No te soporto CAPÍTULO 12
53%

CAPÍTULO 12

A centímetros del desastre (o de la salvación)

A las ocho menos diez de la mañana ya estoy delante del edificio de la oficina, con un café en una mano, el bolso colgado del hombro y una carpeta que he revisado tantas veces que podría recitar de memoria cada una de las cifras que contiene.

No he dormido especialmente bien.

No porque el proyecto me preocupe. Bueno, sí, también por eso.

Hamilton primero busca una alternativa.

Sé que escucha de verdad cuando alguien habla.

Y sé cómo me mira cuando cree que no me doy cuenta.

Eso último es un problema.

Uno bastante grande.

—¿Has terminado con la diapositiva veintisiete? —pregunta desde el otro lado de la mesa.

—Sí. He cambiado la previsión de personal.

—La he visto.

—¿Y?

—Que ahora tiene sentido.

—¿Antes no?

—Antes estabas intentando cubrir todos los escenarios posibles.

—Es mi trabajo.

—No. Tu trabajo es que el evento funcione. No imaginar diecisiete catástrofes diferentes antes del desayuno.

Levanto la mirada.

—¿Estás diciendo que exagero?

—Estoy diciendo que eres tú.

—Eso no responde a la pregunta.

—Es la respuesta.

Intento contener una sonrisa.

Él lo nota.

Por supuesto que lo nota.

—Ahí está.

—¿Qué?

—La sonrisa.

—No estoy sonriendo.

—Sí lo estás haciendo.

—No.

—Sophie.

—Noah.

Durante unos segundos nos quedamos mirándonos.

Y entonces la puerta se abre.

Victoria entra con una carpeta bajo el brazo.

—Buenos días.

Nos separamos casi de inmediato, como si nos hubieran descubierto haciendo algo mucho más comprometedor que discutir sobre una diapositiva.

Victoria nos observa durante un segundo, aunque no dice nada.

—¿Listos?

—Sí —respondo demasiado rápido.

Noah se incorpora.

—Completamente.

Victoria deja la carpeta sobre la mesa.

—Bien. El cliente llega en quince minutos. Quiero que tengáis claro algo antes de entrar ahí. Sophie, esta presentación es tuya. Tú lideras. Noah, tú cubres la parte comercial y de producción cuando sea necesario, pero quiero que quede claro para el cliente quién coordina el proyecto.

Asiento.

Siento cómo algo se acomoda dentro de mí.

Esto es exactamente lo que quería.

—Entendido.

Victoria me mira directamente.

—Y no quiero que intentes demostrar nada.

Frunzo ligeramente el ceño.

—¿Perdón?

—Ya estás preparada. No necesitas hacer una presentación perfecta. Necesitas hacer una presentación clara.

Me quedo callada.

Noah baja la mirada para esconder una sonrisa.

—¿Te parece gracioso? —le pregunto.

—No.

Victoria lo mira.

—A ti tampoco te vendría mal escuchar eso.

—Lo tendré en cuenta.

—Más os vale.

Cuando Victoria sale, recojo mis papeles.

—No digas nada.

—No iba a decir nada.

—Estabas a punto.

—Solo iba a decir que tiene razón.

Lo miro.

—Te odio.

—Eso ya me lo has dicho.

Pero esta vez ninguno de los dos sonríe demasiado.

Porque sabemos que la frase ha dejado de significar lo mismo.

La presentación empieza a las diez.

Durante los primeros minutos estoy nerviosa.

Después dejo de estarlo.

No sé exactamente en qué momento ocurre, pero cuando empiezo a explicar la estructura del proyecto, los objetivos de Hamilton & Reed y la propuesta de calendario, algo dentro de mí se coloca en su sitio. Dejo de pensar en cómo estoy sonando y empiezo a pensar en lo que quiero conseguir.

Eso siempre ha sido lo que mejor se me da.

Cuando trabajo, todo resulta más sencillo.

Las cifras tienen sentido.

Los problemas tienen soluciones.

Las personas hacen preguntas y yo puedo buscar respuestas.

No hay espacio para pensar en Noah.

Hasta que uno de los responsables de Hamilton & Reed pregunta:

—¿Quién sería nuestro contacto principal durante todo el proyecto?

Miro a Victoria durante un instante.

Después vuelvo la mirada hacia el cliente.

—Yo.

Mi voz no tiembla.

—Seré la coordinadora principal y estaré al frente de la planificación, la comunicación y el seguimiento de cada evento. Noah se encargará de toda la parte comercial y de producción, así que trabajaremos juntos en la estructura general, pero yo seré vuestro contacto directo.

El cliente asiente.

—¿Y cómo os coordináis?

Miro a Noah.

Durante una fracción de segundo pienso que quizá él responderá.

No lo hace.

Simplemente me mira como si supiera exactamente lo que quiero decir.

Así que continúo.

—Tenemos reuniones semanales de seguimiento y una revisión conjunta antes de cualquier decisión que afecte al presupuesto o a la experiencia del evento. La idea es que no haya dos proyectos paralelos, sino un único equipo con responsabilidades muy claras.

El cliente sonríe.

—Me gusta.

Y entonces Noah interviene.

—Y Sophie lidera muy bien.

Lo miro.

No lo dice como una broma.

Ni como un comentario para quedar bien.

Lo dice con una seguridad tranquila que me golpea mucho más de lo que debería.

—Tiene una visión muy clara del proyecto y, además, conoce al cliente mejor que nadie en esta sala.

Siento un pequeño nudo en la garganta.

—Gracias —digo.

Noah asiente.

La presentación continúa.

Cuarenta minutos después, cuando el último cliente abandona la sala, me dejo caer ligeramente contra el respaldo de la silla y suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Victoria cierra la puerta.

—Muy bien.

La miro.

—¿De verdad?

—De verdad.

Noah se sienta frente a mí.

—Te lo dije.

—No empieces.

Victoria sonríe.