Capítulo 106
Lola no tenía el coño para ruidos y así se lo hizo saber a su asaltante inesperado, tan pronto como lo sacó de tres empujones a la zona de la taberna, sin gente durante el espectáculo. Nacho, poco acostumbrado a esos modales, no reaccionó.
—Vamos a dejar una cosa clara antes de que me digas una puta palabra —espetó mientras le quitaba la capucha para verle mejor la cara—. ¡¿Qué relación tienes con mi hija?!
—Ella contactó conmigo por redes.
Lola intuyó de quién se trataba.
—¿Eres Konspiranoic?
A Nacho le costó reconocerlo, pero asintió tras comprobar que estaban solos.
—Mi hija me habló de tu cuenta en X.
—Nadie sabe quién soy en realidad, y así debe seguir.
—Y así seguirá si no te detengo.
Nacho tragó saliva, cabrear a una madre con carácter era mala idea.
—Bien, ¿qué tienes que decirme?
—Mire, inspectora, he contactado con usted no solo por lo de su hija, sino también porque he comprobado que es de fiar.
—¿Has comprobado? —repitió Lola, desconfiada.
—He visto su expediente.
—¿Cómo?
—Eso da igual ahora.
—No, no da igual —dijo Lola, e invadió el espacio personal de Nacho, intimidatoria .
—Créame que vengo a contarle algo más importante que eso.
—Tenemos tiempo. Mi expediente.
—A ver…, hackear la web de Interior no es que sea muy complicado, la verdad. Es usted una buena policía, estoy seguro. Y no se achanta ante nadie, ni frente a sus superiores ni frente a los jueces.
Lola, a pesar del cabreo, agradeció las palabras sin que se notara.
—Muy bien, Capuchitas —dijo, hiriente—, y ahora que ya confiamos el uno en el otro, ¿qué me tenías que decir?
—No le va a gustar.
—Empieza.
Nacho repasó el discurso, la conversación era más abrupta de lo esperado.
—Usted investiga la muerte de Emcy y yo, por circunstancias que no vienen al caso, la aparición del nuevo cuadro de Goya. Desde hace tiempo observo que, periódicamente, surgen obras de arte de manera sospechosa que hacen ricos a los poseedores. Sé que le va a sonar conspiranoico…
—Ya estoy hecha a todo, Capuchitas. Sigue.
—Es como si hubiera una organización que chantajeara a los artistas desde hace siglos y obtuviera obras inéditas de ellos. Yo los llamo la Corporación.
En la cabeza de Lola emergió el chófer negro y los vídeos de la cantante en los que advertía de que la seguían. Empezaba a encajar.
—Me interesa —aclaró para que Nacho siguiera contando.
—Eso es lo que creo que pasó con el cuadro de Goya, que es auténtico, sin duda. Es posible que esa red de chantajes continúe en la actualidad y tenga relación con el asesinato de Emcy.
Lola asintió. El tipo sabía de lo que hablaba.
—Y ahora viene lo que no le va a gustar…
—Dispara.
—He visto las fotos de la autopsia.
Lola entendió de inmediato cuál había sido la fuente.
—¡Me cago en la puta calavera de mi hija !
—Por favor, no se enfade con ella. Gracias a eso, creo que le puedo dar una pista esencial.
—El que yo le arranque la cabeza a mi hija o no es asunto mío.
—Vale… Eh…, he visto los tatuajes de Emcy.
—Tenía muchos, sí.
—El del pubis.
—Una especie de sol, me acuerdo.
—Los restauradores del Prado han hecho radiografías al cuadro de Goya y tiene un sello oculto que es semejante. Es una especie de sol, como dice.
—¿El mismo símbolo? ¿Estás seguro?
Nacho lo tenía preparado en su teléfono y se lo enseñó.
—Mire. No puede ser casualidad, es un dibujo muy peculiar. Existe una conexión entre ambos casos.