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Artículo de The Britannia Post .
Edición Especial
Tilda Glass
Londres
París tiembla.
Esta noche, The Britannia Post ha recibido un correo electrónico anónimo con origen en un servidor offshore . En el asunto solo había unas palabras: «No tocarás | Víctima nº 1 | El infierno está entre nosotros».
Adjunto al mensaje había una serie de imágenes inéditas, explícitas y profundamente perturbadoras, así como un vídeo de corta duración que documenta con escalofriante frialdad una escena de castigo ritual.
La víctima es Père Jacques Girard, sacerdote católico de cincuenta y siete años, vinculado desde hace décadas a una conocida parroquia parisina.
Según ha podido confirmar este periódico, el cuerpo fue hallado esta madrugada, ahorcado en el Puente de las Artes, en una escena de una violencia calculada y de fuerte carga simbólica.
Junto al material recibido, el remitente escribió en el email :
«Consagró su cuerpo a Dios y lo entregó al deseo».
«Predicó pureza desde el altar y se revolcó en la mentira».
Y añadía una tercera frase, que parece funcionar como manifiesto moral del asesino:
«Cuando el hombre traiciona el lecho, el voto o la promesa sagrada, el mandamiento muere. Yo solo enseño el camino».
Las imágenes y el vídeo, cuya autenticidad está siendo verificada por expertos consultados por este medio, muestran una puesta en escena deliberada, meticulosa y concebida para ser leída como un mensaje.
Por respeto a los lectores, esta edición impresa reproduce solo algunas de las imágenes con el correspondiente filtro visual.
La grabación íntegra, así como el resto del material, queda reservada a la investigación digital del periódico y no será difundida sin advertencia expresa.
Père Jacques Girard es descrito por su entorno como un hombre formado, prudente y entregado a la Iglesia.
Precisamente por eso, la naturaleza de la acusación que encierra este crimen amenaza con abrir una grieta incómoda en el silencio que a menudo protege ciertas dobles vidas dentro de las instituciones religiosas.
Hasta el momento, las autoridades francesas no han ofrecido ninguna declaración oficial. Tampoco la diócesis implicada ha querido responder a las preguntas de este periódico.
Pero algo resulta ya evidente.
No estamos ante un crimen impulsivo.
Estamos ante otra ejecución concebida como advertencia.
Y esta vez, el mensaje no señala solo a un hombre, sino a un pecado más antiguo que cualquier ley moderna: la traición del cuerpo, del compromiso y de la confianza sagrada.
Desde esta noche, París entra en la pesadilla.
Tilda Glass.
The Britannia Post.