No Todo Es Real CAPÍTULO VEINTE
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CAPÍTULO VEINTE

James aterrizó en Barcelona poco después de las tres del miércoles.

Por una vez, el vuelo había llegado puntual.

A las cuatro y media ya estaba en casa.

El piso estaba vacío.

Theo todavía estaría en el colegio y Alicia solía tener pacientes hasta las cinco.

James dejó la maleta junto a la puerta del dormitorio, se quitó el traje y abrió las puertas del balcón.

El aire caliente recorrió el piso.

Después de dos días entre oficinas con aire acondicionado, aeropuertos y hoteles, incluso aquel calor resultaba agradable.

Estaba en casa.

Preparó café y salió al balcón.

Por primera vez en toda la semana, no tenía que estar en ninguna parte.

Ninguna reunión.

Ninguna reserva para cenar.

Ninguna presentación que revisar.

Le escribió a Alicia.

En casa.

Y, después de unos segundos:

Y no pienso volver a marcharme al menos en cinco días.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

La mejor noticia que he recibido en todo el día ❤️

James sonrió.

Ahí estaba.

Fuera lo que fuese que había imaginado la noche anterior, de repente parecía ridículo.

Alicia llegó poco después de las seis.

James oyó las llaves y fue a recibirla.

—Estás en casa.

—Te había avisado.

Ella sonrió y le rodeó el cuerpo con los brazos.

El abrazo duró más de lo que esperaba.

James le dio un beso en la cabeza.

—¿Mal día?

—Día largo.

—¿Mamá?

—Trabajo.

Se apartó y se quitó los zapatos.

—Aunque mamá me ha llamado dos veces porque no encontraba el mando de la tele.

—¿Dónde estaba?

—En la cocina.

James se rio.

—Evidentemente.

—Al parecer se lo había llevado cuando fue a prepararse café.

—Tiene todo el sentido.

—Para ella, sí.

El humor desapareció ligeramente del rostro de Alicia.

James lo vio.

—Encontraremos una solución.

—Ya lo sé.

—Lo digo en serio.

—Yo también.

Cogió su bolso.

—¿Vino?

Alicia lo miró.

—Es miércoles.

—¿Eso es un no?

—En absoluto.

James sonrió.

—Esa es mi mujer.

Se sentaron en el balcón mientras Theo terminaba los deberes en su habitación.

Alicia tenía las piernas recogidas y sostenía la copa de vino con las dos manos.

James la observó unos segundos.

Parecía cansada.

Guapa, pensó.

Pero cansada.

—¿Qué tal Londres? —preguntó ella.

—Pasado por agua.

—No te he preguntado eso.

—Resume bastante bien el viaje.

Alicia sonrió.

—¿Las reuniones?

—Interminables.

—¿Y Helen?

La pregunta lo sorprendió.

—¿Helen?

—Tu asistente legal nerviosa.

—Ah.

James sonrió.

—Lo hizo muy bien, en realidad. Presentó parte de la reunión sin necesitar que fuera a rescatarla.

—Un avance.

—Un avance importante.

Alicia bebió un sorbo de vino.

—Debes de estar orgulloso.

—Lo estoy.

Lo dijo sin pensar.

Algo cruzó el rostro de Alicia.

Tan rápido que casi se le escapó.

James frunció el ceño.

—¿Qué?

—Nada.

—Eso no ha sido nada.

Alicia sonrió.

—Marido de psicóloga.

—Veinte años de entrenamiento.

Ella se rio.

—Estoy impresionada.

—Responde.

—No había ninguna pregunta.

—Había claramente una pregunta.

Alicia negó con la cabeza.

—Solo estaba pensando.

—¿En qué?

Lo miró un segundo.

Después sonrió.

—En nada importante.

James la vio beber otro sorbo.

Normalmente lo habría dejado ahí.

Esta vez, por alguna razón, no quiso hacerlo.

—¿Estamos bien?

Alicia pareció genuinamente sorprendida.

—¿Qué?

—Tú y yo.

—Claro que sí.

La respuesta llegó tan rápido que James se sintió ridículo.

—No sé. Últimamente pareces…

—¿Qué?

Buscó la palabra.

—Como si tuvieras la cabeza en otro sitio.

Alicia lo miró.

Después su expresión se suavizó.

—James.

—Ya lo sé. Olvídalo.

—No.

Dejó la copa.

—Ven.

Él sonrió.

—Estoy sentado a treinta centímetros.

—Más cerca.

James se acercó.

Alicia apoyó la cabeza en su hombro.

—Estoy preocupada por mamá —dijo en voz baja—. Tengo mucho trabajo. Theo, por lo visto, ha descubierto a las chicas. Y mi marido se pasa media vida en otro país.

—No media.

—¿Un cuarenta por ciento?

—Treinta y cinco.

Alicia rio suavemente.

James la rodeó con un brazo.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Por los viajes.

—No tienes que disculparte.

—Ya lo sé. Pero voy a intentar reducirlos.

Alicia levantó la vista.

—Eso ya lo has dicho.

—Esta vez lo digo en serio.

—Las otras veces también.

James sonrió.

—Cierto.

Ella lo besó.

No de pasada.

No con prisa.

De verdad.

Aquella extraña sensación que había acompañado a James durante las últimas cuarenta y ocho horas desapareció casi de inmediato.

La acercó más.

—Te he echado de menos.

—Yo también.

Y la creyó.

Porque no tenía absolutamente ningún motivo para no hacerlo.

Más tarde, Theo apareció en la cocina buscando comida, a pesar de que hacía menos de una hora que había cenado.

—No hay nada para comer.

James abrió la nevera.

—Hay una nevera entera llena de comida.

—Nada bueno.

—Ah. Ese es otro problema.

Theo cogió un yogur.

—¿Puede venir Clara el viernes después del colegio?

James miró a Alicia.

Alicia miró a James.

Theo suspiró.

—¿Por qué hacéis siempre eso?

—¿El qué? —preguntó Alicia.

—Miraros antes de contestar.

—Nos estamos comunicando.

—No habéis dicho nada.

—Exacto —dijo James.

Theo negó con la cabeza.

—Sois rarísimos.

—El viernes está bien —dijo Alicia.

—Puerta abierta —añadió James.

Theo gruñó.

—Ahora es mi novia.

—Lo sé.

—¿Entonces?

—Entonces la puerta sigue abierta.

—No tiene ningún sentido.

—Para mí tiene muchísimo.

Theo miró a Alicia.

—¿Vas a ayudarme?

—Ni hablar.

—Increíble.

Desapareció por el pasillo con el yogur.

James miró a Alicia.

—Novia.

—Ya.

—No me gusta.

—Clara te cae bien.

—Eso es irrelevante.

Alicia se rio.

James sonrió.

Esto.

Esto era lo que echaba de menos cuando viajaba.

No Barcelona.

No el piso.

Esto.

Se acostaron poco antes de medianoche.

Alicia se quedó dormida enseguida.

James no.

No porque pasara nada.

Más bien al contrario.

Permaneció junto a ella escuchando su respiración, con un brazo sobre la cabeza.

Pensó en la pregunta que había hecho en el balcón.

¿Estamos bien?

Ni siquiera sabía muy bien de dónde había salido.

Quizá de la llamada sin responder.

Quizá de aquella voz distraída.

O quizá de demasiadas noches solo en hoteles, con demasiado tiempo para pensar.

A su lado, Alicia se acercó un poco más mientras dormía.

James sonrió.

Ridículo.

Estiró la mano para apagar la lámpara.

El teléfono vibró.

James miró.

Helen.

Perdona. Sé que es tarde. Todo preparado para la llamada de mañana.

James sonrió.

Miró a Alicia.

Después al mensaje.

Escribió:

Claro. Vete a dormir.

La respuesta llegó enseguida.

Sí, claro.

Aparecieron los tres puntos.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Después:

Buenas noches.

James dejó el teléfono.

Se giró hacia Alicia y cerró los ojos.