Capítulo 163
Lola le pidió a Fanjul que la dejara cerca del parque del Capricho y la esperara en el vehículo camuflado.
En la conversación que habían mantenido por teléfono, le había prometido a Nacho mantener la confidencialidad.
El partido de fútbol ya había terminado y jugadores y espectadores se habían largado.
La noche era húmeda y el barrio estaba desapacible.
El matemático aguardaba entre sombras, apoyado en la valla, impaciente y con la capucha puesta. No se movió hasta que se aproximó la inspectora, cansada, con calor y frío a la vez, pero dispuesta a dar guerra ahora que Manuela estaba a salvo.
—¿Y bien? —preguntó al llegar a su altura.
Nacho comprobó que no hubiera espías cerca antes de responder. Estaba más turbado de lo normal.
—Como le he explicado antes, Irene Llamas había quedado en el parque con el exministro de Cultura.
—Reconozco que esa chica me deja pasmada. Parece una mosquita muerta y es el epicentro de la conspiración.
—¡No es así!
Nacho había elevado la voz y se arrepintió de inmediato. Lola le imponía.
—Tranquilo, Capuchitas.
—Ustedes estuvieron en el Prado y dejaron su tarjeta. Ella los llamó para contarles lo que sucedía.
La cara de extrañeza de Lola perturbó a Nacho.
—Habló con alguien de su equipo .
—¿De mi equipo?
—Seguro.
—¡Puto Campos! —farfulló tras caer en la cuenta. El inspector habría informado a la Corporación, sin duda. Irene Llamas estaba en peligro—. ¿Y qué hay de Max Utiel?
—La llamaba de vez en cuando. Le insinuaba que le habían obligado a dimitir por lo del cuadro, y trataba de sacarle información sobre lo que ocurría en el museo.
—Entiendo que no era cómplice del tal Barray.
—No, seguro. Irene decía que estaba asustado.
—¿Y para qué quería verla en persona?
—Al parecer, había reunido pruebas contra la Corporación y pretendía mostrárselas. Yo la esperaba aquí fuera, pero no ha salido.
—¿La has buscado?
—Irene me compartía su ubicación y he ido a donde apagó el móvil. No hay ni rastro.
—¿Crees que se ha encontrado con el exministro?
—Le ha pasado algo, estoy seguro.
Lola valoró las palabras de Capuchitas. Con lo insólita que estaba resultando esa investigación, daba credibilidad a su historia. Si bien la detención de Campos y Denzel Owens era un paso, aunque de dudosa eficacia, la supuesta desaparición de la restauradora le indicaba que no podía relajarse.
—¿Barray?
—¿Quién si no?
—Lo investigaremos. No lo dudes. Hablaré con la jueza y daremos orden de búsqueda.
—Yo también estoy asustado, no sabe de lo que es capaz esa gente.
—Puedes apostar a que lo sé.