No te fíes de ellos Capítulo 136
79%

Capítulo 136

Lola había enviado un mensaje a medianoche a la jueza del caso, aunque no era lo común en la relación con los magistrados.

Y es que Manrique se implicaba tanto como ella y había respondido inmediatamente.

Al adelantarle los titulares por teléfono, la jueza prefirió continuar con la conversación en persona y le propuso que se vieran lo más pronto posible, no iba a dormir por la ansiedad de conocer los detalles.

De camino a la cita, escribió a Manuela, que estaba tranquila vapeando en el salón de casa mientras veía series. Otra vez burritos para cenar. Ya solo se comunicaba con ella a base de bizums.

En el coche, esta vez sí, se aseguró de que nadie la siguiera; en cada rotonda que se encontraba daba varios giros, de manera que un perseguidor no pudiera imitarla sin delatarse.

Llegó al barrio de Chamartín a la dirección que le habían mandado por WhatsApp pasada la una de la mañana.

Era una calle poco transitada de una zona residencial.

Al bajarse del coche, se topó con Manrique, que paseaba a su perro, un schnauzer entrado en años.

En realidad, lo había tenido que despertar y tiraba de la correa para que se moviera.

Se dieron la mano. Ambas mujeres se respetaban con anterioridad. Y más desde aquel momento.

—Sé que no es fácil aceptar lo que le he contado por teléfono, pero créame que esto es muy grande, e implica gente que no podemos imaginar.

La jueza asintió. Hacía frío para ser primavera y, con las prisas, no había bajado bien pertrechada.

—¿Quiere mi chupa? —propuso Lola al darse cuenta .

—Gracias, no es de mi estilo —respondió con sentido del humor—. En mi trabajo, la imagen es importante. ¿Y bien?

—Yo estoy dispuesta a seguir, pero necesito su apoyo.

—Lo tiene. Aunque debería poner los hechos en conocimiento del jefe de brigada para que avise a Asuntos Internos.

—Voy a retrasarlo un par de días, no sé de quién fiarme.

A la jueza Manrique no le gustó la idea, pero accedió.

—A partir de ahora debo llevar una doble investigación —explicó Lola—, por un lado, de cara a mi compañero; y a escondidas, la real.

—Entiendo que prefiere no detener al inspector Campos.

—Hay que aprovechar que al menos en esto vamos por delante. Nos servirá para mandar mensajes equívocos a la organización que esté detrás.

—La Corporación, me ha dicho que la llaman.

—Es un nombre de trabajo.

—Que ellos no saben, así que utilicémoslo.

—De acuerdo. Tampoco puedo hacer como si abandonase el tema porque Campos sospecharía.

—¿Tenía buena relación con él?

Le costó responder, lo había considerado algo similar a un discípulo, discreto e inteligente. Dos buenas cualidades para ser policía, pero también traidor.

—Estoy jodida —reconoció—. Al final, las filtraciones no provenían de su juzgado.

—No pienso relajarme. ¿Qué va a hacer con el chófer, ahora que conocemos la identidad?

—Denzel Owens… Lo voy a meter en el sistema de búsqueda sin comentarle nada a mi compañero.

—Es un tanto irregular, pero, dadas las circunstancias, adelante. Y ahora resulta que nos podemos fiar del señor Etham Vance.

—¿Quién lo habría dicho?

Habían llegado al jardín que rodeaba la puerta del edificio en el que vivía la jueza, y el perro tiraba para subir lo antes posible .

—Gracias por acercarse hasta aquí. Tenga cuidado —dijo Manrique, y se alejó hacia el inmueble.

La inspectora esperó a que se metiera en el portal, no pensaba descuidarse ni un segundo.