No te fíes de ellos Capítulo 161
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Capítulo 161

La calle estaba acordonada por varios zetas y un par de ambulancias, que iluminaban los edificios con las luces de emergencia. Cada vez más vecinos se asomaban a las ventanas de las casas colindantes, inquietos por el trasiego de policías.

Los inspectores ya le habían leído sus derechos a Denzel Owens cuando lo metieron a empujones en uno de los vehículos uniformados.

Al tiempo, Lola bajaba por las escaleras abrazada a Manuela y respaldada por Etham Vance, que sangraba en abundancia por el labio, algo que no le preocupaba lo más mínimo.

Al pisar la acera, advirtieron que Campos continuaba tumbado en el suelo y esposado a la espalda.

—Te hemos esperado —explicó Fanjul.

—Levantadle.

Los compañeros lo hicieron sin miramientos. No iba a ser una noche fácil para el inspector. Lola soltó a su hija, que se quedó en un segundo término protegida por el estadounidense, y se acercó. Le vibraba el móvil, pero no le apetecía que la distrajesen.

—Sabemos que Denzel Owens te entregó un sobre hace unos días.

—Si ya lo sabéis…

—Pero nos falta la historia completa.

—No quiero ser cínico, Lola, pero como entenderás, no sé nada, soy de usar y tirar para ellos.

Una llamada amenazante, mucho dinero en juego.

Y no lo vas a poder demostrar. Y el chófer tampoco va a hablar.

Ya viste su historial, les debe la vida.

Les has hecho daño, más del que crees, confórmate con eso. Esa gente no se anda con tonterías .

—Tampoco nosotros —dijo.

—Vosotros sabréis. A mí ya me han jodido la vida. Quiero hacer una llamada y que venga mi abogado lo antes posible.

Lola asintió e hizo un gesto a Fanjul para que se lo llevaran. Antes de que lo introdujeran en el zeta, Campos se dirigió a la que todavía era su jefa.

—Me alegra que no le haya pasado nada —añadió en referencia a Manuela.

Lola no se aguantó y lanzó un certero puñetazo que le tumbó de nuevo en el suelo.

—Ahora ya os lo podéis llevar.

La inspectora no vio cómo lo levantaban y lo metían a trompicones en el zeta. Se había dado la vuelta y abrazaba a su hija, que sonreía, por fin.

—¡Vaya hostia le has calzado, mamá!

—Voy a ser tu ídolo al menos un par de semanas.

—¡Literal!

Ambas rieron. Y eso que la mano le dolía por el impacto.

El zumbido del móvil la había acompañado durante la intervención. Apretó a Manuela una última vez y decidió responder.

—¿Qué quieres, Capuchitas? —dijo tras alejarse del resto.

—¡¡Irene Llamas ha desaparecido!!