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Artículo de The Britannia Post .
Edición Especial – Crónicas desde París
Tilda Glass
Enviada especial
El Asesino del Sexto Mandamiento ha vuelto a actuar.
A las 23:21 de esta noche, The Britannia Post ha recibido un nuevo correo electrónico anónimo con origen en el mismo servidor offshore utilizado en los envíos anteriores. En el asunto había solo estas palabras: «No tocarás | Víctima nº 3 | El infierno está entre nosotros».
Adjunta al mensaje, una nueva serie de fotografías explícitas de una escena del crimen, junto con el nombre de la víctima y tres frases que consolidan la lógica doctrinal del asesino que está sembrando el terror en París.
La víctima es Benoît Moreau, abogado de alto perfil, conocido en los círculos judiciales y mediáticos por su especialización en divorcios rápidos de gran impacto económico.
Su nombre había aparecido en varios procedimientos célebres relacionados con separaciones millonarias, litigios matrimoniales de gran exposición pública y estrategias judiciales destinadas a desmantelar por completo al cónyuge más vulnerable.
Junto al material enviado a este periódico, el remitente escribió:
«Hizo negocio con la traición y convirtió el matrimonio en un contrato desechable».
«No unió a los que prometieron ante Dios. Los separó, enriqueciendo el adulterio y bendiciendo la ruptura».
Y añadía una tercera frase, ya reconocible como la declaración de principios del autor:
«Cuando el hombre profana el lecho, la promesa y el sacramento, el mandamiento muere. Yo solo enseño el camino».
Según ha podido confirmar The Britannia Post por fuentes próximas a la investigación, el cuerpo fue localizado en una sala privada del entorno de la Place Vendôme, en un edificio vinculado a reuniones discretas de clientes de alto poder adquisitivo.
Las circunstancias exactas del hallazgo no han sido aclaradas oficialmente, aunque varias fuentes coinciden en que la policía llegó cuando la escena aún no estaba completamente asegurada.
Las imágenes recibidas muestran una puesta en escena de fuerte carga religiosa y punitiva.
El cuerpo aparece suspendido y fijado con tornillos a una estructura de madera, en una composición que remite de forma inequívoca a una crucifixión.
La víctima presenta además una mutilación genital extrema, y la sangre cae desde la pelvis hacia un recipiente dorado de apariencia litúrgica, semejante a un cáliz o copón ceremonial.
Todo indica que el asesino no solo pretendía ejecutar a su víctima, sino convertir el cadáver en una acusación visual contra aquello que el asesino consideraba una profanación del matrimonio.
Por respeto a los lectores, esta edición impresa no reproduce las imágenes más explícitas. El material completo está siendo analizado por el equipo digital del periódico y por especialistas consultados por este medio para verificar su autenticidad y determinar si las imágenes han sido manipuladas.
Con esta tercera muerte, el patrón del caso ya no deja margen para la duda.
Las víctimas no están siendo elegidas por su intimidad privada, sino por lo que representan dentro de una visión moral extremadamente rígida del pecado.
El remitente no castiga solo los actos, sino también las estructuras que, a su juicio, los permiten, los protegen o los convierten en algo jurídicamente aceptable.
Ni la policía judicial ni la fiscalía francesa han emitido por ahora una declaración completa sobre el asesinato de Benoît Moreau. Tampoco se ha confirmado oficialmente si este crimen está siendo investigado como parte de una serie, pese a las similitudes evidentes con los casos anteriores.
La investigación continúa abierta.