No te fíes de ellos Capítulo 84
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Capítulo 84

Le cogió el teléfono al primer timbrazo.

No se lo esperaba y le costó reaccionar.

Sola y sentada en el despacho, prefirió levantarse y pasear para dar la noticia.

Había tenido que comunicar otras similares, pero este caso la conmovía, no sabía si por el asesinato tan atípico de Ariztimuño, la enfermedad de la niña o por la puta menopausia.

Daba igual, no le quedaba más que encararlo.

—Gracias por llamar, inspectora, ya me han informado de lo ocurrido —dijo Carla.

—Perdone si no he podido contactar con usted antes, están siendo días complicados.

—Ya me imagino.

Lola se quedó en blanco. Había previsto la conversación con otra estructura. Carla se adelantó.

—¿Sufrió?

La inspectora no se esperaba una pregunta tan sensible.

—Dígame la verdad.

—Pues, con sinceridad, creo que no. Yo estuve con él hasta que llegó la ambulancia. Sé que es duro escucharlo, pero el fallecimiento por pérdida de sangre es dulce. Recuperó la consciencia en un momento y me dijo… —No pudo continuar, la congoja la dominó.

Su interlocutora se dio cuenta y también se emocionó.

—¿Qué le dijo? —repitió Carla con dulzura.

—Que les mandara un beso a usted y a su hija, especialmente a ella. Les pedía perdón.

Al otro lado del teléfono se oía el llanto contenido .

—Y añadió que había sido necesario —explicó Lola—. ¿Usted entiende qué quiso decir? —preguntó, ya recompuesta.

La contestación tardó unos segundos. La inspectora trató de imaginar dónde estaría Carla; en la habitación del hospital privado en Houston en compañía de su hija, ansiosas por el inicio del tratamiento.

—Era un buen hombre —dijo la madre—. Haría cualquier cosa por nuestra niña.

—Perdone que le pregunte, ¿cómo fue el proceso de admisión?

—Normal, rellenamos la solicitud para que estudiaran el caso.

—¿Por qué cree que las llamaron?

—Ya nos dijeron que si veían posibilidades de cura contactarían con nosotros.

Lola no necesitó preguntar más para convencerse de lo ocurrido. Comprendió que la madre probablemente no lo supiera.

—¿Qué tal la niña?

—Bien, ayer fue el primer día. Estamos muy esperanzadas.

—Me alegro mucho por ustedes. Si tuviera algo más que contarme, sabe mi teléfono.

Lola se despidió y colgó. Se acercó hasta la ventana y miró las calles de Madrid; la gente iba y venía ajena al sufrimiento del resto. Y mejor que fuese así.

¿Una vida por otra?, pensó. Bueno, en este caso, dos vidas: Ariztimuño y Emcy.

¿Qué no haría ella por salvar a Manuela?