Capítulo 143
Lola había solicitado que la nueva información que se extrajese del dispositivo de Emcy se la hicieran llegar sin pasar por su grupo. No mencionó a Campos para no levantar la liebre. El caso tenía repercusión en redes y la petición no despertó recelo en la brigada tecnológica.
En el recorrido hasta la UDEV había tranquilizado al inspector sobre el encuentro en la embajada.
No quería tirar la toalla, pero podían aflojar la dedicación al asesinato del Bernabéu.
En esos días, habían entrado un par de casos en los que centrarse.
Cuando Campos estuvo convencido, Lola se encerró en el despacho y pidió que no la molestaran, tenía que redactar el atestado final para la jueza, dijo.
A su ordenador, al que había cambiado la clave, le acababan de enviar el chat de la cantante recuperado de la aplicación Signal. Era un intercambio de mensajes con un representante de la supuesta Corporación. No se precisaba la identidad del remitente.
Aunque no era explícito, se deducía que le exigían una canción inédita para que la compartiera solo con ellos.
El chat se había prolongado de manera ocasional durante casi dos años, los previos a la reaparición en Madrid.
Emcy insinuaba que la habían chantajeado en ese tiempo y que ella no había cedido.
Hacía alusión a la época en la que estuvo internada en el centro de desintoxicación, también a los vídeos sexuales que contenía el teléfono y a la posterior persecución cada vez que salía a la calle.
No eran menciones obvias, pero Lola manejaba información adicional para interpretar las medias palabras .
Se entendía que Emcy estaba agotada pero no cedía, aunque en ocasiones perdía los nervios e insultaba. Se correspondían con la época del acoso y los seguimientos en coche.
En los últimos seis meses las amenazas encubiertas habían cambiado a un tono más cordial, y se convertían en propuestas.
Era como si el interlocutor fuera distinto.
Lola pensó que, quizá, había entrado en juego ese tal Barray, más inteligente y sutil.
Con fingida pero hábil empatía, le comentaba que era una lástima que no hiciera más giras, que era impresentable que la discográfica no confiara en ella.
Emcy entraba en el juego y reconocía que no podía vivir sin su público.
«Podemos hacer que vuelvas a los escenarios. Es una apuesta arriesgada, pero nosotros confiamos en ti», planteaba un mensaje.
«Daría lo que fuera por volver».
Tras ese reconocimiento, el chat estuvo dos días en silencio. Emcy llevaba meses en los que entrenaba y componía nuevos temas. Al ver cerca la oportunidad, insistía.
«Lo que fuera».
No había más intercambios, pero sí un vídeo en el que se hacía el tatuaje del halo solar. ¿Sería como sellar el pacto?
Lola abrió Internet y buscó en qué momento se había anunciado el regreso de Emcy a los escenarios. A los quince días de esa última súplica se publicó que reaparecería en Londres.
Unas semanas después, al cumplir veintisiete años, se cambiaría el concierto por el de Madrid, para que Juan Ariztimuño pudiera actuar y ella entrase en el fatídico club.
Lo demás, ya era historia de la música.