No te fíes de ellos Capítulo 97
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Capítulo 97

A última hora de la tarde, Lola caminaba con el inspector Campos hacia el despacho.

Venían de la brigada tecnológica, donde les habían entregado un pendrive con lo desentrañado del móvil de Emcy hasta ese momento.

Estaban ansiosos por analizar los documentos.

Les habían adelantado que tenía instalada la aplicación Signal, con fama de ser la mejor cifrada.

Con tan solo dos chats; uno de ellos borrado.

El otro se llamaba «Myself» y lo utilizaba para mandarse mensajes a sí misma.

Algo habitual también en WhatsApp. En ese guardaba diferentes versiones de la letra inédita que había cantado en la tumba de Morrison.

Variaban palabras, a veces estrofas. Y, de vez en cuando, mensajes obsesivos: «No quiero, no voy a ceder», «No quiero, no estoy en venta», «Ellos no ganarán».

Iban a intentar recuperar los de la otra conversación, aunque requería de equipos sofisticados, según les comentaron.

Al acercarse al despacho vieron la puerta entornada y luz en el interior. No es que fuera inusual, pero Lola tuvo un mal presentimiento. Aceleró el paso y, al cruzar el umbral, se topó con Etham Vance, que curioseaba documentos de la mesa.

—¡¿Qué haces?!

El miembro del FBI se giró sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento y sonrió como si nada sucediese. Dejó los folios que tenía en la mano sobre el escritorio.

—Ya los he fotografiado —respondió con ironía.

Lola recogió los papeles y se los encomendó a Campos para que los archivara en el destartalado clasificador que tenían en el rincón .

—¿Querías algo o venías a espiar?

—Creí que confiábamos el uno en el otro, ya sabes, you scratch my back, I'll scratch yours.

—¿Y?

—No me has dicho nada del móvil de Emcy.

—¿Qué te tendría que haber dicho?

—Que te lo dio la madre el otro día.

Lola le sostuvo la mirada, imperturbable. No habría estado en zonas en conflicto, pero tampoco la iba a doblegar, por muy miembro del FBI que fuera.

—Pensabas que no lo iba a averiguar.

—No lo dejes solo.

Lola hizo una señal a Campos, salió del despacho y llamó a la madre de Emcy, que le había dejado su número privado para mantener vivo el contacto.

—Saben que me dio el móvil —dijo tras saludarla.

—Se enteran de todo. Fui muy naif. Pero prefiero que lo tenga usted. No borré nadita.

Ambas sabían a qué se refería.

—Tengan mucho cuidado, por favor.

—Le aseguro que haré lo que esté en mi mano.

—¿Ya descubrieron algo?

—Es un proceso complejo. Hay archivos con contraseña. ¿No la sabrá?

—No, lo siento. Esos no los vi. Me imagino que habrá cosas que no me va a poder contar.

—Le contaré lo que crea que debe saber como madre. Su hija estaba muy nerviosa, pero no creo que estuviera loca. Ahora tengo que dejarla.

Destiny lo asumió y se despidió con serenidad mientras Lola entraba de nuevo en el despacho, en el que Vance aguardaba sentado sobre la mesa. Se percibía tirantez en el ambiente.

—No te apoyes mucho, no creo que aguante tu densidad de huesos .

Vance no captó el chiste, pero se irguió.

—¿Y bien?

—¿Quieres saber si he meado a gusto?

—Entre otras cosas. ¿Ves como no teníamos nosotros el teléfono?

—La jueza todavía no está informada del contenido. Tengo que hablar primero con ella.

—¡¿Me estás negando información?!

—No me levantes la voz —dijo Lola con dominio de la situación.

—¡No me lo puedo creer! ¡Esto puede ocasionar un incidente diplomático!

—Ni me amenaces.

Ambos policías se retaron. Campos no sabía dónde meterse. Pensó que tenía que madurar, él se habría amilanado frente al estadounidense.

—¿De verdad crees en las teorías conspiranoicas que le insinuaste el otro día a Destiny?

—¿Tú no?

—¡¿A quién le importa mi opinión?! Tenemos que aceptar nuestro papel en la historia, inspectora. Esto nos queda enorme a ti y a mí. No te hagas la valiente.

Vance le sostuvo la mirada unos instantes y salió dando un portazo.