No te lo he pedido...

―¿Y entonces?

―¿No decías que estabas dispuesta a hacer cualquier cosa por Carlos?

―No me refería a eso, joder..., pensé que era evidente...

―Muy evidente no es, y menos si vas así vestida ―dije cabreado mirando hacia abajo, y estiré el brazo agarrando una liga y la tensé un poco, soltándola para que impactara contra su muslo.

El sonido de la tela contra su piel hizo que me volviera a palpitar.

Elena ni tan siquiera reaccionó, solo pegó otra calada y se me quedó mirando. Pude ver en sus ojos que aquella situación no era nada cómoda para ella, pero también que sus palabras no eran vacías. Realmente estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por salvarle el culo a su hijo.

―¡No vuelvas a tocarme! ―afirmó con rotundidad―,... sin mi permiso ―murmuró a continuación, como si le diera vergüenza lo que acababa de decir.

Levanté las manos en son de paz y después me acaricié el paquete por encima del pantalón. Ni tan siquiera lo hice con disimulo. Quería que Elena lo viera bien, que comprobara lo empalmado que me tenía y cuando le pedí que me devolviera el pitillo, ella negó con la cabeza.

―¿Te importa si me lo acabo? ―me preguntó.

―No, tranquila, tengo más...

―Pues cuando quieras vamos a la comisaria y cambias la declaración, solo tienes que decir que la droga era tuya y que Carlos no tiene nada que ver con eso... ―dijo dándole la última calada y abriendo la ventanilla para lanzar el cigarro.

―Ah, ¿solo eso?, te parecerá poco...

―Y después haremos lo que sea que tengas en mente, ¡es asqueroso que me estés pidiendo eso por ayudar a un amigo!, de momento, casi prefiero no saberlo...

―Esto es algo más que ayudar a un amigo. Me la estoy jugando por él y los dos sabemos que no debería estar en esta situación. ¡No he hecho nada, joder!, es más, debería ir contigo a la comisaría y decir que la droga era de Carlos, ¿quieres eso?

―No, noooooo, está bien, está bien... lo haremos a tu manera.

―Por supuesto que lo haremos a mi manera, mira, Elena, no te voy a pedir nada que no quieras, y mucho menos voy a forzarte, por supuesto, ¡no soy un puto violador!, me gustaría que tú también disfrutaras, pensé que eso al menos lo tenías claro...

―Pues tú dirás...

―Antes de ir a comisaria tienes que darme algo, un pequeño adelanto de lo que me espera, después me acompañarás, haré la declaración exculpando a Carlos y cuando salgamos de allí..., iremos con el coche a un lugar apartado y tranquilo...

―¿Qué quieres exactamente, Rodrigo?

―Mira, voy a ser sincero, estoy muy excitado y me gustaría correrme delante de ti... a partir de ahí, ya te supondrás que las posibilidades son infinitas...

―¡¿Vas a masturbarte aquí?!, ¿eso es lo que me quieres decir?

―Solo espero una mínima ayuda por tu parte, tampoco creo que sea mucho pedir. Lo que voy a hacer por Carlos no lo haría nadie más, y posiblemente, mañana me arrepienta por haber pensado con la polla, pero si te soy sincero, estoy bastante cachondo y tú me pones muchísimo, Elena, desde siempre...

―A ver si lo estoy entendiendo bien, ¡¡¿me estás pidiendo que te haga una paja?!!

―Creo que tampoco es mucho, ¿no?

―Pues cuando quieras, terminemos ya con esto... ―dijo resignada, soltando un resoplido.

―No, nooo..., no la quiero ahora, eso sería ya para terminar, lo último de todo, antes quiero disfrutar un ratito, que no sea algo rápido y frío, uno no tiene la oportunidad de estar con una mujer como tú todos los días y había pensado que dure por lo menos..., no sé, ¿una hora te parece bien?

―¿Una hora?, ¿y qué vamos a hacer tanto tiempo?

―Ya te he dicho que no tengo prisa y que quiero que dure..., ¿no esperarás que me voy a declarar culpable por una puta paja de un minuto?

―¿Y entonces qué hacemos?, solo estoy deseando ir a comisaría y terminar esto cuanto antes, así que haz lo que sea que tenías pensado, ¿en qué consiste ese pequeño adelanto que me habías pedido antes? ―me preguntó cruzando las piernas, pero hacia el otro lado, mostrándome de nuevo todo el muslo.

―Uffff, se me ocurren muchas cosas ―y miré hacia abajo, tirando de los botones de mi bragueta hasta desabrocharlos. Colé los dedos por el elástico del calzón y me agarré la polla.

Estaba a punto de sacármela delante de Elena...