Capítulo 86
Se llamaba Destiny.
Tenía talante joven a sus más de cincuenta años y, sin necesidad de ser experto en la materia, se adivinaban distintas operaciones en su cara.
Aun así, resultaba una mujer atractiva. Rubia platino, no vestía como una madre doliente: chaqueta roja, vestido ajustado con escote y plataformas.
Su mirada reflejaba una mezcla de angustia y furia.
Llevaba días sin conciliar el sueño y las ojeras, imposibles de maquillar, se derrumbaban por el rostro.
Recordaba a las cabareteras que tanto había amado Toulouse-Lautrec.
Cuando los inspectores Baltanás y Campos entraron con Etham Vance en el salón del piano de la residencia del embajador, la vieron de pie. Fumaba con la mirada perdida en el ventanal que daba a la piscina.
James Stein, con americana y pantalones blancos, se levantó para saludarlos, seco y educado. Nada más intuir la llegada de los españoles, Destiny se giró y caminó hacia ellos como si fuera a agredirlos, aunque se detuvo antes de hacerlo. Miró a Lola a los ojos. Entendió que ella era la jefa.
—Quiero que me devuelvan a mi baby —dijo en un español latino mal pronunciado.
—Siento lo ocurrido, señora —respondió Lola sin amilanarse.
Ambas mujeres, de edad similar y de aspecto diferente, se tantearon. «Está más menopáusica que yo», pensó la inspectora al comprobar los sudores de Destiny y cómo se abanicaba el cuello con la solapa de la chaqueta.
—No tienen humanidad. Me han hecho venir personalmente a buscarla.
—Ya le habrán indicado que la decisión corresponde a la jueza.
—¡Quiero verla ahorita!
—Para eso no creo que haya problema —contestó Lola—. Yo me encargo de gestionarlo.
Esas simples palabras relajaron a la madre, que pensaba que se lo prohibirían. Y es que el ser humano necesita ver para creer. Es un primer paso para aceptar un hecho tan trágico como la muerte de una hija.
El embajador se adelantó.
—Vance ya la ha puesto al día de cómo va la investigación.
—¿Por qué la mató? —preguntó la madre sin dejar de mirar a Lola.
—Es complicado saberlo. Tal vez le ofrecieron algo importante a cambio.
—¿Dinero?
—No creemos que fuera dinero, pero sí algo valioso para él.
—¿Y por eso mató a mi baby ?
A su pesar, las lágrimas asomaron a sus ojos. No era tan fuerte como pretendía demostrar. Lola tomó aire. Ninguna explicación la consolaría de su pérdida. Carla, la mujer de Ariztimuño, le vino a la mente.
Esperanza frente a desolación.
—Y la otra asesina se les escapó. Dammit!! —añadió la estadounidense—. ¡No saben hacer su trabajo!
Lola no pensaba replicar. Sin embargo, Campos no se resistió.
—¡Era imposible prever lo que pasó!
Solo entonces, Destiny se fijó en el inspector, que había levantado el tono.
—No tiene hijas, ¿verdad?
Campos negó con la cabeza. La mujer imponía.
—A ver, señora —dijo Lola para evitar el enfrentamiento con su compañero—, no sé qué le han contado …
—Me contaron lo que sucedió en el vestuario, la obsesión del tipejo, la huida de la fucking asesina…
—No le puedo ampliar mucho sobre una investigación en marcha, pero creemos que el fisioterapeuta no actuó en solitario. Tal vez hubiera una trama para asesinar a su hija.
—¿Una trama? ¿Qué es una trama?
—Una especie de conspiración, por decirlo de alguna manera, alguien poderoso que quisiera su desaparición.
Resultó evidente que a la madre no la habían informado al respecto. Vance y el embajador se miraron.
—No creo que tenga relevancia en estos momentos —dijo el miembro del FBI—. Si tienen datos nuevos, les ruego que los compartan primero conmigo.
—Hay muchas zonas grises en la parte estadounidense. La mánager se marchó sin que pudiéramos hablar con ella, y nadie sabe dónde está el móvil de Emcy.
—No creo que Adriana tenga que ver ni tantito. Llevaba años con mi hija. Es de confianza.
—No digo que haya sido ella, pero hay indicios que no encajan. ¿Se le ocurre alguien poderoso que pudiera querer la desaparición de Emcy?
La madre no reaccionó. Su cerebro trataba de asumir la información que le daba la inspectora sin bloquearse. ¿Una conspiración? ¿Por qué? ¿De quién? El embajador las interrumpió.
—Mi querida Destiny está muy afectada. El viaje ha sido largo y solo quiere ver a su niña una última vez. ¿Podría gestionarlo o prefiere que lo haga yo?