Noche de concierto 5
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Acababan de dejar a la amiga de Carlos en casa y Rodrigo y su acompañante se iban comiendo la boca en la parte de atrás del asiento. Mientras conducía, Carlos colocó el retrovisor para ver cómo se enrollaban y de repente, ella se montó encima de su colega.

Se le subió tanto la minifalda que pudo ver perfectamente su culo cubierto por tan solo un tanguita y las manos de Rodrigo fueron a parar directamente sobre sus glúteos, apretándoselos con rabia.

Le excitaba mucho ver a su mejor amigo comiéndose la boca con su novia y unos minutos más tarde llegaron a casa de la chica.

Rodrigo se bajó para despedirse de ella y después de acompañarla hasta el portal, se montó en el asiento de copiloto junto a Carlos. Llevaba una buena erección bajo los pantalones y se apretó la polla por encima, estrangulándosela a la vez que se mordía los labios.

―¡Joder, menudo calentón llevo encima!, ¡me ha dejado cerdísimo esta zorra! ―exclamó Rodrigo.

―Yo estoy igual, tío, ja, ja, ja... ¡estas hijas de puta se han tomado toda la coca y encima nos han dejado cachondos!, ¡uffff, me apetece pegarme un tiro!

―Ya, pero no nos queda nada, ¿qué hacemos ahora?, ¿vamos donde siempre?

―Ey, Rodri, dijimos que la otra vez iba a ser la última...

―Bueno, como tú veas, a mí me apetecía bastante...

―Sí, y a mí, mmmmm, venga, está bien, vamos, y esta vez sí que es la última, eh, pero cada uno la suya, eh...

―¡Vale, perfecto!

Llevó el coche hasta un picadero apartado al que solían ir las parejas, sobre todo los fines de semana y Carlos aparcó su BMW serie 1, a unos metros de distancia de un Focus azul marino.

―¿Nos metemos una raya? ―dijo Carlos.

―Has dicho antes que no nos quedaba nada...

―Bueno, Joaquín nos ha pasado unos cuantos gramos, podemos coger uno y ya se los pagaremos cuando vendamos el resto...

―No deberías, Carlos, ya le debes bastante pasta como para...

―Venga, solo un gramo, lo pagamos a medias.

―Yo paso, tío, no me queda nada de pasta ―aseguró Rodrigo.

―Venga, anda, que invito yo... ―y sacó una de las bolsitas que llevaba en otra más grande.

Se prepararon un par de buenas rayas en el reposabrazos y después de esnifárselas, pasaron a los asientos de atrás.

―Joder, tío, me he puesto muy cachondo cuando se te ha subido Carla encima... ―dijo Carlos desabrochándose el pantalón.

―Me imagino, se le debía de ver todo, ¡menuda guarra!, le daba igual que estuvieras delante...

―Sí, ¡vaya culo tiene tu novia!

―No te quejes, que Jimena también tiene un buen azote la cabrona... ―y acompañó a su amigo, sacándose la polla y se la agarró con firmeza.

Cuando Carlos vio que Rodrigo no se cortaba un pelo y ya se la sacudía delante de sus narices, también se la descubrió, apuntando con ella hacia el techo del coche y los dos comenzaron a pajearse.

―¿Te gusta el culo de Jimena?, mmmmm ―gimoteó Carlos arqueando la espalda sin atreverse a mirar a su amigo.

―Ya lo creo, ¿cuándo te la piensas follar?

―Espero que pronto, porque me deja muchos findes con un buen dolor de huevos... aunque por otro lado me alegra que no sea tan guarra como Carla, pero...

―Ey, no llames guarra a mi novia...

―Si lo has dicho tú antes, y además, es lo que es... hay que ser muy puta para hacer lo que ha hecho en el coche hace un rato, ¡no me jodas, eso ha sido para provocarme!, ella sabía perfectamente que le estaba viendo todo el culo...

―Por lo menos no me la ha chupado en un baño de tíos como Jimena...

―¡Cabrón!, ¿te gustó cuando te conté eso, eh?

―Sí, me encantó... cuéntamelo otra vez, por favor...

―La muy puta no quería que se la metiera y eso que estaba muy cachonda, aprovechamos que no había nadie en el baño y nos colamos en el reservado, joder, se tuvo que poner de cuclillas para no tocar con las rodillas en el suelo...

―Mmmmmm, ¿la chupa bien, Jimena?

―Mejor que Carla...

―Ufffffff, ¿y te pidió ella que te corrieras en su cara?

―Sí, me dijo, échamelo donde quieras y...

―Joderrrrrr, ¡me pone muy cerdo esa historia!

―Y a mí también...

Los dos siguieron pajeándose en la parte de atrás del coche con los pantalones a medio bajar y sus camisas de pijo con los botones desabrochados. Les encantaba morbosear y decir toda clase de guarradas mientras se la sacudían y cada vez tenían sus pollas más duras.

―Me mola mucho hablar de lo guarras que son nuestras pibas, pero, ¿sabes lo que más cachondo me ha puesto hoy? ―preguntó Rodrigo.

―El tanga que llevaba Carla, o lo suave que tiene el culo...

―No, no te enfades, tío, pero lo que me ha puesto hoy más cerdo ha sido ver a tu madre...

―¿A mi madre? ―dijo Carlos extrañado, deteniendo en seco sus movimientos masturbatorios―. ¡Serás cabrón!

―Sí, tío, ¿te has fijado cómo iba vestida?, esa faldita de cuero, joder, nunca la había visto así, con esa camiseta ajustada, el pelo suelto... ¡ha sido la hostia! ―exclamó acelerando la paja.

―¡Hijo de puta!, ¿es que acaso te pone mi madre?

―No me digas que no está buena, ¡y hoy, uffff, estaba para follársela!, ¡¡ya lo creo que me pone!!, me ha puesto desde siempre, ¡ya sabes que me he pajeado mil veces pensando en ella!, es con diferencia, la tía que más leche me ha sacado...

―Para, tío, o me vas a cortar el rollo ―jadeó Carlos reanudando el pajote con los ojos cerrados.

―Siempre me ha parecido que tu madre era una jodida MILF, pero lo de hoy ha sido...

―Venga, para ya, por favor...

―Me daría mucho morbo que te corrieras mientras te hablo de ella ―le pidió Rodrigo.

―No seas cabrón, prefiero hablar de nuestras zorritas, como siempre... ―gimoteó Carlos cerrando los ojos.

―¿Pero has visto la falda y las medias que llevaba o no...?

―Nooooo, aaaaaah, noooooo..., para, tío, deja de hablar de mi madre...

―Seguro que sí te has fijado, vamos, hoy quiero que nos corramos hablando de Elena.

―¡Hijo de puta, cállate ya, aaaaah, aaaaah, aaaaah!

―Se le marcaban las caderas a lo bestia con ese minifalda de cuero, ufffff, ¡se me ha puesto dura en cuanto la he visto!, casi igual que a ti ahora mientras te hablo de ella...

―Para, aaaaaah, aaaaaah, para, aaaaaaah... dime cómo te follaste el otro día a Carla...

―¡No puedo más!, ¡voy a correrme, Carlos!

―Mmmmmm, yo también lo tengo a punto...

―Prefiero decirte cómo me follaría a tu madre, imagínatela aquí con nosotros, se hubiera metido una raya también y ahora estaría cachondísima, aquí sentada entre los dos...

―¡Cállate, joder!

―Me la follaría en la parte de atrás del coche, ¡uffff, joder!, le subiría esa faldita de cuero y se la metería a cuatro patas delante de ti...

―Cabrón, paraaaaa, aaaaah, aaaaah...

―Escucharías cómo gime y te darían ganas de metérsela a ti también...

―¡Qué cabrón eres!

―¡Y después me correría encima de tu madre!, me correría en su cara, es tan guapa...

―Aaaaaaah, cállate, no me desconcentres...

―¿No te lo imaginas?, echándoselo todo por encima, lo podíamos hacer los dos a la vez, también me gustaría ver cómo te corres encima de ella...

¿te lo imaginas?, aquí en el parking, los dos de pie, ella fuera del coche, de rodillas, esperando que...

―y los dos se giraron, apoyando sus frentes y mirándose a los ojos, con las bocas casi pegadas, pero sin tocarse.

―Aaaaaaah, aaaaaah, cállate, joder, aaaaahggg...

―¿Ya te corres, cerdo?

―Aaaaah, síiíííí, sííííííí, aaaaaah, me voy a correr...

―¡Pues di su nombre y córrete!, yo lo tengo a punto también, aaaaah, joderrr, me voy a correr, Elena, me corro, Elena, aaaaah, aaaah...

―Me corro, me corroooooo, aaaaah ―anunció Carlos y un primer lefazo salió volando sobre su pecho.

Después fue Rodrigo el que explotó sobre la tela de su camisa.

―Eso essss, aaaah, aaaaah, yo también me corro, tío, aaaaah, Elena, Elenaaaa, aaaaaah, aaaaah, tomaaaaa, aaaah, aaaaah, aaaaah, Elenaaaa, Elenaaaaa...

Los dos eyacularon casi a la vez, pajeándose entre gemidos y gritos, con las frentes pegadas, y echándose el aliento con los cristales del coche empañados. Se sacudieron hasta la última gota y Rodrigo se inclinó más, buscando la boca de su amigo para besarse con él, pero este le apartó la cara.

―¿Qué haces, tío?, ¡eso no me gusta!, ¡comerse la boca es de mariconas! ―le gritó Carlos.

―Perdona, uf, es que ha sido la hostia...

―Y te he dicho que dejaras de hablar de mi madre y tú vas y encima dices su nombre, joder, ¡es que ya te vale!, me has cortado todo el puto rollo, porque iba colocado... ―protestó apartándose de su amigo.

―Perdona, pensé que te estaba dando morbo..., hoy te has corrido súper rápido...

―Porque voy puesto, joder...

Se limpiaron en silencio y se montaron en la parte de delante, una vez que ya se les había pasado el calentón, pero antes de arrancar, alguien golpeó con los nudillos en el cristal empañado del lado del conductor. Entonces escucharon una voz grave que les ordenaba.

―¡Policía!, abran la ventanilla, por favor...