Capítulo 154
Irene, entre las sombras que creaban las farolas sobre las hojas de los árboles, buscó la manera de llegar hasta Max Utiel.
A unos metros, descubrió unas empinadas escaleras de piedra.
Alumbró el camino con el móvil y descendió lo más rápido que pudo sin resbalarse por el musgo.
Una vez abajo, dirigió la linterna hacia el lugar del que había provenido la voz.
—¿Ministro?
Una figura salió de la sombra y se acercó. No era Max Utiel, sino Michel Barray.
Irene lo miró desconcertada.
—El ministro no va a venir —dijo—. Te debo una explicación, ma chérie. Me gustaría que me acompañaras.