Capítulo 153
Fanjul le confirmó las sospechas; Campos había enviado un mensaje escondido en la cabina del baño. Para que no se comunicase más con quien fuera, Lola le pidió que condujese mientras ella se wasapeaba con Vance, a la vez que comprobaba el recorrido de Denzel Owens.
«Te sale la ubicación en tiempo real?», había escrito el estadounidense.
«Sin problema».
—¿No me dices adónde vamos? —Campos, inquieto, no le quitaba ojo a Lola.
—Gira a la derecha.
El inspector obedeció, aunque permitió que pasaran dos coches delante del suyo. El tráfico era denso y no daba la sensación de que tuviera prisa.
—¿Con quién te escribes?
—Con mi hija, mañana tiene un examen. —Le había cogido gusto a actuar—. Sigue recto.
Campos aminoró la marcha ante el semáforo que se ponía en ámbar.
—¡Sáltatelo, cojones!
El inspector, a disgusto, aceleró y lo cruzó justo al ponerse en rojo. El vehículo de la calle transversal, que ya arrancaba, les pitó.
—Písale un poquito, ¿no? —ordenó Lola, a la que le llegó un nuevo mensaje.
«Está cerca del barrio de Hortaleza», había escrito Vance.
«Ahí vivo yo».
«Lo sé» .
«Crees que va hacia mi casa?!!!».
…
El estadounidense tardó en contestar.
«Podría ser».
El semblante de Lola se descompuso y Campos lo percibió. Aunque no supiera lo que escribía su jefa, las circunstancias resultaban sospechosas: la salida del grupo sin tiempo que perder, el seguimiento sin más explicaciones y la reacción ante el último mensaje.
«Cómo estás de cerca?», preguntó la inspectora tras bajar la ventanilla. El ardor la invadía.
«A ocho minutos».
«Nosotros mucho más lejos. No llegaríamos a tiempo!!».
«Corremos!!», contestó Vance al percibir la preocupación de su interlocutora.
En el interior del Opel Corsa, los siguientes minutos se hicieron eternos. Con el piloto automático puesto, Lola continuó con las indicaciones. Ya no mantenía el tipo como antes, transmitía ira entremezclada con pánico a que le ocurriera algo a su hija.
—Intenté avisarte —dijo al fin el inspector, serio, sin quitar la vista de la calle por la que avanzaban.
—¡¿Cómo?!
—Esto nos queda grande.
«Se ha detenido a la puerta de tu casa», leyó el mensaje de Vance.
—Intenté avisarte y no me hiciste caso.
—¡Eres un hijo de puta! —gritó Lola mientras desenfundaba la pistola.