No Todo Es Real CAPÍTULO NUEVE
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CAPÍTULO NUEVE

El martes por la tarde, el calor se había instalado sobre la ciudad.

Incluso con el aire acondicionado encendido, en la consulta de Alicia hacía más calor de lo habitual. Cuando terminó con su último paciente, le apeteció pasar un rato tranquilo con su madre antes de volver a casa.

James estaba en Londres.

Theo todavía estaría entrenando.

Por una vez, nadie necesitaba nada de ella.

Solo pensarlo ya parecía un lujo.

De camino, paró en una cafetería y compró dos cafés y dos cruasanes.

Uno con leche.

Uno solo.

No hacía falta decir cuál era para cada una.

Cinco minutos después llamaba al timbre de su madre.

La puerta se abrió casi de inmediato.

—Llegas tarde.

Alicia miró el reloj.

—Llego tres minutos antes.

—Exacto.

Su madre se apartó para dejarla pasar.

—Llevo un buen rato esperándote.

El piso olía ligeramente a café y a limpiador de muebles con aroma a limón.

Un olor familiar.

Reconfortante.

Al principio, todo parecía normal.

Mejor que normal, de hecho.

Su madre estaba llena de energía.

Animada.

Era el mejor día que Alicia le había visto tener en semanas.

Se sentaron en la cocina y hablaron mientras tomaban café y comían los cruasanes.

Del vecino de arriba.

De una prima que ninguna de las dos soportaba demasiado.

De los últimos cotilleos de sus amigas.

De un presentador de televisión que su madre había decidido que era divertidísimo.

La conversación fluía con facilidad.

Con naturalidad.

Durante un rato, Alicia se permitió relajarse.

Hasta que su madre comentó, como si nada:

—Vosotros dos siempre tenéis que llevarme la contraria en todo.

La sonrisa de Alicia desapareció.

Solo un poco.

Lo justo.

—¿Quiénes?

Su madre siguió removiendo el café.

—Ah. Nadie.

Durante unos segundos, ninguna de las dos dijo nada.

Entonces una sombra de duda cruzó el rostro de su madre.

Miró el café y soltó una pequeña risa.

—Ay, por favor.

Negó con la cabeza.

—No sé de dónde saco estas cosas.

Alicia alargó la mano sobre la mesa y apretó la suya.

Su madre sonrió.

Pero la sonrisa no le llegó a los ojos.

Entonces, como si nada hubiera ocurrido, dijo:

—Bueno, háblame de la nueva novia de Theo.

Alicia frunció el ceño.

—¿Clara?

—Supongo. La chica.

Su madre la miró como si Alicia estuviera complicando las cosas innecesariamente.

—La chica que le gusta a Theo.

Alicia sonrió.

—No creo que a él le hiciera mucha gracia oírte decir eso.

—Claro que le gusta.

—Mamá.

—No estoy ciega.

Alicia se rio.

—¿Sabes lo de Clara?

—Parece muy maja.

Alicia levantó la vista.

—¿Qué quieres decir?

—Por lo que vi.

La sonrisa desapareció del rostro de Alicia.

—¿Los viste juntos?

—Claro.

Alicia frunció el ceño.

—¿Cuándo?

—La semana pasada.

La respuesta llegó enseguida.

Sin vacilar.

Sin ninguna duda.

—Después del colegio.

Alicia la miró fijamente.

Theo no le había dicho que hubiera ido a verla.

Tampoco tenía por qué hacerlo.

Pero aun así.

—¿Qué te contó?

—Ah, poca cosa.

Su madre hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.

Pero había algo que no acababa de encajar.

Alicia no sabía exactamente qué.

—¿Estás segura de que fue la semana pasada?

Su madre pareció ligeramente ofendida.

—Claro que estoy segura.

Y un segundo después:

—O la anterior.

La seguridad desapareció.

Otra vez.

Así de rápido.

Alicia bajó la mirada hacia el café.

La conversación derivó hacia otros temas.

Pero ella no consiguió dejar de pensar en aquello.

La conversación volvió a su cabeza una y otra vez durante el camino a casa.

Había algo que no terminaba de encajar.

Cuando llegó, Theo estaba sentado a la mesa de la cocina fingiendo hacer los deberes mientras, en realidad, miraba el móvil.

Alicia sabía distinguir perfectamente una cosa de la otra.

—¿Qué tal el entrenamiento?

—Bien.

—Muy útil.

—De nada.

Alicia se sentó frente a él.

Durante unos instantes no dijo nada.

Después preguntó:

—¿Fuiste a ver a Iaia la semana pasada?

Theo levantó la vista.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—¿No?

—No.

—¿No has ido a verla?

—He tenido exámenes.

Alicia asintió.

Tenía sentido.

Aun así.

—Dice que te vio.

Theo frunció el ceño.

—¿Cuándo?

—La semana pasada.

Su expresión cambió.

Ahora parecía sinceramente confundido.

—Hace semanas que no la veo.

Alicia lo observó.

No estaba a la defensiva.

No parecía culpable.

Solo confundido.

—Dice que estabas con Clara.

Ahora sí parecía completamente perdido.

—¿Qué?

—La semana pasada. Después del colegio.

Theo soltó una risa breve e incrédula.

—Mamá, no era yo.

Alicia no dijo nada.

Theo negó con la cabeza.

—Si esta es tu forma de conseguir que vaya a ver a Iaia, tranquila. Pensaba ir la semana que viene.

—Me parece bien.

—Sin Clara, por cierto.

Alicia se rio.

—Tomo nota.

Theo volvió a los deberes.

O, al menos, a interpretar el papel de alguien que hacía los deberes.

La conversación terminó ahí.

Pero Alicia siguió dándole vueltas mucho después.

Más tarde, cuando Theo ya se había acostado, Alicia salió sola al balcón.

La calle estaba más tranquila.

Por fin empezaba a refrescar.

Pensó en su madre.

En Clara.

En Theo.

Theo insistía en que no había ido a verla.

Su madre insistía en que sí.

La explicación más sencilla era que su madre se hubiera confundido.

Tenía sentido.

Debería haber bastado.

Pero Alicia volvía una y otra vez al mismo detalle.

Su madre sabía quién era Clara.

Y, por alguna razón que Alicia no conseguía explicar, eso era lo que más la inquietaba.