Capítulo 172
Barray, acompañado de un movimiento teatral, levantó los brazos para mostrar la inmensidad del arte que allí había oculto, a la espera de ser hallado en un desván, una vieja librería o un monasterio abandonado.
—Necesitamos una restauradora que supervise la conservación de estas obras. Nadie mejor que tú.
Irene se apartó de la escultura y cruzó la mirada con el que era su secuestrador y también amante ocasional. Era atractivo y a la vez infundía terror.
Y la desconcertaba una vez más.
—Hay otras vidas, ma chérie, pero son peores que la que nosotros te ofrecemos. Tú decides.