No te fíes de ellos Capítulo 102
59%

Capítulo 102

Los inspectores, tras la reunión con la jueza, se dirigían en el Opel Corsa hacia la UDEV sin hablar entre ellos.

Lola bajó la ventanilla para refrescar el ambiente.

A Campos, acostumbrado ya a pasar frío, le costaban los largos silencios de la inspectora Baltanás, y dudaba de si sacar tema de conversación o no.

Por fin, se decidió.

—¿Qué tal crees que ha ido?

—¿Piensas que mal?

El policía, sentado en el asiento del copiloto, torció el gesto. No se esperaba que le devolviese la pregunta.

—¿Cuál era el objetivo principal de la reunión? —prosiguió Lola antes de que respondiese.

—Pues… que comprara tu teoría de la conspiración.

—Negativo. Veo que estás en primero de juez.

Campos se habría ofendido si el desplante fuera de un compañero cualquiera, pero era cierto que no se había visto en muchas ocasiones en un despacho como el de la jueza Manrique.

—Lo indispensable era que pidiese el nombre del chófer a las autoridades estadounidenses, que tratarán de identificarlo.

Eso está en marcha. Y ya veremos si toma en cuenta mi hipótesis.

De momento, me basta con que no la rechazara de plano.

La siguiente vez que se la comente con, espero, más pruebas —recalcó—, no le sorprenderá.

Hemos pasado a la siguiente pantalla, que dirían ahora los chavales.

—A ver si los de la brigada tecnológica extraen más datos del móvil de Emcy .

—Sería importante.

—Y no le has dicho nada sobre la cuenta de X que menciona la conexión con el cuadro de Goya. ¿Lo has descartado?

—Vayamos poco a poco, no quiero matarla de un infarto. A ver si averiguamos quién es ese tal Konspiranoic.

A Lola le sonó el teléfono, que tenía conectado con el manos libres. El ver el nombre de Manuela a una hora en la que no llamaba nunca la intranquilizó.

—¡¿Qué pasa?! —preguntó nada más descolgar—. Estoy en el coche con el altavoz puesto. No voy sola.

Esa afirmación produjo mutismo al otro lado de la línea.

—Pero puedes hablar —aclaró Lola, cada vez más inquieta.

—Necesito verte.

—¿Ha ocurrido algo?

—Nada grave, pero, a ver, en plan, tendríamos que vernos, si puedes.

Lola miró a Campos, que se mantenía todo lo inexpresivo de lo que era capaz.

—¿Estás en extraescolares?

—No.

—¡¿Y dónde coño estás?!

—En Pintor Rosales.

—¿Qué haces ahí?

—Ven y te explico.

—¡No, explícame ahora! —dijo tajante a la vez que desenchufaba el teléfono del sistema del coche para que Campos dejase de oír a su hija.

—El otro día… —comenzó Manuela.

—¡El otro día ¿qué?!

—La autopsia de Emcy estaba entre tus papeles.

Lola ya se lo imaginaba.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Te mando la localización de donde estoy. Te espero.

Y colgó. Lola no salía de su estupor .

—Me ha colgado. ¡¿Me ha colgado?!

Por WhatsApp le llegó un link con la ubicación. Lola, indignada, seleccionó la memoria correspondiente sin detener el coche y llamó, pero Manuela le colgó inmediatamente. Campos no se atrevía a preguntar qué había sucedido.

—¡No me jodas, la puta niña de los cojones! —dijo del tirón—. Bájate, por favor.

—Claro.

—No estás lejos de la UDEV. Mañana nos vemos.

Campos asintió sin rechistar, impresionado por lo que hubiera ocurrido con la adolescente.

Salió lo más veloz que pudo, al tiempo que Lola colocaba la sirena en el techo.

Ni un segundo después de que se cerrase la puerta, los neumáticos del Corsa chirriaron sobre el asfalto y la inspectora aceleró para abrirse hueco entre el tráfico.

—¡¡Joder!!