Noche de concierto 4
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No se me olvidará jamás la cara que puso Carlos al ver a su madre así vestida. Como si estuviera viendo a una extraña.

―¿Ma... mamá?, pero... ¿qué... qué hacéis aquí? ―nos preguntó.

―Hoy teníamos el concierto.

―Ah, sí, es verdad...

―Ho... hola... ―tartamudeó también Rodrigo al saludarnos, soltando la mano de la chica que lo acompañaba y miró detenidamente a Elena, a la que dio un repaso de arriba abajo con cara de incredulidad.

Al fijarme bien en él, me dí cuenta de que el mejor amigo de nuestro hijo era un clon de Joaquín, pero en moreno. Pelo largo, flequillo a un lado, camisa de rayas abierta, muy delgado, zapatos naúticos, más o menos como Carlos, solo que a este le gustaba llevar el pelo más corto.

―Tranquilos, no os vamos a molestar ya nos íbamos... ―les dijo Elena de forma cariñosa―. Pasadlo bien, no llegues muy tarde a casa y no os metáis en líos, eh... ―y se acercó a él, dándole un beso en la mejilla.

―Mamá, por favor...

Y nuestro hijo levantó la mano, dirigiéndose a alguien de dentro del bar. Al girarme vi que era Joaquín al que saludaba. Tampoco me extrañó mucho que se conocieran, pues eran de la misma edad y en aquel bar, todos parecían saber quién era Joaquín.

―Bueno, adiós, chicos... ―y le golpeé a Carlos en el pecho en plan colega.

Tampoco me dio mucho tiempo a escrutar bien a las dos chicas que los acompañaban.

Sobre 18 años, morenas, caras aniñadas, bastante pijas, la que iba con Carlos con un vaquero ancho y acampanado y top minúsculo de color blanco, sin apenas pecho, mostrando el ombligo y la de Rodrigo también con un top, pero en minifalda, luciendo unas bonitas piernas.

Salimos del bar con una sonrisa en la boca, olvidándonos por unos segundos de la tensión por la pelea previa.

Nuestro hijo y su amigo eran bastante guapetes y lo normal con esa edad es que tuvieran muchas amigas, pero era la primera vez que le habíamos visto junto a una chica.

Era como si se acabara de hacer mayor delante de nuestras narices y ni tan siquiera nos habíamos dado cuenta, hasta que le vimos de la mano con aquella chiquilla.

―¿Qué hacemos?, ¿nos vamos para casa? ―le pregunté a mi mujer.

―Por mí sí, creo que ya han sido demasiadas emociones por una noche...

―¿Qué tal si nos tomamos la última tranquilamente y bajamos pulsaciones?

―¿Todavía te apetece?

―Sí...

―De acuerdo ―aceptó Elena―. Pero nada de música alta, locales oscuros o niñatos peleándose...

―Prometido...

Salimos del centro y caminamos hasta un pequeño pasaje, que tenía dos bares. Nos metimos en el que había menos gente y pedimos un par de copas. El sitio era muy agradable, copas muy bien puestas, música relajante y estaba rodeado de sofás donde poder sentarse.

―Bueno, por fin un poco de calma, ¡menuda nochecita!, ha sido intensa, ja, ja, ja... ―bromeó Elena tomando asiento y cruzó las piernas.

Me situé a su lado, empujándola hacia la ventana y no pude evitar deleitarme con sus muslos y esas medias tan eróticas. Apoyé una mano en su pierna y la besé en el hombro.

―¡Ya lo creo que sí!, ¡nos ha pasado de todo!

―Y para terminar la noche nos encontramos con Carlos, ¡qué vergüenza me ha dado que me vea así vestida! ―afirmó tirando de su falda.

―Pues a Rodrigo no le ha dado tanta, porque menudo repaso te ha pegado...

―¿Rodrigo?, anda, no digas tonterías...

―¡Qué sí, qué sí!, te ha mirado bien...

―Pero si me conoce desde que era un criajo, ha estado en casa tantas veces que soy casi como su segunda madre...

―Pues te ha mirado con unos ojitos queee..., con lo calladito que es y lo tímido que ha sido siempre, este es de los que las mata callando, me parece a mí... y hoy iban muy bien acompañados.

―No sabía que Carlos tenía novia... ―comentó Elena.

―Yo tampoco y bueno, novia, novia, serán amigas... tampoco es muy extraño, son muy guapos los dos...

―Sí, la verdad es que sí, aunque bueno, yo no soy parcial, Carlos es mi ojito derecho y Rodrigo, desde la guardería ya llamaba la atención, y no ha cambiado... se nos han hecho mayores estos chicos, ¡ya son dos hombrecitos!, solo espero que no se metan en líos...

―Ja, ja, ja, tranquila, Carlos ya aprendió la lección por lo que pasó hace unos meses, y tú aunque les sigues viendo como a unos niños, hoy seguramente terminen la noche follándose a esas dos chicas.

―Fer, ¡no digas eso!, no quiero ni imaginarlo...

―Todos hemos tenido su edad.

―¡Qué bien se está aquí!, deberíamos haber venido desde el principio ―aseguró Elena tocándose el pequeño corte de su ceja.

―¿Te duele?

―No... no ha sido nada, lo que pasa es que en esta zona sangra mucho...

―No se te ha hinchado el ojo, y así estás mucho más sexy ―susurré acercándome a ella para robarle un beso en la boca―. ¡Putos niñatos!, no saben divertirse sin buscar pelea... ya la han estado liando en el concierto y después... por cierto, ¿qué te ha dicho Joaquín antes de salir del bar?

―¿Antes de salir?, eeeeh... ah, sí, se ha disculpado otra vez y luego..., me ha pedido el número de teléfono...

―¿Y eso?

―Pero no se lo he dado.

―Hombre, ya me imagino.

―Me ha dicho que le sabía mal que nos fuéramos así, que a ver si quedábamos otro día...

―¿Y para qué?, ¿es que quería ligar contigo?

―Supongo ―dijo Elena sin darle mucha importancia.

―Sí, señor, intentando levantarme a mi mujer delante de mis narices... ¡menudo artista el tal Joaquín!, aunque eso te pasa por seguirles el juego durante el concierto...

―Solo quería provocarte un poco para que sacaras ese fuego interno, darte celos... y creo que lo he conseguido, ja, ja, ja...

―Me ha extrañado que te comportaras así, con lo seria que eres...

―¿Soy seria?

―¡Elena, por favor!, eres la seriedad en persona...

―Hoy quería pasármelo bien, hacía mucho que no salíamos en este plan... y supongo que me he dejado llevar... perdona si te ha molestado...

―¿Molestado?, te voy a ser sincero ―dije pegándome a ella como si fuera a decirle una cosa muy importante―.

Al principio no entendía muy bien lo que estaba pasando, me extrañaba que hubieras aceptado por ejemplo beber del mismo cachi que compartían ellos, pero cuando te he visto hablando con Joaquín, no sé, he sentido algo...

Elena me miró extrañada y por la cara que puso, me di cuenta de que había metido la pata, así que intenté recular antes de entrar en un callejón sin salida.

Pero ya era demasiado tarde.

―Nah, da igual...

―No, no, me interesa, ¿qué es eso de que has sentido algo...?, ¿qué quieres decir?

―Es una tontería.

―Quiero saberlo...

―Pues eso, cuando te he observado con Joaquín, te he podido ver desde otra perspectiva que no estaba acostumbrado, era como...

¡Dios mío, esa jodida diosa de la minifalda de cuero es mi mujer!

, ¡te veías impresionante al lado de ese universitario!

, así como en plan, ¿en serio ese niñato se piensa que puede ligar contigo?

, era hasta gracioso veros juntos... ¡un niño y una mujer!

―¿Y qué era eso que me decías antes que habías sentido...?

―No sé explicarlo muy bien, era una especie de orgullo masculino, me decía a mí mismo, ¡uf, esa hembra es mía!

―¿Hembra?, ¡ni que fuera ganado!, anda que ya te va...

―No, no lo quería decir en plan machista, sino en plan eeeeeh...

es que ya te digo que te veías, eeeeh...

¡llamabas mucho la atención!, solo te faltaba una luz encima de la cabeza alumbrándote a ti sola en medio de la sala, esa era la percepción que tenía durante el concierto, estabas tú y después los demás...

y el contraste con el chico me pareció muy morboso.

Reconozco que me gustó, aunque solo un poquito, verte con él.

―¿Te gustó?

―No lo sé seguro...

―¿En que sentido?

―Pues no te lo vas a creer, y me da vergüenza decirte esto, pero creo que hasta me excitó eso...

―¿Te excitaste viéndome compartir un cachi con unos chicos que tienen la edad de tu hijo?, ¿en serio?

―En ese momento no sabía ni lo que estaba sintiendo, ¡me encontraba muy confundido!... no se trataba de que fueran jóvenes, sino de la energía sexual que desprendías tú, y ver cómo te deseaban...

―No sé qué decir ante eso, Fer, yo no he hecho nada que diera pie a...

―Y luego en el bar, eeeeeh... vi lo que pasó con el moreno antes de que entraras en el baño, te lo juro que ya iba a ir por él, pero tenías la situación controlada y...

―¿Y qué viste exactamente?

―Cuando puso una mano en tu cintura, y te dijo algo al oído y luego... te tocó el culo, ¿verdad?

―¿Lo viste?, ¡joder, qué vergüenza!, yo no hice nada, fue él el que...

―¡Ya lo sé, Elena!, y manejaste muy bien la situación, y como no lo diste importancia, tampoco quise decirle nada... pero si hasta ese momento había tenido dudas, en ese instante se despejaron todas...

―¿Dudas de...?

―Pues de lo que estaba pasando, de lo que significaba esa punzada de nervios oprimiéndome o el corazón latiendo a toda velocidad, de eso que hemos hablado antes, el moreno era un chulo, pero era un tío muy atractivo y cuando te tocó el culo, fue algo como...

¡se me cerró el estómago!, estaba celoso y tenía ganas de matar a ese cabrón, y a la vez...

―me acerqué a ella besando su hombro y apreté con ganas su muslo―.

¡Te deseé como nunca!, ¡me quedé paralizado, su mano estaba acariciando tu culo por encima de esa faldita y no podía moverme!

, ¡uffff, Elena, fue demasiado morboso! ―susurré como si me diera vergüenza admitir aquello.

―¡¡Fer!!, ¡¡¿me estás diciendo que te puso ver a un chiquillo intentando ligar conmigo y tocarme el culo sin mi consentimiento?!!

―Creo que sí, ¡y ahora ni te imaginas las ganas que tengo de estar contigo esta noche!, ¡estoy como loco por llegar a casa y follarte! ―exclamé mordiéndome los labios.

―¡Todo esto me parece muy surrealista!, a ver si ahora voy a tener que ponerte celoso más a menudo para que me desees...

―Yo te deseo a todas horas, no tienes que ponerme celoso para eso, pero lo de hoy ha sido...

―Pues no lo parece...

―¿Y sabes una cosa?, creo que a ti también te gustó...

―¿Que me gustó que un chico me tocara el culo...?

―No, eso puede que no, pero sí el sentirte tan deseada, rodeada de esos niñatos cachondos y con las hormonas por las nubes, sabiendo que yo te estaba observando, ¿verdad?

―Me ha gustado provocarte..., pero no lo hacía en ese sentido, no quería calentarte, ja, ja, ja, estoy ciertamente sorprendida de lo que me acabas de confesar, eso de que te ha excitado verme con esos chicos...

―¿A ti no te ha gustado?, ni aunque sea un poquito... ―murmuré volviendo a acariciar su muslo, casi ya por debajo de la falda.

―Fer, para, ¿qué haces, idiota?

―Reconoce que te ha excitado que esos niñatos hayan intentado ligar contigo y paro...

―Deberíamos irnos a casa... ―me pidió poniendo una mano sobre la mía y me acarició el dorso con un dedo.

―Mmmmm, Elena, quiero follarte... ―susurré rozando sus labios con los míos.

Ella cerró los ojos y movió la cabeza con suavidad, frotando nuestros labios, se le escapó un pequeño gemido y mi polla saltó como un resorte bajo los pantalones.

―Vamos a casa... hoy no tenemos niños... ―jadeó mi mujer.

―Sí, vamos rápido, anda, no sea que Carlos llegue antes que nosotros...

―Espero que no...

―Aunque por si acaso, se me ha ocurrido una idea, bueno, más bien es algo que he fantaseado alguna vez... cuando lleguemos al portal te lo digo...

―¡Uy, qué miedo me dan tus ideas!