No te fíes de ellos Capítulo 145
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Capítulo 145

Etham Vance se había asegurado de que nadie lo seguía antes de acercarse al portal en el que vivía Lola con su hija.

No llamó al telefonillo, sino que entró con una llave maestra que se había agenciado.

Tampoco encendió la luz, le bastó con la linterna del móvil para subir por las escaleras.

Cuando fue a llamar a la puerta, esta se abrió.

La inspectora lo aguardaba impaciente y vestida de calle, a pesar de la hora.

—Desde la ventana he visto cómo aparcabas en la esquina.

A Vance no le hizo gracia.

—Espero que no me haya descubierto nadie más.

—No te seguían, tranquilo.

Ya en el vestíbulo, se despojó de la americana con dificultad.

—¿No te resulta incómodo ir tan apretado?

Con la mirada, Vance dejó claro que ni se lo había planteado.

—Anda, pasa.

Al llegar al salón, Manuela, en pijama, recogía el portátil y los restos de la cena para dejarlos a solas.

—Mi hija Manuela. Te daré su currículum, puede ser una gran espía —afirmó, irónica.

—No tienes gracia, mamá. Estás hecha una Karen, todo el día protestando —añadió con la intención de ofenderla.

Vance adelantó la mano para saludarla. Un gesto anticuado que Manuela evitó con la excusa de llevarla ocupada.

—Aunque te parezca que este tío te va a secuestrar en un callejón oscuro, te puedes fiar de él .

—Si tú lo dices.

Manuela se fue hacia la cocina, pero abandonó la bandeja que llevaba en la primera mesa que encontró por el camino. Lola lo vio de lejos y lo dejó estar mientras Vance tomaba asiento y curioseaba la casa. Los muebles le llamaban la atención.

—Ya sé que está un poco vieja —se justificó Lola—. Era de mi madre.

—Me encanta.

—No, si al final, nos vamos a enamorar.

—¿Al final?

Tras varios juegos de palabras en los que el estadounidense se movía con soltura a pesar del idioma, Lola le puso al día: el paripé de la residencia del embajador había tranquilizado a Campos, y le habló del contenido del chat recuperado del móvil de Emcy en el que la chantajeaban.

—¿Siguientes pasos? —preguntó la inspectora.

—Tenemos una pista sobre el chófer. Ya sabes que interceptamos conversaciones por satélite a base de palabras clave.

—Dicen que con ese programa nos ayudasteis a acabar con ETA.

—Parece mentira, se habla de muchas cosas, pero los móviles fueron esenciales.

—¿Y bien?

—Hemos localizado un teléfono que creemos que se corresponde con el de Denzel Owens. Aunque lo apaga y lo enciende constantemente.

—¿Y qué esperamos para detenerlo?

—El chófer es un mandao, como decís aquí. Tenemos que apuntar más alto. Veamos a quién nos lleva. Paciencia.

—No te pega.

Vance sonrió, seguro de sí mismo.

—¿Y esto lo hacéis a espaldas de las autoridades de tu país?

—Estos tipos tienen poder…

—La Corporación, los llamamos nosotros —aclaró Lola .

—No sabemos quiénes están detrás. Esa tal Corporación es poderosa, aunque no lo controla todo. El embajador tiene buenos amigos, el fiscal es de fiar, y podemos hacerles daño. Lo saben, por eso se pusieron nerviosos y contactaron con tu inspector.

—Probablemente antes de que hiciéramos la reconstrucción del Bernabéu.

—Por eso la propuso.

—¿Amenaza o soborno? —preguntó Lola.

—Con nosotros o contra nosotros, la historia de la humanidad se escribe así. Veremos si el chófer nos lleva a ese hombre que dices, Michel Barray, del que no tenemos constancia. Es como si no existiera. Debemos ser precavidos. Son gente peligrosa.

En ese momento, se oyeron unos pasos a la carrera por el pasillo y Manuela irrumpió en el salón, alterada. Su madre se asustó al verla llegar.

—¡Una canción!

—¿Qué? —preguntó Lola sin entender la intensa emoción de su hija.

—Están anunciando en redes que la discográfica ha encontrado un tema inédito de Emcy y que lo publicarán la semana que viene.

Lola y Vance se miraron. Todo iba muy deprisa. ¿El mundo había cambiado y la Corporación ya no tardaría años en sacar la obra?