No te fíes de ellos Capítulo 138
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Capítulo 138

Lola tuvo que concienciarse para no darle dos hostias a Campos nada más cruzarse con él en la UDEV.

Primero, consideró la empatía; lo habrán chantajeado, sentirá miedo…

Por mucho que la menopausia le alterara las emociones, no resultó.

La rabia por la deslealtad fue más eficaz.

La manera más poderosa de hacer justicia o venganza, difícil distinguir, era manejar la situación con frialdad y astucia.

Tomarlo como un reto, ocultar su verdadero yo.

¿No había actuado de joven en un grupo de teatro? Sería capaz de disimular.

Antes de entrar en las oficinas recordó que la echaron porque solo sabía interpretar personajes viscerales y malhumorados. Tampoco iba a cambiar ahora, eso sí que resultaría sospechoso.

Respondió con un bufido a los buenos días del inspector y se sentaron frente a frente en el despacho, en el que les aguardaba el informe sobre Irene Llamas, que había confeccionado Fanjul.

Repasaron la biografía: treinta y siete años, de Madrid, familia de clase media, colegio concertado, unos años de baloncesto, estudios de restauración, másteres, parejas y amigos conocidos gracias a las redes sociales, datos de la seguridad social, publicaciones.

En un primer vistazo, no llamaba la atención más que por ser responsable y buena profesional.

—Demasiado perfecta —concluyó Lola.

—¿De verdad esta tía es el centro?

—¿Qué quieres decir?

—¿No estaremos haciendo un mundo de todo esto ?

Lola levantó la vista a la espera de una explicación.

—Vale, supongamos que unos empresarios encuentran el cuadro, o alguien se lo ofrece, y lo compran.

Piensan que puede ser auténtico y siguen el proceso que haría cualquiera: presentarlo al museo que más Goyas tiene en el mundo.

Es posible que hayan presionado al ministro, hay mucho dinero en juego.

Quizá Max Utiel dimitiera porque no lo veía claro.

Pero de ahí a deducir la conexión con el asesinato de Emcy por un tatuaje… No sé.

—¿Y cómo explicarías esa casualidad?

—La obsesión de un conspiranoico —sentenció con aplomo—. El sol es un símbolo muy habitual, puede significar la iluminación divina o la pureza, qué sé yo. Cualquier rollo esotérico. Mira.

Campos abrió el portátil y, tras teclear la contraseña, se lo ofreció a la inspectora.

—Fíjate. Javier Sierra.

—¿Javier Sierra, el escritor?

Lola cogió el ordenador y miró la pantalla, en la que aparecía la portada de Las puertas templarias , una representación gótica en la que cuatro figuras barbadas señalaban el bajorrelieve de un sol.

—¿Me quieres decir que Javier Sierra también pertenece al grupo de artistas chantajeados? —preguntó con mala leche.

—Vamos, Lola, sabes que no me refiero a eso —dijo mientras recuperaba el ordenador y hacía otra búsqueda: una mujer representada en un friso egipcio iluminada por unos rayos que semejaban a los tatuados en la piel de la víctima—.

¡Que es el sol, joder! No hay una sola civilización que no lo haya venerado.

En Grecia tenían un dios, un tal Helios.

Campos, según se explicaba, mostraba imágenes similares al sello.

—Una representación de Buda. Igual.

—¿Has hecho una búsqueda? Te has ganado el sueldo —dijo, irónica.

—¡Hay miles de ejemplos! En los calendarios aztecas, en los arcos de la mezquita de Córdoba.

Por no entrar en las representaciones de Cristo.

Desde el arte antiguo hasta las estampas actuales.

En los pasos de Semana Santa —dijo mostrando el Jesús Cautivo de Ayamonte—.

Y el de Santa Genoveva, María Santísima de la Amargura de Sevilla…

, incluso en mi ciudad, el Cristo de la Cofradía Penitencial de la Oración del Huerto. ¿Sigo?

Campos exponía sus ideas más combativo que de costumbre.

Lola se alegró de que se hubiera currado los argumentos para desincentivarla.

Se lo ponía más fácil. Hizo como si dudase, se levantó y se fue hasta la ventana para que no viese su expresión.

Tras contar los peatones que cruzaban el semáforo para hacer tiempo, se giró hacia el inspector.

—Está bien, te compro lo del tatuaje, pero no descartemos que haya cierta relación. Tenemos las coincidencias de Barray y del chófer, que no se nos olvide.

Campos vio una sombra de duda en Lola, que no era tan mala actriz como habían pensado los compañeros de instituto.